los caminos que llevan a la asamblea

22/04/2009 § Deixe um comentário

Todo indica que Rafael Correa retendrá la presidencia ecuatoriana este domingo, pero puede que no sea suficiente para sus proyectos. Depende de una mayoría en el parlamento para dar continuidad a la “Revolución Ciudadana” que pretende llevar a cabo desde el gobierno. El reto: transferir su arrastre popular a su partido político Alianza País, que puede quedar en minoría.

>> publicado en terra magazine

Un tema preocupa el futuro político del presidente ecuatoriano Rafael Correa. Y no se trata de su reelección. Ésta parece estar garantizada por las previsiones de todas las encuestas realizadas en el país, unánimes en señalar la victoria del actual mandatario ya en la primera vuelta. Ni la oposición tiene dudas sobre su permanencia en el puesto. Tanto que los comicios del domingo 26 de abril podrían ser los más aburridos de la historia del Ecuador si no fuera por la indefinición que flota sobre la futura configuración de la Asamblea Nacional, justamente el tema de preocupación de Correa.

En 2006, el economista Rafael Correa fue elegido sin que su partido “Alianza País” presentara candidatos al congreso. Su discurso en aquellos días buscaba deslegitimar al ya desacreditado sistema político ecuatoriano definiéndolo como una “partidocracia”: una rígida composición de estructuras partidarias que administraba el país y legislaba de manera autista, en beneficio de sus propios grupos de poder y de espaldas para el pueblo.

Ahora, sin embargo, el presidente necesita de los asambleístas. Cuando ganó por primera vez, el momento político del Ecuador permitía la existencia de un gobierno sin partidarios en el parlamento. El país salía de un ciclo de inestabilidad institucional que había derrumbado a tres presidentes en poco más de ocho años. Entre 1996 y 2005, seis gobiernos diferentes pasaron por el Palacio de Carondelet, en Quito. Ninguno pudo mitigar el descontento popular con sus líderes. Correa sí.

Su principal propuesta fue convocar una Asamblea Constituyente. La nueva Carta serviría de trampolín para el “cambio” exigido por la población y prometido por el joven y sonriente economista que se presentaba como candidato.

Constitución a las apuradas

Correa fue el primer de muchos presidentes ecuatorianos a respetar el programa de gobierno presentado durante los comicios. Como resultado, Alianza País, que había salido de las elecciones del 2006 sin ningún representante en el parlamento, al año siguiente dominó la Asamblea Constituyente con 70 de los 130 escaños disponibles. El mandatario pudo, así, escribir la Constitución que había planeado y someterla a un referéndum popular que en septiembre del 2008, que ganó con una amplia ventaja.

La facilidad con que el gobierno ha aprobado algunos de los artículos más polémicos del texto constitucional, sin embargo, ha originado divergencias de orden práctico e ideológico que a lo largo del tiempo fueron reproduciéndose en el seno de la base gobiernista.

El cerebro que condujo la elaboración de la nueva Carta, por ejemplo, ha abandonado los trabajos en el medio del camino. Alberto Acosta dice que la razón de su renuncia fue el apuro del gobierno en presentar la nueva Constitución dentro del plazo establecido. El “atropello” habría impedido la ampliación del debate junto a los diversos sectores de la sociedad ecuatoriana y bloqueado la construcción de lo que Acosta llama “grandes consensos nacionales”. Además -garantiza el ex presidente de la Constituyente- ha provocado errores e imprecisiones en la redacción final del texto.

“Rafael Correa y Alianza País evaluaron que el retraso en la aprobación de la Constitución podría perjudicar el desempeño electoral del gobierno en la consulta popular. Hubo mucha presión para que los trabajos se concluyeran en la fecha prevista, mismo que muchos de los artículos fueran aprobados sin la debida discusión”, le dijo Acosta a Terra Magazine.

Desbandada

A pesar de la simpatía que ha adquirido junto al electorado ecuatoriano, Alberto Acosta no se presentó como candidato para ninguna de las dignidades que se disputan este domingo. No es el único. Alrededor de 40 políticos que defendieron el proyecto de Alianza País en a Asamblea Constituyente o abdicaron de los comicios o se postularon por otras listas. Más que nada, algunos partidos y movimientos sociales también dejaron de apoyar al presidente.

La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) es uno de los ex aliados de Correa. Para la Conaie, el colmo que desbordó el vaso de la conveniencia política fue la aprobación de la Ley de Minería el último enero. La más grande organización popular del país no aceptó que el gobierno liberara el suelo ecuatoriano para la extracción de oro, plata y cobre en escala industrial por empresas transnacionales.

Previendo graves daños ambientales a reservas naturales y territorios ancestrales, los indígenas protestaron. Su bandera fue la misma Constitución escrita y aprobada con el auspicio del gobierno, que entre otras cosas establece los derechos de la naturaleza, considera el agua como derecho fundamental del hombre y funda un estado plurinacional.

Rafael Correa respondió las protestas con la arrogancia que tanto se critica en su personalidad. Descalificó los indígenas como “izquierdistas infantiles” y los ambientalistas como “fundamentalistas ecológicos”.

“Se habla mucho en socialismo y revolución, pero cuando no estamos de acuerdo con alguna cosa, él directamente nos ofende y amenaza sofocar nuestras manifestaciones con el empleo de las Fuerzas Armadas. Éste no es el sentimiento de un gobierno del pueblo” argumenta Miguel Guatemal, vicepresidente de la Conaie.

Disolución de parlamento

Empero, los mismos sondeos que demuestran el favoritismo de Rafael Correa para la presidencia también revelan que Alianza País tendrá prácticamente mitad de los escaños en la Asamblea Nacional, o sea, 58 de los 118 curules en juego. Es mucho, pero no lo suficiente.

De acuerdo con las mismas encuestas, las segundas y terceras fuerzas políticas del parlamento serán el Partido Sociedad Patriótica (PSP) y el Partido de Renovación Institucional Acción Nacional (Prian). Son justamente las agremiaciones del segundo y tercero colocados en la carrera presidencial: Lucio Gutiérrez, ex presidente derrumbado en 2005, y Álvaro Noboa, magnate bananero que intenta por cuarta vez alzarse al poder.

Ambos grupos comparten una misma ideología neoliberal y la oposición al correísmo. En este punto coinciden con otros partidos de menor expresión electoral, como el Social Cristiano y el Demócrata Cristiano. Se ubican a la derecha del gobierno y no dudarán en cerrar sus filas contra los proyectos que Correa enviará a la Asamblea para “profundizar el cambio”. Entre ellos, está una Ley Antimonopolios que debe reducir el poder económico de grandes empresarios del país.

Tal vez por ello existan rumores de que el presidente disolverá el parlamento y convocará nuevos comicios si no logra la mayoría necesaria para dar continuidad a su proyecto de gobierno. Correa apuesta en una Asamblea afinada con la Revolución Ciudadana para impulsar “las reformas que faltan”, pero niega cualquier intención de deslegitimar las elecciones del pueblo. Si piensa o no piensa hacerlo, hay que tener en cuenta que la Constitución no lo impide.

Transfiriendo la imágen

El sociólogo Milton Benítez, de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, piensa que difícilmente Alianza País saldrá derrotada de las elecciones para la Asamblea Nacional. Si la oposición triunfa, empero, el académico solamente ve una salida para Correa: volver a las raíces populares que su gobierno perdió a lo largo de estos dos años de mandato.

“Cualquier desempeño más tímido de Alianza País sería bueno para el proceso que vive el Ecuador hoy día, porque el gobierno tendría obligatoriamente que desplazarse un poco más a la izquierda”, dice.

De momento, Correa trata de pasar su exitosa imagen a todos los candidatos que postula Alianza País para estos comicios. Desde el comienzo de la campaña, en todos los cantones del país, se pueden ver pancartas del presidente abrazado a cada aspirante a concejal, asambleísta, alcalde y prefecto. Su característica sonrisa es una constante.

Si el mercadeo consigue la eficacia que de él se espera, la Revolución Ciudadana avanzará en el ritmo que desea el presidente, salvo los obstáculos que derivados de la crisis económica en el medio del camino. Entonces será el tiempo de discutir la intensidad de los cambios que continuarán llegando y para dónde ellos llevarán el país: ¿socialismo del siglo XXI? ¿neoliberalismo con rostro humano? ¿socialdemocracia? ¿desarrollismo? Hasta la fecha nadie -con la excepción de Rafael Correa- sabe con exactitud. (c)

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