entre el progreso y…

09/03/2009 § Deixe um comentário

Las críticas más ferinas al gobierno de Rafael Correa actualmente quien las hace es la izquierda. La misma izquierda que estuvo con el presidente en las elecciones del 2006 y que le respaldó en el referendo que ha aprobado la nueva Constitución, hace seis meses. También el movimiento indígena –que quizás no quepa en las clasificaciones políticas occidentales, pero que también fue un gran aliado del mandatario en los últimos comicios– le viene echando la bronca. [ver la conaie no está con correa]

A la vez, no se vislumbra una alternativa viable a Correa y su Revolución Ciudadana, ni a la izquierda, ahorita sin suficiente fuerza electoral o propuestas innovadoras, ni mucho menos a la derecha, en donde se ubican viejos conocidos y oligarcas de la política ecuatoriana. [ver equador, um novo passo]

Diego Delgado Jara se lanzó a la carrera presidencial por el MITS, el Movimiento de Integración y Transformación Social. Es quizás el único representante de una oposición popular, pero ni siquiera mantiene una página web sobre su candidatura. Dice que Alianza País no representa la alternativa latinoamericana, sino más bien “hace ciertas reformas secundarias y cosméticas para defender el sistema capitalista. Correa no es un reformador social, es un salvador del capitalismo”.

El análisis del candidato entra en sintonía con las palabras del economista Andrés Rosero, profesor de la Escuela Politécnica Nacional. Según él, Correa lo que está haciendo es reformar el modelo neoliberal para mantener el sistema capitalista tras surgir como opción a la profunda crisis de hegemonía que atravesaba el Ecuador a inicios del siglo.

Hay muchas dudas sobre para dónde la Revolución Ciudadana llevará el país. Una de las opciones que se presenta es la economía de sustitución de importaciones, con mayor presencia del estado, modelo que la Cepal cierta vez en los 1960 recetó a los países latinoamericanos como camino hacia el desarrollo.

Algunas medidas de Correa están de acuerdo con la idea. La elevación de los aranceles a la entrada de más de 300 productos importados, por ejemplo, vino junto con una amplia campaña publicitaria en la calle y los medios de comunicación para que los ecuatorianos prefieran comprar mercancías nacionales. El slogan “Primero Ecuador” está en todas las bolsas plásticas de los supermercados. Los productos del país ostentan en sus embalajes el sello “bien hecho en Ecuador”.

El gobierno también está más presente en el día a día de la economía, sobre todo en lo que se refiere a los procesos de revisión de los contractos de explotación del petróleo y la auditoría de la deuda externa. Indirectamente, su sombra se hace sentir también en la repartición de bonos para los más pobres, que no deja de ser dinero inyectado en los engranajes de compra y venta que mueven un sistema basado en el consumo.

Sin embargo, como bien observan Diego Delgado y Andrés Rosero, el presidente apenas revisó las concesiones –jamás pensó en acabar con ellas o modificar profundamente sus términos–. Eso en el sector petrolero, pero también en el minero. Cada uno de ellos trae consigo problemas sociales y ambientales que alejan el correísmo de una concepción popular de gobierno.

Quizás el ejemplo más significativo sea el Tratado de Libre Comercio que el Ecuador está negociando con la Unión Europea. La administración desea estar con todas los artículos del acuerdo listos para que sean firmados dentro de tres meses, como muy tarde en junio. Para tanto, están ya agendadas tres reuniones en Bruselas, Bogotá y Lima, una vez que Perú y Colombia también quieren acceder a y ser accedidos por el mercado común europeo. Las negociaciones en bloque entre la Comunidad Andina de Naciones y la UE fueron abandonada por todos. Cada uno quiere lo suyo.

En este punto Correa se aleja geopolíticamente de Chávez, Evo, Kirchner y Lula, sus supuestos compañeros de la izquierda latinoamericana, para acercarse a Uribe y García, hoy los mayores aliados de los EEUU en el subcontinente. Ello sin embargo de haber participado como invitado de la última cumbre de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) y haber demostrado simpatía por la creación de una moneda única para los países miembros, el sucre.

De hecho, Ecuador parece haber abierto las puertas para la inversión extranjera. Recientemente Correa recibió una comisión iraní interesada en inyectar sus ahorros en el negocio de la energía y minería en el país. Además, dos empresas chinas están disputando la construcción de la hidroeléctrica de Coca-Codo-Sinclair, en el norte del país. Deben financiar, con recursos de bancos de allá, el 85 por ciento del proyecto, que en total costará 2 mil millones de dólares.

La semana pasada el subsecretario de Minas viajó a Toronto ofrecer oportunidades de inversión para las mineras canadienses. La nueva Ley de Minería permite y promueve la actividad en escala industrial a los moldes que, desde los 1970, el país viene desarrollando con el petróleo: concesiones a empresas transnacionales. Aunque haya un sin número de críticas, alertas y, sobre todo, malos precedentes del modelo en el país.

Basta citar uno de ellos. La Texaco operó por 20 años en los yacimientos de la Amazonía ecuatoriana, de 1969 a 1989. Desde 1993 sufre en la justicia de EEUU y Ecuador un proceso –el más grande de la historia– por reparación de daños ambientales, sociales y a la salud de las poblaciones que viven en las regiones explotadas. La demanda está siendo movida por más de 30 mil indígenas y campesinos.

La indemnización puede llegar a 16 mil millones de dólares, aunque ningún valor financiero consiga pagar las vidas que se perdieron victimadas por el cáncer o las centenas de piscinas de desechos dejadas por la compañía en el medio de la selva y en la propiedad de los vecinos. Tampoco traerá de vuelta los tetetes, que originalmente vivían alrededor de los yacimientos y desaparecieron durante los años en que Texaco estuvo por allá.

Para la actividad minera en escala industrial que en breve debe tomar el país de asalto, las previsiones no son muy diferentes. Muchas de las concesiones están ubicadas en la Cordillera del Cóndor, que a la vez es una reserva natural donde viven especies únicas y hogar de 100 mil indígenas de la etnia shuar. Ellos no fueron consultados sobre la división de las tierras entre las mineradoras, aunque el Ecuador se defina como un estado plurinacional.

La Declaración de Ilaló, elaborada por representantes indígenas de los pueblos de la cuenca amazónica, en 2007 repudió “la entrega de la licencia ambiental dado por el gobierno del Ecuador a la empresa brasileña Petrobrás en el bloque 31, pues esta licencia significa proseguir el genocidio contra los pueblos”. Lo que pasa es que en la región de Yasuní, en donde opera Petrobrás, están los últimos pueblos en aislamiento voluntario en Ecuador, los tagaeri y taromenae.

A pesar de los pesares, a nadie se lo ocurre elegir otro presidente para Ecuador –entre los ocho que se presentaron para las elecciones del 26 de abril– que no sea Correa. Mismo con TLC, minería industrial, contaminación del medioamebiente, conflictos con los pueblos indígenas, multas electorales por mal uso de los medios gubernamentales de prestación de cuentas…

Quizás Correa esté poniendo sus fichas en la multipolaridad. Pero, ¿cuán mejor es estar dependiente del capital de muchas naciones si se continúa dependiente del capital internacional? ¿El capital europeo, chino, iraní o brasileño es más respetuoso a la sociedad ecuatoriana y al medio ambiente que el capital estadounidense?

Como los hechos citados hay muchos otros más. Petroecuador, que sustituyó a Texaco en la explotación de los yacimientos en la Amazonía, todavía tiene las mismas políticas de arrojar desechos a cielo abierto. Y el último 25 de febrero 14 mil barriles de crudo fueron derramados en la región de El Chaco debido al rompimiento de un oleoducto. Por lo menos 47 comunidades locales fueron dañadas en lo que se refiere a salud y medio ambiente.

Puede que las contradicciones internas del gobierno Correa y de los propios electores ecuatorianos sea la materialización de una de las más grandes e importantes cuestiones del mundo actual: el progreso. ¿Qué es? ¿Cómo es? ¿Para dónde nos puede llevar?

Veo que Ecuador está, más que nunca, delante de tales cuestiones. Y por desgracia no tiene muchas opciones de elección. O sí, porque la Declaración de Ilaló también dice que “en las naciones y pueblos indígenas de América Latina germina la semilla de una civilización alternativa para la humanidad”. (cc)

>> publicado en prensa de frente

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