“correa no es más de lo mismo”

27/03/2009 § Deixe um comentário

Francisco Hidalgo Flores es sociólogo, miembro del Sipae (Sistema de Investigación de la Problemática Agraria en el Ecuador) y editor de la Revista Espacios. En esta entrevista, defende que el gobierno de Rafael Correa, a pesar de todavía permanecer anclado a algunas prácticas desarrollistas, no es “más de lo mismo”.

El experto reconoce que el presidente podría haber ido mucho más allá en los cambios, pero, por circunstancias que pasan por la sostenibilidad de su proyecto para el país, la crisis financiera y la falta de ingresos para mantener los bonos solidarios, analiza que el correísmo ha eleigido el camino más fácil:

¿Cómo define usted al gobierno Correa?

Primero, hay que decir que el cambio que está haciendo Correa deja atrás una república oligárquica atrasada y avanza hacia una república moderna burguesa. En segundo lugar, por una serie de factores históricos, él llegó a sintetizar un proceso muy largo que arrancó el 1990 con el levantamiento indígena de la Conaie (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) y que marcó un muy interesante proceso de lucha anti oligárquica y anti neoliberal del movimiento popular en Ecuador. Y, tercero, que él nunca tuvo un programa de izquierda radical, pero sí de izquierda moderada. Eso hay que entenderlo.
En Ecuador estuvo vigente un pacto oligárquico a lo largo del siglo 20, que fue especialmente muy fuerte en los años 60 y 70. La estructura económica del país no se basó en una burguesía industrial –pongamos el ejemplo más claro en América Latina, la burguesía de Sao Paulo, muy fuerte y muy sostenida–. La industria nacional es relativamente pequeña y bastante subordinada a las transnacionales. Y la producción principal en Ecuador es el petróleo, al lado de la primarización agroexportadora, sobre todo del banano y camarones.
Sobre esa estructura oligárquica se monta la aplicación del modelo neoliberal, que aquí no implica ninguna modernización. Al contrario, desmonta lo poco que hubo de apoyo estatal a la industrialización y avanza hacia un modelo de liberalización oligárquica. El ejemplo más clásico va a ser la crisis del sistema bancario del año 1999, que luego da paso a la dolarización.
Las formas políticas son también oligárquicas. Los partidos no se consolidan como partidos ideológicos –eso está muy claro ahora con todo el derrumbe de la democracia cristiana– y tienen una estructura clientelar. Por alguna razón, el principal representante político de la derecha en los últimos diez años es Álvaro Noboa, el principal oligarca del país. Entonces lo que hace Correa es dejar atrás esa república oligárquica y avanzar hacia una república capitalista moderna que busca una industrialización, una sociedad civil, una nueva estructura legal.

¿Cuáles son los orígenes de esta república oligárquica?

Viene del viejo sistema hacendatario. La estructura económica del Ecuador fue hacendataria. No lo resuelve ni la revolución de independencia de España ni la revolución liberal. Luego las grandes plantaciones heredan esa estructura. El mejor ejemplo es otra vez Noboa. Su fortuna la hace su padre sobre la base de producción y exportación del banano, y éste sigue siendo todavía el principal proceso.
Eso le da a Correa una fuerza. Porque no es un cambio desde arriba, sino un cambio desde abajo. Nos recordemos del segundo elemento: en Ecuador hay un gran movimiento popular en los años 90 que no descansa, es muy persistente, bajo un programa anti oligárquico y anti neoliberal en el cual el pueblo indígena va a ser muy importante. El movimiento indígena conduce este proceso desde el 1990 hasta el 2003. ¿Qué pasa en el 2003? Gana un presidente –Lucio Gutiérrez– con apoyo del movimiento popular, particularmente del movimiento indígena. Pero él es un personaje que no comprende y no asume el momento histórico en el que se encuentra y desprestigia al movimiento indígena y popular clásico, que formaron parte de su gobierno. Entonces surge el movimiento, digamos, pequeño burgués, ciudadano, que es de donde emerge Correa. Él capitaliza este largo proceso de oposición popular, este programa anti neoliberal y anti oligárquico, pero por encima, más allá del movimiento popular que lo generó, y montado sobre un movimiento muy frágil que es el movimiento de los ciudadanos, bajo un programa ciudadano. No asoma como un gobernante de izquierda, sino que merece el apoyo de distintos sectores burgueses. Ha habido sectores de la burguesía que han apoyado Correa desde el inicio.
Tercer elemento: Correa no viene de una tradición de izquierdas, viene de una tradición académica. Casi no vive este proceso de cambio en los 1990, es joven, estudia en EEUU, luego en Bélgica… Tiene un discurso anti neoliberal pero no tiene una raíz anti neoliberal. Es un personaje inteligente, carismático, guapo, joven, aprende muy rápido, es muy sagaz en la política y además es un “mono serrano”, como decimos aquí: tiene algo de costeño y algo de serrano. Nace en Guayaquil, tiene esa desfachatez del costeño, pero tiene también ese rasgo intelectual que tanto gusta en la sierra. Entonces ese es el personaje que logra integrar electoralmente al país. Y eso obviamente va a jugar un importante papel en este liderazgo individual.
Ahora, sin lugar a dudas, ha hecho cosas importantes. La derecha política está absolutamente destrozada. Él ha contribuido de manera muy importante a ello. Ha orientado ciertas políticas que llegan directamente al beneficio popular, con los bonos. Se ha peleado de alguna manera con EEUU. No es poco haber expulsado a quien manejaba la oficina de la CIA en Ecuador. Y ha apretado algunas tuercas a ciertas transnacionales y a algunos sectores oligárquicos. Se mueve en un equilibrio político. A veces da a unos, a veces da a otros. Pero marca, sin lugar a dudas, este proceso de cambio del Ecuador actual.

¿Geopolíticamente, en América Latina, a quién estaría más cerca Correa ahora mismo?

Creo que está más cerca de Lula que a Chávez. Creo que hay algunas similitudes con Brasil, guardando las distancias de la enormidad de Brasil… En Brasil hay también un movimiento social muy grande, muy diverso, muy rico, que presionó por al acceso de Lula al gobierno, pero a lo cual Lula, desde el gobierno, no responde a sus demandas. En algunas cosas sí, en otras no, más no que sí. Y Lula es un proceso, me parece, también de modernización en Brasil, pero no de revolución. Así que se parece más a Lula que a Chávez, en el fondo. Pero es un personaje muy hábil. Creo que él está muy conciente de que hay un movimiento internacional en el que la unipolaridad de EEUU –su hegemonía única– se desmorona y vamos hacia un mundo multipolar. Y Correa apuesta en una regionalización del sur. Una de sus apuestas más importantes está en la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas), en el Banco del Sur y en esta coalición de fuerzas de defensa del sur.

También ha buscado inversión extranjera de otros países, ¿no? Han llegado propuestas de China, de Irán… ¿Qué quiere con eso?

Correa es conciente y no se come el cuento de una obsecuencia total, una sujeción total a EEUU. Y obviamente las transnacionales gringas tienen ahora menos dinero para invertir en otros países. Él ha recuperado una “política de país”, de negociación a nivel internacional. Pero creo que en la esencia lo que quiere es avanzar en la regionalización. Correa necesita de una moneda común del sur para poder sustituir la dolarización por una moneda fuerte y regional. Eso es crucial para el Ecuador, porque una desdolarización reluce como inevitable en el actual momento internacional y arrastraría consigo la gobernabilidad si acatada por él. Entonces él necesita salir del dólar o sustituirlo con algo, que sería una moneda del sur. Eso es crucial tanto para su proyecto político como para la economía del país.

¿Usted ve algunas contradicciones ideológicas en el gobierno Correa? Hago la pregunta pensando en el tratado de libre comercio con la Unión Europea…

Hay una contradicción entre la tendencia en la cual se embarca –y que le coloca en el gobierno– y lo que él a veces hace en el gobierno. No es que él se traiciona. Creo que sigue claramente el proyecto de modernización del capitalismo, digamos, que no está arrodillado a EEUU y que apuesta en la integración regional. En ese escenario, él no se traiciona a sí mismo, pero sí traiciona el aspecto más profundo, más radical del programa anti neoliberal y anti oligárquico. Porque Correa tiene una visión productivista. El otro elemento es que hay una constitución muy buena en Ecuador, que está por encima de Correa. Nuestra constitución es un producto nacional, o sea, obedece a los puntos más altos de la lucha social. Y es en eso que Correa entra en contradicción, cuando elige el modelo del progresismo extractivista. Porque él está apostando en un desarrollo de la minería, del petróleo, de los biocombustibles, de la agroempresa. Para él, ahí está el motor para el desarrollo.

La constitución garantiza derechos a la naturaleza, pero la explotación de la minería y del petróleo tiene un histórico serio de impactos socio ambientales, sobre todo en la Amazonía. Y la constitución fue impulsada por el gobierno Correa. ¿Cómo se da eso?

Es que Correa no es quien redacta la constitución. En última instancia el autor de la constitución fue el que fue su presidente, Alberto Acosta. Por eso es tan importante seguir el debate entre Acosta y Correa. ¿Por qué se distancian? La razón es el modelo de desarrollo. Acosta dice: vamos a una industrialización y, con ella, se generará nuevo valor, el valor agregado, sobre procesos de regionalización y descentralización y con el apoyo a economías populares y todo que eso implica. Ese es el modelo de desarrollo social y solidario. La riqueza del Ecuador no está en la naturaleza, sino en la industrialización. Ese es un tema. El otro es la democracia. No solamente el proceso tiene que decir que es democrático, sino que cada cosa que haga tiene que ser democrática, buscar consenso, suscitar debate, buscar participación. Correa dice que es un absurdo que, siendo el Ecuador un país con tantas riquezas naturales, no las explote. Además está pensando en una gobernabilidad política basada en subsidios más que en organización. Él no tiene una estructura organizativa, no la ha construido. Esta es una diferencia fuerte con Lula y con el PT. Aquí no hay una base social con estructura. Es un problema bastante complejo y eso lo sabe él. Correa sabe que un proceso de desarrollo que respete la naturaleza, que no explote el petróleo o la minería tiene impactos políticos que pueden poner en riesgo su estabilidad. Y él no quiere correr riesgos. Entonces es más fácil abrir las puertas para las transnacionales y explotar petróleo, explotar minería, y de ahí sacar la plata para poder sostener esta política de subsidios.
La constitución está por encima de Correa, le rebasa, le supera, recoge lo mejor del proceso histórico del Ecuador – es decir, el buen vivir, la plurinacionalidad, los derechos de la naturaleza, la economía social y solidaria, la economía popular, la soberanía alimentaria, que es lo mejor que tiene la constitución, que es parte de un proceso histórico, lo recoge, lo asume, lo lleva a su punto más alto. Pero no nos olvidemos de que Correa se desarrolla sobre la base del desprestigio que tiene el movimiento popular –particularmente el movimiento indígena– después de su participación en el gobierno de Gutiérrez. Eso es crucial. Porque el portador de todo eso, durante este largo periodo, va a ser el movimiento indígena. Pero, debilitado éste, fracturado, se vuelve el movimiento indígena una referencia folclórica mucho más que una referencia política.

La constitución está por encima de Correa, claro, pero ¿qué pasa con una Ley de Minería que entra en contradicción con el texto constitucional?

Claro, ahí viene el problema de los límites que tiene las leyes. La constitución está arriba de Correa – porque es la imagen del proceso histórico que tenemos en este momento – pero su aplicación implicaría en una revolución muy profunda, que implica costos políticos. Frente a ese desafío, Correa se queda en lo suyo, en lo que está, impone este nivel. Claro, entra en contradicción con la constitución, ésta es su principal contradicción: la contradicción con el sentido histórico, con las banderas y con el programa máximo. Ahí puede estar su debilidad en el momento en que el conjunto de los movimientos sociales y populares asuma esta constitución. Porque una cosa es votar por la constitución y otra cosa es luchar por defenderla. Lo segundo implica un proceso de conscientización bastante más complejo.

¿Qué le falta para un cambio más profundo?

Asumir realmente un modelo de desarrollo social y solidario. O sea, realmente construir un modelo apoyado en economías populares, que el estado apueste en las economías populares.

¿Cómo eso puede ser construido en la práctica?

Por ejemplo, en el tema que más manejo, soberanía alimentaria, el estado puede implementar políticas efectivas de apoyo a agriculturas campesinas para la producción alimentaria. O construir las leyes con participación y no entre cuatro expertos. Es decir, buscar un acuerdo nacional para las leyes de minería, tierra y aguas… El otro tema era democracia, en el debate con Acosta. Correa dijo recién en una de sus cadenas sabatinas, él dijo: no soy presidente de la república, soy presidente del congreso, de la función judicial, de las superintendencias… No puede pasar nada en el país sin que yo tenga una voz de decisión. Tiene una posición muy centralista, muy vertical, no participativa.

¿Su base social es construida por políticas asistencialistas, pues?

Sí, necesita 7 mil millones de dólares al año. Eso le daba el petróleo a 160 dólares, pero un barril a 40 o a 30 dólares no le da. La caída del petróleo también es una presión política desde las grandes transnacionales contra los gobiernos estatistas, sobre todo cuando se piensa en Chávez o Irán, no tanto en Ecuador. Ese modelo de gobernabilidad política requiere ingresos altos y eso no le puede dar una economía social y solidaria. Es uno de los grandes debates actuales, sobre la modernidad (¿?) y el progreso. La famosa metáfora de Walter Benjamín: si vas a hacer progreso, te destruyes. Ese es el debate que está presente en el Ecuador. Correa es el ángel de la historia que avanza hacia la destrucción, a nombre de la historia.
Pero Correa no es más de lo mismo. Eso es falso. Correa no es neoliberal, eso no es cierto. Aunque tenga rasgos neoliberales. Es un proyecto de extractivismo con un mercado nacional y con un proceso de regionalización del sur. ((i))

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