una huella verde sobre el petróleo

30/05/2009 § 1 comentário

Ecuador finaliza propuesta para dejar bajo tierra cerca de 850 millones de barriles de petróleo descubiertos en la Amazonía a cambio de negociar en el mercado internacional de carbono las emisiones de CO2 que serán evitadas

>> publicado en terra magazine

Cuando la iniciativa de mantener bajo tierra el petróleo del Parque Nacional del Yasuní fue anunciada por primera vez, en junio de 2007, Rafael Correa llevaba menos de tres meses como presidente del Ecuador. En ese entonces, dejar de explotar el crudo descubierto en el campo Ishpingo-Tambococha-Tiputini (ITT) era solamente una intención.

Este sábado, empero, el mandatario anuncia en su cadena radial la propuesta definitiva que desde entonces viene siendo elaborada dentro del Consejo Administrativo y Directivo de la Iniciativa Yasuní-ITT.

El proyecto utiliza un cálculo bastante sencillo. Debajo de este rincón amazónico de aproximadamente un millón de hectáreas yacen por lo menos 850 millones de barriles de petróleo. El monto representa el 20 por ciento de toda la reserva conocida del país.

Lo que propone el gobierno es mantener los yacimientos como están, intocados, a cambio de una compensación financiera que corresponda a por lo menos mitad de los rendimientos que podrían ser obtenidos con la extracción y venta del crudo.

Cálculos

Las utilidades que el país recibiría por la explotación -con los precios del barril alrededor de los 54 dólares- alcanzarían los 6.000 millones de dólares en diez años. Para preservar la selva, por lo tanto, el gobierno espera que la comunidad internacional revierta al Ecuador un mínimo anual de 300 millones de dólares por igual periodo.

No se trata de filantropía. Según los cálculos del proyecto, dejar el petróleo del Yasuní-ITT bajo tierra significa evitar la emisión de 410 millones de toneladas métricas de CO2 a la atmósfera, cantidad equivalente a todas las emisiones de gases de efecto invernadero realizadas por países como Brasil o Francia durante un año y medio.

La intención del gobierno ecuatoriano es negociar estas “emisiones evitadas” en el mercado internacional de carbono, conocido como ETS (Emission Trading System). El mecanismo está previsto en el Protocolo de Kyoto, acuerdo ratificado por todos los países del mundo -con la excepción de los EEUU- para reducir la contaminación por combustibles fósiles. El objetivo del tratado es que en 2012 las emisiones de gases de efecto invernadero sean un 12 por ciento más bajos que las de 1990.

Novedad

Kyoto prevé apoyo financiero a una serie de proyectos de desarrollo limpio en países del tercer mundo, como el desarrollo de fuentes de energía renovable y otros mecanismos que contribuyan para la reducción de las emisiones de CO2. Sin embargo, todavía no contempla iniciativas como la ecuatoriana, que se rehúsa a explotar reservas de petróleo, gas o carbón.

La tarea del gobierno de Rafael Correa será convencerle a la comunidad internacional a aceptar la Iniciativa Yasuní-ITT como un plan piloto que pueda ser incluido en el mercado internacional de carbono.

Así, los derechos de emisión adquiridos por Ecuador al no prospectar los yacimientos amazónicos podrían ser negociados con empresas que necesiten ajustar sus niveles de contaminación. Con ello, el país cumpliría con sus necesidades presupuestarias y el parque -considerado patrimonio universal de la biosfera por la UNESCO- estaría salvo de la actividad petrolera.

Apoyo

“Hay cinco premios Nóbel que apoyan al proyecto. Además, contamos con el respaldo del gobierno de Alemania y de todos los partidos políticos representados en el Parlamento alemán”, explica Carlos Larrea Maldonado, asesor técnico de la Iniciativa Yasuní-ITT. “Tenemos también el apoyo de la Unión Europea, de 40 parlamentarios británicos, del municipio de Madrid y de Roma y muchas ONGs en todo el mundo.”

Larrea estuvo reunido con el presidente Rafael Correa esta semana para presentar la propuesta que ahora se encaminará a los países europeos. El experto en políticas del desarrollo dice que el mandatario no sólo aprueba el plan como lo considera “uno de los pilares de su gobierno”.

Más que combatir el cambio climático, la Iniciativa Yasuní-ITT pretende impulsar la transición del modelo de desarrollo del Ecuador, actualmente basado en la extracción de petróleo, a una nueva estrategia equitativa y sustentable.

En la entrevista que sigue, Carlos Larrea explica cómo y por qué el modelo puede y debe ser adoptado por otros países del tercer mundo que deseen mantener sus reservas hidrocarburíferas indefinidamente intocadas a nombre de la preservación ambiental y de la biodiversidad.

¿Por qué dejar de explotar el petróleo del Yasuní-ITT?

Ecuador se ha transformado en un país exportador de petróleo en 1972. Esto no nos ha conducido al desarrollo y, además, creó una gran cantidad de problemas económicos y sociales. A diferencia de otros países, Ecuador no explota petróleo en un desierto, sino en la selva amazónica. El Parque Nacional de Yasuní es considerado una de las áreas de mayor diversidad del mundo. En una hectárea del Yasuní pueden encontrarse 100 mil especies de insectos y 618 especies de árboles y arbustos, que es más que las que existen en EEUU y en Canadá juntos. Otro punto importante es que dentro del parque sobreviven dos grupos indígenas no contactados, los tagaeri y taromenani, que han rehusado voluntariamente el contacto con la civilización occidental.

¿Cuáles son los objetivos de la propuesta?

Hay cuatro objetivos principales. La primera es mitigar el cambio climático. Al no sacar el petróleo, dejaría de quemarse toda la reserva del parque. El segundo objetivo es preservar la biodiversidad y todas las especies que podrían extinguirse debido a la actividad petrolera, por más limpia que sea. La idea no es solamente conservar el parque, sino ejecutar un plan en el cual todas las áreas protegidas del Ecuador pasan a un estado de conservación adecuado, con programas de deforestación evitada y reforestación. El tercer objetivo es promocionar un cambio en la oferta y demanda de energía en el Ecuador de tal manera que comencemos a ser una economía más sustentable. Queremos desarrollar la hidroelectricidad, energía geotérmica -nuestro potencial es muy alto porque tenemos la Cordillera de los Andes, somos un país volcánico-, energía eólica y solar. Finalmente, el otro objetivo es el desarrollo social en las áreas de influencia del proyecto, que va a evitar que la gente comience a destruir la selva para sobrevivir.

¿Cómo el fondo será administrado?

El fondo no llegará a Ecuador directamente, sino que va a formar parte de lo que se llama técnicamente fideicomiso internacional. O sea, va a ser administrado por un organismo internacional. No sabemos exactamente cuál organismo lo va a hacer, pero el mecanismo ya está constituido en Ecuador. El compromiso de este organismo es no gastar el capital, mantenerlo como una reserva permanente. Los intereses se invertirían en los fines ya mencionados, y el capital se invertiría en proyectos hidroeléctricos y de infraestructura en todo el país.

¿Cómo funciona la mecánica financiera que lo va a permitir?

Con el Protocolo de Kyoto, todo agente económico que vaya a contaminar tendrá que comprar permisos de contaminación. Estos permisos se subastan, los vende el estado. Si una empresa excede su permiso de emisión, tiene que comprar en el mercado nuevos permisos. De otra manera, tiene que pagar unas multas que son sumamente grandes. La idea es que nuestros aportes sean reconocidos en este mercado. Actualmente el mercado internacional de carbono no puede comprar estos derechos porque no existen estos mecanismos. Lo que queremos es que Europa establezca esto como un dispositivo posible que incluya a Ecuador y a otros países que puedan hacer lo mismo.

¿Qué haría con que las empresas apoyaran al proyecto?

Las empresas simplemente son empresas que compran estos certificados cuando los necesitan. Lo importante no es tanto las empresas, sino que los estados acepten que este tipo de certificado pueda ser utilizado en el mercado. Lo que planteamos, pues, es que los gobiernos de los países europeos acepten este mecanismo como un mecanismo nuevo. Si lo aceptan, entonces entran en el mercado. Así, si una empresa española, por ejemplo, necesita justificar sus emisiones comprando un certificado, puede comprar el certificado ecuatoriano como comprara un certificado del gobierno español.

¿En qué medida la Iniciativa Yasuní-ITT contribuye para el cambio en el modelo de desarrollo en el Ecuador?

La iniciativa permite que el Ecuador tenga recursos suficientes para abandonar el modelo extractivista. Esto no es una opción para el Ecuador, es una necesidad. A diferencia de Venezuela, Ecuador no es un país petrolero. Los yacimientos que tiene el Ecuador como reserva no durarán más de 20 años. Tal vez 25 ó 30. Ahora el petróleo representa casi la mitad de las exportaciones del país. Entonces, el Ecuador necesita un cambio. Todo país debe desarrollar su posición en el mundo de acuerdo con sus ventajas comparativas. Las nuestras son la biodiversidad y la enorme riqueza natural y cultural. Hay muchos países en el mundo que lo han hecho mucho mejor que Ecuador, por ejemplo, Costa Rica. Es un país con menor biodiversidad, que no tiene las Islas Galápagos, no tiene nuestra herencia histórica y no tiene la Cordillera de los Andes, pero ha desarrollado el ecoturismo de manera extraordinaria. Queremos que en el futuro el Ecuador sea un país que pueda proporcionar condiciones de vida adecuadas a su población sin necesidad de excluir la naturaleza.

¿Cómo la iniciativa puede ayudar a empatar la necesidad de desarrollo de los países más pobres y el combate a la pobreza con la necesidad de preservar el medio ambiente?

Lo fundamental es educación, salud y empleo. Uno de los objetivos de la iniciativa es el desarrollo social en las áreas de influencia del proyecto. ¿Por qué se está destruyendo la selva? Porque la gente necesita comer y muchas veces corta la selva para sembrar cacao o café o para vender la madera. Si es que nosotros les damos oportunidades de empleo adecuadas, para que vivan por ejemplo del ecoturismo, en lugar de ser un cazador el habitante de la región puede trabajar como guía turístico en la selva. O, en Galápagos, en lugar de practicar la pesca del tiburón, puede ser un experto en observación submarina. Esta persona, ¿qué necesita? Capacitación, algún equipo y contacto con los turistas. Estas pequeñas inversiones se pueden financiar con los recursos que van a venir.

¿Las inversiones van a depender del gobierno de turno o existirá un mecanismo que garantice la aplicación de los recursos en tales finalidades?

Será el estado que va a gastar los recursos, pero existe un Plan Nacional de Desarrollo que va hasta 2025. Entonces los proyectos solo pueden efectuarse si están dentro de este plan. No importa quien sea el presidente porque ya se han trazado prioridades nacionales en el mediano y largo plazo. Además, el fideicomiso estará administrado por los países que van a contribuir financieramente para la iniciativa. Ellos velarán justamente por el cumplimiento de estos objetivos. Si un nuevo gobierno quiere comprar armas, por ejemplo, no podrá, porque no va a recibir el dinero. El dinero no estará en el gobierno, sino en algún organismo internacional.

¿Es la primera propuesta del tipo en el mundo?

Hemos estudiado casos de países que tienen algunas propuestas, como Brasil, Indonesia, Costa Rica, Guyana etc. Hicimos un levantamiento de muchas propuestas en el mundo que en alguna medida se parecen, pero no hemos encontrado nada igual a la del Ecuador. Es la primera vez que se propone algo así. –tadeu breda (cc)

teoría y práctica de la revolución

26/05/2009 § 3 Comentários

Raúl Zibechi es autor de Dispersar el poder y Territorios en resistencia

Raúl Zibechi es autor de "Dispersar el poder" y "Territorios en resistencia", entre otros libros sobre movimientos sociales latinoamericanos

Entre 1969 y 1973, Raúl Zibechi fue militante del Frente Estudiantil Revolucionario (FER), agrupación estudiantil vinculada al Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros. Bajo la dictadura militar uruguaya, iniciada en 1973, fue activista en la resistencia al régimen hasta que en 1975 se trasladó a Buenos Aires, para exiliarse una vez más en 1976 luego del golpe militar en Argentina.

Se desplazó a Madrid, España, donde estuvo vinculado durante más de diez años al Movimiento Comunista en tareas de alfabetización de campesinos y en el movimiento antimilitarista contra la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Desde 1986, como periodista e investigador-militante, recorre casi todos los países de América Latina, con especial énfasis en la región andina. Conoce buena parte de los movimientos de la región y colabora en tareas de formación y difusión con movimientos urbanos argentinos, campesinos paraguayos, comunidades indígenas bolivianas, peruanas, mapuche y colombianas. Todo su trabajo teórico está destinado a comprender y defender los procesos organizativos de estos movimientos.

Fue esta actividad viajera que le trajo a Quito a finales de primavera. Le encontré en el medio de una rueda de jóvenes ecuatorianos, discutiendo de igual para igual la necesidad de cambios y los caminos que pueden llevar la sociedad hacia nuevos paradigmas civilizacionales. Con un cuadernito en las manos, apuntaba ideas y sugerencias. Un día después, nos dio esta entrevista.

>> publicado en diagonal

¿Qué es ser revolucionario en América Latina hoy?

Es luchar colectivamente para transformar la sociedad, es ser solidario, ser cuidadoso con el medioambiente, es pensar no en el hoy sino en las generaciones del futuro, es anteponer el colectivo al individual, es anteponer la buena vida –como dicen las constituciones de Bolivia y Ecuador, el sumak kausai– a la acumulación de capital. Básicamente es luchar para que el mundo cambie, algo así como luchar por que la humanidad sobreviva. Hoy la supervivencia de la humanidad está cuestionada, porque el capitalismo ha llevado a la humanidad al borde del precipicio. No estamos cayéndonos todavía, pero en riesgo de caernos. Por eso, aunque suene un poco irónico, ser revolucionario en algún sentido es ser un poquito conservador: hay que conservar la vida de la humanidad y del planeta. Si se acaba la vida en el planeta no hay posibilidad de revolución.

¿Cómo puedes empatar la necesidad de desarrollo de la sociedad con la conservación del planeta?

Eso es una contradicción insalvable a esta altura. Lo que está en cuestión, a mi modo de ver, es el concepto mismo de desarrollo. Tal como lo ha manejado Occidente –o sea, el capitalismo– se ha identificado desarrollo con un crecimiento cuantitativo de las fuerzas productivas, de la cantidad de cosas que se producen y se consumen. Hay otra cultura, que básicamente es la cultura comunitaria indígena, en la que hay una lógica de redistribución. Desarrollo es que todos podamos vivir bien, que todos tengamos lo suficiente para vivir. Yo creo que la humanidad tiene más de lo que necesita para vivir, mucho más de lo que necesita. Lo que pasa es que hay un grado de concentración absurdo y peligroso para el futuro de la humanidad. En un sentido general, de largo plazo, lo fundamental hoy no es producir más, sino distribuir mejor. Para eso, hay que quitarle el poder a los que más consumen y a los que más concentran capital, que es la burguesía y el sistema financiero. Eso supone liquidar el capitalismo. Por la vía del capitalismo la humanidad se destruye. Si queremos conservar la humanidad con vida, hay que salirnos de la esfera capitalista, hay que ensayar nuevas formas de vida. Tenemos experiencia de lo que es vida en pequeñas comunidades, en los asentamientos sin tierra de Brasil, en las comunidades indígenas de Bolivia, pero todavía no tenemos ensayos de cómo sería una vida con espíritu comunitario en grandes ciudades de dos, tres, cinco o diez millones de habitantes. Y no sé si son sustentables. Creo que no.

¿Y cuál sería una organización social alternativa hoy, una vez que la mayoría de las personas están en las ciudades y no está dispuesta a volver al campo?

Creo que para la inmensa mayoría de la población solamente va a haber la necesidad de vivir de otra manera, de dejar de consumir, cuando estén cayendo en el abismo. Quizás ya sea tarde, pero el ser humano en general no reacciona si no está cayendo en el abismo. Entonces, para evitarlo, tendrán que comprender que tienen que cambiar su forma de vivir. Para ello, deberán arrebatarle el capital y el poder a quienes los detentan. Si no lo hacen, van a seguir cayendo. Es un proceso en el cual –siento– el periodo en que estamos ahora es de preparación múltiple para este salto cualitativo. Estamos ensayando nuevas formas de organización, de vida y de poder en pequeños espacios. Y eso ya es bastante. Cuando estemos en el momento de necesidad de frenar la máquina capitalista, habrá que ponerse las pilas para dar este salto en base a todo lo que hemos aprendido en este periodo.

¿Cómo se produce este salto? Hay visiones que dicen que de manera democrática vamos conquistando espacios hasta que se llega a una nueva sociedad…

Sí, se puede intentar por esta vía. Me parece que probar no está mal. Pero la experiencia histórica muestra que, en el momento decisivo, hay algunos señores –que son menos del diez por ciento de la humanidad– que se van a aferrar a sus privilegios y no los van a soltar de buena manera. Eso ya se ha discutido mucho en la izquierda. Entonces habrá que arrebatárselos y arrebatárselos por la fuerza. Para eso, contaremos con dos aliados. Uno de ellos –que está fuera de nuestra voluntad– es la descomposición de la sociedad y del poder estatal y capitalista. En este momento se está asistiendo a un proceso de descomposición, aunque todavía estos sectores tengan mucha fuerza. El segundo y fundamental aliado es nuestra propia fuerza social y política organizada, que será quien tendrá que doblarle la mano en este momento. No creo en un tránsito pacífico. Más allá de la voluntad de los sectores populares, de la clase obrera, de los campesinos y los indígenas, necesariamente va a ser violento. Creo que a todos nos gustaría que fuera pacífico, porque la guerra no nos hace gracia, pero estos señores han demostrado que –como dijo el estadounidense Goldwater en los años sesenta– están dispuestos a que se hunda el planeta antes de perder sus privilegios. Ésta es la lógica de la burguesía.

Hay pensadores que dicen que América Latina ya no tiene las condiciones revolucionarias de otros tiempos. Lo que convendría ahora es ir eliminando el capitalismo poco a poco a través de reformas socialdemócratas…

Yo no comparto esta visión. Comparto la idea de que, si se hacen estas reformas, pueden ser positivas. Si viene un gobierno como el de Evo Morales y nacionaliza el gas o hace reformas políticas y sociales importantes, es positivo. Pero creo que en algún momento la burguesía va a reaccionar violentamente. Capaz que no en Bolivia, porque la oligarquía de Santa Cruz está siendo parcialmente derrotada. Puede ser que en uno u otro país no, pero nosotros en Sudamérica tenemos la mayor burguesía del sur del mundo, la de Brasil, la burguesía paulista. Ellos no van a soltar sus privilegios buenamente. La experiencia de Chile o los sojeros argentinos ya lo ha demostrado. Además, van a ir unos al auxilio de otros. Creo que es posible que en algún país, tal vez en Bolivia, se consiga eliminar el capitalismo a través de reformas. Bolivia está lejos de los EEUU, tiene una burguesía muy débil y focalizada en Santa Cruz etc. Pero Bolivia está rodeada de otros países que van a ir en auxilio. Ahora el presidente Alan García le dio asilo en Perú a Goni [Gonzalo Sánchez de Losada, ex presidente boliviano] y a otros genocidas. Entonces no hay que ver las cosas sólo en un pequeño foco, hay que verlas en un contexto regional y global. Insisto: me gustaría que el cambio pacífico fuera verdad, pero no lo creo.

Ignacio Ramonet en el Foro Social Mundial de 2005 dijo que Hugo Chávez es un líder de nuevo tipo. ¿Los presidentes de la mal llamada “nueva izquierda latinoamericana” pueden ser clasificados como liderazgos de nuevo tipo? ¿El socialismo del siglo XXI representa un cambio efectivo en nuestras sociedades?

El único que se puede decir que es un líder de nuevo tipo en Sudamérica es Evo Morales. ¿Por qué? Porque viene de abajo, de un movimiento popular, cocalero, es heredero de la clase minera, una de las clases obreras más potentes que hubo en América Latina. Los cocaleros son mineros que se fueron a sembrar coca tras el cierre de las minas. Pero aún así tengo dudas con Evo. Me parece que Chávez y Correa, como presidentes, son de la vieja clase política o, en todo caso, algo intermedio. Y creo que la mayoría de los gobiernos progresistas o de izquierdas en Latinoamérica tiene muy poco de izquierda y muy poco de progresistas. De hecho me parece que están haciendo planes sociales a los sectores populares para aplacarlos y permitir que siga la minería, siga la soja, sigan los transgénicos, o sea, permitir que el nuevo ciclo de acumulación capitalista se relance. Creo que estamos en este proceso.

¿Estos presidentes siguen la senda del neoliberalismo o en alguna medida son antineoliberales, aun no siendo de izquierdas?

Hay dos tipos de gobiernos en América Latina, que respectan a dos tipos de procesos. Identifico uno de los procesos en el que las fuerzas políticas llegaron al gobierno en un plan de estabilidad. Eso se ha dado en Brasil, Chile y Uruguay, básicamente, en donde no ha habido grandes luchas sociales. Ahí hay una continuidad total con el modelo neoliberal. La otra genealogía se dio adonde el sistema político ha colapsado o ha tenido graves problemas, o sea, en Venezuela, Ecuador y Bolivia. Ahí los viejos partidos han desaparecido, ahí no ha habido estabilidad, pero un fuerte proceso de luchas. En estos países vemos un intento –no consecuente– de ir más allá del neoliberalismo, por supuesto no de romper con el capitalismo. Pero para romper con el neoliberalismo, hay que impedir la minería a cielo abierto, hay que impedir la soja, la palma africana y todo lo que es el eje de la acumulación de capital hoy. Y también cercenar el sistema financiero, que es uno de los pilares del neoliberalismo. Eso está en condiciones de hacerse en estos países, porque las derechas han sido bastante desplazadas de los gobiernos. Pero yo no veo una línea suficientemente clara para avanzar en esta ruptura.

¿Cuál debe ser el esfuerzo de las organizaciones de izquierdas y populares en estos tipos de gobiernos y circunstancias concretas?

Para mí, en este momento, presionar por más: por más democracia, por más educación, por más salud. O ejercerlas. Hay dos lógicas que no son contradictorias. Exigir más pero a su vez, donde hay posibilidad de ejercer un derecho, tomarlo en sus manos y llevarlo adelante. Un ejemplo es el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil, que no sólo exige reforma agraria sino que toma tierras. Lo hace desde abajo. Y así en todos los terrenos se lo puede hacer, en salud, educación, en cualquier terreno se puede hacer lo que hacen los sin tierra. Y de hecho lo hacen los indígenas, los campesinos, los jóvenes en las ciudades: tomar espacios. Ésta también es una forma de presión. Creo que eso es fundamental, porque si no hay presión desde abajo, no va a haber cambio.

¿Entonces sí es mejor para los movimientos sociales que hayan gobiernos que en algo han desandado del camino neoliberal?

Por un lado, es un escenario mejor. Hay nuevos temas a debate, hay una nueva relación de fuerzas, porque hay muchos casos como el de Brasil: pese a que Lula es un neoliberal, no hay la represión que hubo en los 90 o mientras estuvo Fernando Henrique Cardoso. Hay más democracia, más posibilidad de hablar, de expresarse. No en todos los países, porque en Chile, por ejemplo, no diría que es un escenario mejor. Pero, en general sí. Mira lo que está pasando en Perú, con el levantamiento de los indígenas amazónicos, que hay mucha represión y un estado de sitio muy fuerte. Por otro lado, hay una tendencia a la cooptación de los movimientos, a su neutralización, con mucho dinero y muchos planos sociales. Y eso tiende a neutralizarlos. Entonces, es un escenario que tiene espacios a favor –yo prefiero que no vuelva la derecha– pero también es contradictorio porque estos gobiernos no sólo dan planes sociales, bonos, sino que además se apropiaron del discurso de la izquierda. En algunos sectores genera una fuerte confusión.

¿Estos gobiernos son parte de un cambio, un momento de transición?

No los gobiernos. Si nosotros miramos sólo a los gobiernos, estamos viendo una pequeña parte de la realidad. Creo que tenemos que mirar a las sociedades. Estos gobiernos son producto que desde los años 90 en adelante, casi 20 años, la gente ha luchado, ha salido a la calle, ha hecho levantamientos, ha hecho insurrecciones, la gente ha peleado. Es un fruto de esta lucha la deslegitimación de las derechas y del modelo neoliberal. Lo que hay hoy todavía no es lo que queremos, pero es mejor de lo que había. Si uno mira la realidad social es cuando digo: estamos mejor. Estos gobiernos, en parte, son fruto de la lucha popular, no porque la lucha popular directamente quisiera estos gobiernos –salvo el de Bolivia, que sí la gente quería que llegara alguien como Evo–. No es que la gente haya luchado para que llegara Lula al poder. Esto fue una consecuencia de la lucha, pero la gente no se conforma con eso. Al mirar todo el conjunto latinoamericano, vemos que las sociedades ya no están de rodillas como en los 90, ya no están reprimidas o agobiadas. Están un poquito más levantadas, más erguidas.

Correa tuvo apoyo de una parte de la izquierda y la otra parte está en la oposición. Pero mismo la izquierda que está en el gobierno al mismo tiempo le ha estado confrontando en algunos casos. ¿Crees que la izquierda ecuatoriana puede crecer en este escenario?

En Ecuador hay una situación bastante excepcional en Sudamérica. Es el único país que tiene un gobierno que se reclama claramente de izquierda y revolucionario y que, a su vez, tiene un movimiento social que lucha. Eso no pasa en ningún otro país. Acá tenemos un gobierno que se dice de la revolución ciudadana y movimientos que luchan en contra de la minería, por el agua, por cuestiones salariales, en fin, con una clara línea de confrontación. Eso me hace ser optimista, porque me parece que la vanguardia social y política –la gente más esclarecida y dispuesta a luchar– está menos confundida, tiene bastante claro que hay cosas que no se puede dejar pasar. Desde el 20 de enero, cuando se dio la lucha contra la minería, hasta hoy eso se ha ido consolidando. He visto que la gente organizada –en grupos, movimientos, partidos y sindicatos– tiene bastante claro que la victoria de Correa no quiere decir que se haya terminado la lucha, ni mucho menos. Eso me hace pensar que en Ecuador todavía hay espacios, ganas y voluntad de ir a más.

¿Cuál es la nueva utopía, si es que se puede hablar en una?

Es la nueva y la vieja juntas. La utopía de siempre, las ideas de igualdad, libertad y fraternidad, me parecen que no tienen nada de malo. La utopía de una sociedad sin estado, sin dominadores y dominados, sin explotadores y explotados, sin opresores y oprimidos. Ésta es la utopía. Desde el momento que hay opresores y explotadores, ellos necesitan del estado para mantener a la gente en la situación de humillación y dependencia. Entonces, no sabemos –porque no hay experiencia histórica aún– cómo va a ser este proceso. Pero la humanidad en los últimos cien años ha ido avanzando en algunas direcciones, ya sabe que hay cosas que no debe repetir. Por ejemplo, que no se debe crear una gran burocracia, porque ésta se acaba volviendo en contra de la gente. Entonces sí se han aprendido muchas cosas y creo que se van a aprender muchas más.

Sobre la justicia indígena. En Ecuador ha habido muchos linchamientos contra gente que comete pequeños robos en las comunidades, sobre todo de artículos de consumo, como televisores y radios. ¿Hasta qué punto la cosmovisión indígena está plagada de capitalismo?

Yo defiendo la justicia campesina, la justicia indígena. Evidentemente no es perfecta, pero me parece que se acerca más al tipo de justicia que queremos que la justicia burocrática impartida por el estado. Creo que la cosmovisión campesina, la cosmovisión andina puede ayudarnos a resolver algunas crisis de la humanidad, de la civilización occidental, más que el pensamiento socialista, que vivió en otra época y no estuvo confrontado, por ejemplo, a la crisis ambiental, a la crisis del desarrollo o a estos problemas que estamos viviendo en los últimos 30 años. Para la crisis ambiental, yo encuentro que los indígenas tienen más respuestas que la clase obrera tradicional.

Yo a lo que voy es que, bueno, me parece muy bien que haya justicia indígena y que se respete sus tradicionales ancestrales. Pero “juristas indígenas” dicen que los linchamientos no hacen parte de la justicia indígena, que eso es otra cosa.

Es venganza, claro. Mira, no hay ningún sector social, ni indígena, ni obrero, que ya esté perfectamente preparado. Los obreros, el campesinado y los indígenas tienen mucho qué aprender. Todos hemos interiorizado vicios del sistema y todos –desde el más revolucionario– estamos atravesados de la cultura y del mercado capitalista. Cuando decimos que hay que liberarnos del capitalismo, eso quiere decir que tenemos que liberarnos de una parte de nosotros mismos, porque nosotros estamos contribuyendo a la acumulación de capital cuando hacemos una llamada por celular, por ejemplo. Nadie está libre del capitalismo. Por eso, no tenemos que liberarnos apenas de las clases dominantes, sino también de la parte del capitalismo que hemos interiorizado. –tadeu breda y franklin falconí (cc)

brasil limita a integração regional

26/05/2009 § Deixe um comentário

O presidente Lula encontra-se nesta terça-feira (26) com Hugo Chávez em Salvador para discutir novamente a demora do Congresso brasileiro em aprovar o ingresso da Venezuela no Mercosul. Os dois, novamente, vão assinar acordos de integração em diversas áreas, como saúde, transportes e política industrial. O encontro presidencial ocorre trimestralmente.

Nos últimos meses, Cristina Kirchner e Lula tiveram ao menos cinco reuniões devido às questões tarifárias. Nelas acordou-se a elevação de impostos em alguns setores, considerada por muitos como um passo atrás na integração de um já estancado Mercosul.

Para Eduardo Gudynas, analista do CLAES D3E, um centro de pesquisas sobre desenvolvimento sustentável na América Latina com sede em Montevidéu, é muito importante diferenciar integração e interconexão quando se fala de América do Sul.

Gudynas — que também coordena o Observatório Brasil, especializado em analisar o impacto brasileiro e de duas empresas nos demais países da região — considera que o governo Lula está olhando para Pequim, Washington e Bruxelas (sede da União Europeia) quando banca obras de infraestrutura no continente.

Atualmente, o BNDES é um dos grandes financiadores da Iirsa, a principal iniciativa neste aspecto em andamento na América do Sul. Lançada no governo de Fernando Henrique Cardoso, a Iirsa tem conexões diretas com o Programa de Aceleração do Crescimento (PAC) e vários de seus projetos enfrentam contestações por impactos ambientais.

Em cada trabalho que financia no exterior, o banco exige que ao menos uma empresa brasileira seja contratada. Camargo Corrêa, Odebrecht e Queiroz Galvão registram, ao longo dos últimos anos, forte expansão de seus negócios em outros países. Para Gudynas, em alguns aspectos o BNDES parece mesmo com o Banco Interamericano de Desenvolvimento ou com o Banco Mundial.

Confira a seguir a entrevista concedida pelo analista.
 
O governo Lula consagrou o princípio da política do Itamaraty de universalismo e autonomia. No entanto, há muitas mudanças no que diz respeito ao governo Fernando Henrique Cardoso. Quais as diferenças na atuação do Brasil em relação a América do Sul? Pode-se dizer que o país chegou a um papel de protagonista?

Na verdade, há mais semelhanças entre a política externa do governo anterior e a gestão de Lula sob a coordenação de Celso Amorim e de Marco Aurélio Garcia. Insiste-se muito em que existem diferenças substanciais mas, se examinamos as medidas concretas, não há evidência para afirmar isso.

A ênfase em uma articulação sul-americana, no lugar de uma visão latino-americana, começou com FHC. Foi ele quem convocou a primeira cúpula de presidentes sul-americanos e iniciou todo esse processo. Também formalizou a proposta de integração em infraestrutura conhecida como Iirsa [Iniciativa para a Integração da Infra-estrutura Regional Sul-americana].

O governo Lula continuou esse caminho e o aprofundou. Da mesma maneira, tanto a administração Lula quanto FHC se opuseram a Área de Livre Comércio das Américas (Alca), sobretudo por razões comerciais (e não ideológicas). Apoiaram um eixo com Buenos Aires e se lançaram a acordos com outros países do hemisfério Sul, na África, no Oriente Médio, na Ásia.

É certo que, dentro do Brasil, se fala muito da imagem de protagonismo internacional do país. Mas, mais uma vez, é necessário ver os fatos, e não as declarações de imprensa: as propostas ou tentativas do Brasil de conseguir apoio para um presidente brasileiro no BID [Banco Interamericano de Desenvolvimento] não tiveram sucesso, tampouco para conseguir a secretaria da Cepal [Comissão Econômica para a América Latina e o Caribe].

O candidato do Brasil para a Organização Mundial de Comércio não recebeu apoio sul-americano e isso culminou na perda da candidatura do Sul. A insistência do Brasil por um assento no Conselho de Segurança da ONU não é apoiada por muitos países da região. E assim por diante. Um exame mais rigoroso, menos apaixonado, indica que o Brasil é, junto ao México, referência-chave da América Latina. Seu protagonismo é sobretudo regional.

A queda da Argentina nos anos 90 e início dos 2000 é determinante para que o Brasil fique como protagonista?

A queda da Argentina em 2001 e 2002 foi muito intensa. Mas devemos recordar que o Brasil teve a crise do real poucos anos antes. Como eu dizia, o protagonismo brasileiro é sobretudo regional, mas tem uma diferença fundamental com relação a outras nações da região: no Brasil existe uma discussão e uma tentativa de alcançar um papel-chave em nível global. Essa intenção, essa pretensão não existe nos demais países. O Brasil quer ser um protagonista global.

Javier Santiso, diretor da Organização para a Cooperação e o Desenvolvimento Econômico, fala das “multilatinas”, as multinacionais latinas, comandadas por Brasil e México. A atuação dessas empresas na América do Sul e na África é o sinal de um movimento que pode vir a ser imperialista?

O conceito de “multilatinas” é muito antigo. Anos atrás se observava uma expansão sobretudo de empresas mexicanas e chilenas nos países e, em menor grau, colombianas e venezuelanas. A presença de companhias brasileiras é mais recente. A diferença mais importante no caso do Brasil é que essa expansão conta com o apoio e o financiamento do Estado. O BNDES financia a chamada “internacionalização” das empresas do Brasil. Neste momento, não se pode dizer que isso representa uma forma de imperialismo, pois ainda que existam muitos jogos de poder, não há pressões de força militar.

Na realidade, o problema maior está dentro do Brasil e leva a analisar se é legítimo que o governo financie com enormes quantidades de dinheiro a expansão de umas poucas empresas nos países vizinhos. Essa expansão do capital brasileiro desvia recursos que poderiam ser usados em programas sociais, educativos ou de habitação dentro do Brasil para financiar, por exemplo, obras da Odebrecht ou da Camargo Corrêa no exterior.

Ainda assim, é importante advertir que o Brasil poderia liderar esse grande apoio financeiro do BNDES pelos extraordinários ingressos da exportação que teve nestes anos. Com a crise global, essa situação vantajosa perde força.

A ação do governo Lula frente a outros governos da região segue uma lógica. Ainda assim, quando os interesses de uma empresa brasileira se veem afetados, as condutas do governo Lula são distintas. Para citar três exemplos: Evo Morales e Petrobras; Fernando Lugo e Itaipu; Rafael Correa e Odebrecht. Gostaria que o senhor comentasse o porquê dessas diferenças.

Em primeiro lugar, a expansão internacional das empresas do Brasil teve um salto importante com os governos FHC. Em segundo lugar, o governo Lula desencadeou um novo momento pelo papel do BNDES em financiar essas empresas no exterior, e inclusive por comprar dívidas dessas empresas ou dar dinheiro para suas fusões – como foi o caso da JBS Friboi com a Swift. Portanto, o governo Lula defende esses empreendimentos já que está defendendo seu próprio capital.

Em terceiro lugar, mais uma vez existem mais semelhanças que diferenças. O caso de Itaipu representa uma negociação de governo a governo com o Paraguai, o caso da Petrobras é semi-estatal, e Odebrecht é privada, mas em todos eles existe uma cobertura, um apoio e uma defesa desde Brasília. É muito importante assinalar de maneira positiva que o governo Lula não cedeu à pressão de grupos muito conservadores, por exemplo no caso da disputa com a Bolívia, e permitiu que seguisse adiante o processo boliviano de tomada de controle do petróleo e do gás.

Em relação à Iirsa, há diversos projetos com problemas ambientais. Quais foram as mudanças promovidas na Iirsa para que os governos de esquerda da região a aceitassem? Trata-se de um projeto que coloca definitivamente o Brasil como o grande interlocutor econômico da América do Sul?

Os governos de esquerda não mudaram as bases substanciais da Iirsa. De fato, até aprofundaram. Seria muito arriscado dizer que a Iirsa significa que o Brasil é o “grande” interlocutor econômico da América do Sul.
Os projetos de conexão que promove a iniciativa, e dos quais o Brasil participa, estão orientados a saídas exportadoras para os mercados globais, e não têm por finalidade a integração com os vizinhos. Em outras palavras, Brasília está olhando para Pequim, Bruxelas ou Washington, já que ali estão seus mercados de destino.
Não podemos confundir interconexão, como uma ponte internacional, com a integração com os vizinhos. São conceitos muito diferentes.

Ainda sobre Iirsa, a atuação do BNDES na iniciativa é maléfica aos demais países?

O BNDES não é, em si, maléfico, financia projetos de empresas brasileiras ou empreendimentos nos quais as empresas brasileiras sejam parte. O problema é que não tem um mecanismo de acesso à informação adequado e se discute se seus procedimentos de avaliação social e ambiental são bons. Nesse sentido, o papel do BNDES parece muito com o do Banco Mundial ou do Banco Interamericano de Desenvolvimento.
 
Depois da falência da Alca, dá-se início a dois projetos de integração continental: União Sul-americana de Nações (Unasul) e Alternativa Bolivariana para as Américas (Alba). Esses projetos chegam a ser opostos? Os interesses de um podem entrar em conflito com o outro? Qual tem ações mais concretas?

Essa pergunta contempla vários dos mitos que surgem nos últimos tempos. Por um lado, a Unasul não nasce depois da queda da Alca. Na verdade, Unasul é o novo nome da Comunidade Sul-Americana de Nações, criada em 2004 e que por sua vez é a continuação do processo de cúpulas sul-americanas iniciado em 2000, por FHC. A Alca fecha-se no fim de 2005.

A Unasul, ainda que tenha o nome “união de nações”, é na realidade um foro político e, por agora, não representa um processo de integração. É, sobretudo, uma mesa de discussão de temas comuns. Os objetivos de integração estavam presentes na Comunidade Sul-americana de Nações e em especial o elemento-chave de assimetria entre os países.

Mas, como isso requer gerar as chamadas “políticas comuns”, o Brasil rejeitou. As políticas comuns exigem que se coordene a produção industrial ou agropecuária. Por exemplo, um automóvel pode ser produzido nas fábricas paulistas, mas a caixa de câmbio deveria ser boliviana e a carroceria, peruana, e para isso é necessária uma coordenação produtiva. Esse é o caminho da União Europeia com suas políticas comuns. O Brasil sempre rejeitou isso, já que significa aceitar a supranacionalidade. Portanto, a integração regional não avança mais, já que nunca pode passar ao passo seguinte: a supranacionalidade.

A Alba é um acordo-macro. Também não se pode dizer que seja um projeto de integração, mas parece muito com acordos recíprocos de ajuda e complementação econômica. Há uma diferença fundamental com o projeto brasileiro que pode ser ilustrada com um exemplo: a Venezuela na Alba promove e apoia projetos comuns sobre seu petróleo, em que as empresas estatais de países como Equador podem investir na exploraração dos campos de petróleo dentro da Venezuela. Compartilha-se um recurso estratégico. O Brasil nunca aceitou esse mecanismo. A Petrobras não divide nada e, pelo contrário, tenta expandir-se sobre os países vizinhos.

Por que os blocos regionais sul-americanos não conseguiram a criação de organismos supranacionais como na União Europeia? Com isso, fica-se dependendo muito da vontade dos presidentes?

A aceitação de acordos supranacionais estava madura no Mercosul até o fim da década de 90. A crise do Real, e logo a crise Argentina, impediram isso. Uma nova oportunidade teve lugar até 2007 sob o boom exportador em todos os países do Mercosul.

Mas o problema é que o Brasil não aceita a supranacionalidade devido a ideia de que isso limita sua soberania nacional. Essa é a visão do Itamaraty e é compartilhada por gente nova, como Marco Aurélio Garcia. Então, o Brasil propõe que os países se vinculem por acordos intergovernamentais. Como não há regras comuns, sempre há disputas e isso explica a crise atual do Mercosul e também a razão pela qual a Unasul é, sobretudo, um foro político. Para resolver as disputas, apela-se a uma lógica em que o Brasil dá um jeitinho para lidar com algumas das reivindicações pontuais dos vizinhos. –joão peres (cc)

bolívia vive reconstrução popular do estado

26/05/2009 § Deixe um comentário

Para professor da Universidade Federal de Santa Catarina, medida de Evo Morales que reserva espaço aos trabalhadores na mídia mostra avanços vividos pelo país

foto: agencia bolivariana de noticias

Venezuelanos apoiam o fim da RCTV, em 2007

O projeto determina que jornais, rádios e televisões devem reservar espaços para que os próprios jornalistas se manifestem sem qualquer tipo de censura nem moderação. As empresas que reprimirem as ideias dos trabalhadores podem sofrer sanções.

Nildo Ouriques, professor do Departamento de Economia e presidente do Instituto de Estudos Latino-Americanos (IELA) da Universidade Federal de Santa Catarina, considera que o decreto assinado recentemente pelo presidente da Bolívia indica que, no país vizinho, há um respeito ao conceito de democracia participativa. Para ele, “isso mostra que o fortalecimento do Estado não se trata, como quer uma certa crítica neoliberal, apenas de mais Estado, mas de um Estado democrático”.

Na Venezuela, o presidente Hugo Chávez tem feito discursos contra a Globovisión, canal investigado pelo órgão que regula as telecomunicações do país devido ao jornalismo praticado com irresponsabilidade durante o terremoto ocorrido em Caracas no começo de maio. Antes disso, em 2007, a RCTV, emissora venezuelana mais popular, teve a renovação de licença negada pelo governo e fechou as portas. Os canais de oposição tiveram envolvimento no golpe frustrado de 2002 contra o presidente.

Para Nildo Ouriques, há na Venezuela um exemplo muito claro da luta de classes definida por Karl Marx: os meios de comunicação tentaram cooptar Chávez, sem sucesso. Tentaram derrubá-lo e não conseguiram. “Bom, essa gente não vacila na luta, mas eles não entendem que têm um presidente que tampouco vacila”, sustenta.

O presidente do IELA considera que as ações de Morales e de Chávez mostram que a empresa privada tem um dono, mas não é intocável — acima dela há um sistema político e uma democracia.

Ele critica aqueles que atacam os governos dos dois países com o argumento de que não é democrático mexer com canais de televisão. “A ideia que se associou é que liberdade de imprensa significa empresa privada de comunicação”, adverte. “É exatamente o oposto. As empresas privadas de comunicação são verdadeiros monopólios que sequer praticam a função de ouvir os dois lados.”

Em encontro no último fim de semana, Chávez e o equatoriano Rafael Correa defenderam que a União de Nações Sul-Americanas (Unasul) crie um organismo para punir os abusos cometidos por veículos de comunicação. Ambos classificaram a imprensa de seus países como corrupta e oligárquica, aproximando-se do fascismo de forma aberta e cínica.

Para Correa, é preciso derrotar os veículos com “leis mais fortes, que punam tanto a desinformação como a má-fé e a corrupção”. –joão peres (cc)

revolución, petróleo y deuda en la visita de chávez a correa

23/05/2009 § Deixe um comentário

>> publicado en terra magazine

Este fin de semana el venezolano Hugo Chávez visita por quinta vez el Ecuador desde que Rafael Correa asumió como presidente del país, hace poco más de dos años. La amistad entre los dos liderazgos políticos nació en 2005, cuando el mandatario ecuatoriano era apenas ministro de Economía, “un muchacho” en las palabras de Chávez.

Hoy Rafael Correa es el hombre que trajo estabilidad política al Ecuador. En los dos años y cuatro meses que van de su primer gobierno, aprobó una nueva Constitución, transformó su partido en la principal fuerza política del país e implementó una serie de medidas sociales y económicas que -por lo menos en el discurso- le acercan al Socialismo del Siglo XXI propuesto por su colega venezolano.

Esto le permitió al mandatario una reelección contundente, que él mismo considera un “espaldarazo político” a su Revolución Ciudadana. Fueron 51 por ciento de los votos, que transformaron a Correa en el primer presidente ecuatoriano a ganar unos comicios en la primera vuelta. Es más: las elecciones del 26 de abril también pintaron la Asamblea Nacional con el verde de Alianza País.

El respaldo de las urnas, un parlamento lleno de aliados y una Constitución favorable a su proyecto le permitieron a Correa prometer una “aceleración y profundización” de los cambios que viene aplicando en Ecuador. Sin embargo, transcurrido aproximadamente un mes de su sexto y más reciente éxito electoral, el presidente no ha dado señales claras de esta radicalización.

Y ahora, ¿qué?

Uno de los principales motivos de la visita de Hugo Chávez, por lo tanto, es preguntarle a Rafael Correa si realmente la Revolución Ciudadana irá profundizarse y, en caso afirmativo, qué rumbos tomará. Éste es el análisis de Guillaume Long, profesor investigador de la Facultad Latino Americana de Ciencias Sociales (FLACSO).

“Es un contexto post-electoral para los dos países, más para Ecuador que para Venezuela, pero en ambos los cuales se pueden dar cambios. El referéndum que ratificó la posibilidad de reelección presidencial ilimitada en Venezuela, ya sabemos que fue un proceso de radicalización del bolivarianismo en el país”, explica el analista.

A su vez, la victoria de Correa -según Long- hace especular cuáles serán los próximos pasos tanto en el plano doméstico como en el internacional. “Como Correa va a tener cuatro años en el poder, será un momento en el que los dos presidentes van a poner las cartas sobre la mesa. Hay ciertos tipos de cooperación entre Venezuela y Ecuador que son bastantes modestos. Será la hora de ver si hay voluntad política en Ecuador para que se amplíen, profundicen y radicalicen.”

En la agenda del encuentro están previstas reuniones para discutir una serie de acuerdos bilaterales en soberanía energética, financiera, comercial y del conocimiento, además de proyectos de cooperación y programación de metas conjuntas para 2009.

Refinería

Sin embargo, el tema de mayor interés para el gobierno ecuatoriano respecta a los planes de construcción de la Refinería del Pacífico. Ésta es fruto de una negociación antigua de los dos países, pero que todavía está en fase de estudios técnicos y ambientales. La intención de Rafael Correa es conseguir capital y tecnología venezolana para reducir la dependencia externa del Ecuador en derivados de petróleo.

“La refinería traería una inversión de 5 mil millones de dólares, los cuales son muy bienvenidos para un país que necesita divisas en este momento. Hay una buena parte de la planificación al futuro de Petroecuador que depende enormemente de una relación mucho más cercana con PDVSA”, dice Pablo Andrade, experto en Estudios Sociales y Globales de la Universidad Andina Simón Bolívar (UASB).

El gobierno ecuatoriano espera que la construcción de la Refinería del Pacífico empiece en 2010 y esté lista en cuatro años. Eso si los problemas ambientales del proyecto -señalados por la ex asambleísta constituyente, Martha Roldós- no acaben por impedir su ejecución.

Canje petrolero

Además de la refinería, el tema petrolero tiende a tener dos ramificaciones más en esta visita de Chávez a Quito. Uno de ellos respecta al acuerdo que en 2008 ha canjeado 173 millones de dólares en crudo ecuatoriano por derivados venezolanos -sobre todo gasolinas y diesel-.

En los últimos dos años se ha logrado para el Ecuador un ahorro de entre 200 y 250 millones de dólares con el programa.

Para Guillaume Long, de la FLACSO, Correa tiene interés en mantener el trueque. “Aquí se subsidia la gasolina, pero es una gasolina fundamentalmente importada. El país no produce derivados de petróleo. Ésta es una de las metas de la refinería, pero mientras no se la construye, el acuerdo con Venezuela nos provee de derivados no exactamente a precios preferenciales, sino más bien con facilidad de pagos.”

Gas

La otra cara del diálogo petrolero entre Chávez y Correa descansa bajo los yacimientos de gas que existen en el Golfo de Guayaquil. Según el Ministerio de Minas y Energía ecuatoriano, la estatal venezolana estaría dispuesta a invertir un monto de 40 millones de dólares en las reservas de la Isla Puná.

“La explotación correrá por cuenta de una compañía mixta en la que el estado ecuatoriano tendrá el 70 por ciento de participación y PDVSA, los 30 por ciento restantes”, sostuvo el ministro Derlis Palacios.

No en vano, el gobierno evalúa que las negociaciones bilaterales que más han avanzado son las que envuelven el petróleo, principal fuerza de la diplomacia venezolana. En esta semana, Chávez visitó Argentina y recibió en Caracas al presidente electo de El Salvador, Mauricio Funes. En la agenda, estaban acuerdos petroleros.

Deuda

El tema más difícil a ser tratado por los dos presidentes, empero, debe ser la deuda de 130 millones de dólares que el gobierno venezolano mantiene con 19 empresas ecuatorianas.

Como el sistema de pagos de las exportaciones del Ecuador a Venezuela pasa obligatoriamente por una comisión de administración de divisas ligada al gobierno, la cancelación de los débitos depende del ejecutivo. Como solución, los empresarios plantean que la administración ecuatoriana retenga los 130 millones de dólares del pago por las importaciones que se realicen desde Venezuela.

Pablo Andrade, analista de la UASB, cree que Rafael Correa “tiene en este momento la oportunidad de dar un mensaje muy claro a los empresarios ecuatorianos, a los que ve como puntales de lo que es posible hacer con estrategias diferentes de exportación.”

La industria es sin duda un sector que el gobierno desea fortalecer. La señal más clara de ello fue la divulgación del Plan de Desarrollo esta semana. Según la Secretaría Nacional de Planificación, la meta del correísmo es cambiar el modelo económico ecuatoriano. Hoy -y desde siempre- el país tuvo una base primario-exportadora. Dentro de 16 años, Correa pretende construir un Ecuador terciario-exportador, pasando por un proceso gradual de sustitución de importaciones e inversión tecnológica.

“Sería una señal muy clara ante esos empresarios de que el estado puede actuar a su favor y que conviene alinearse y cooperar con este estado, una vez que tienen mucho qué ganar con él”, subraya Andrade. “Si el gobierno deja pasar esta oportunidad por creer que el presidente Chávez va a ser menos generoso en su cooperación en otras áreas, yo diría que ésta es una muy mala señal hacia los sectores empresariales domésticos.”

Festejo

Después de tratar de todos estos temas, el domingo Hugo Chávez y Rafael Correa asistirán juntos a las conmemoraciones del 187 aniversario de la Batalla del Pichincha. En el episodio, Antonio José Sucre -uno de los mayores próceres de la independencia grancolombiana al lado de Simón Bolívar- emprendió la derrota de las fuerzas leales a España y condujo a la liberación de Quito. –tadeu breda (cc)

democracia es integración, e integración es democracia

21/05/2009 § Deixe um comentário

Mariano Fernández se posesionó como canciller de Chile en marzo pasado. A partir de entonces empezó una gira por los países suramericanos para presentarse y reforzar las apuestas de su país en los procesos de integración regional.

>> publicado en terra magazine

En Quito hizo una visita relámpago el martes pasado. El objetivo fundamental era coordinar el traspaso de la presidencia pro tempore de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) de manos chilenas a ecuatorianas, que se formalizará en julio próximo, durante la reunión de ese bloque de integración regional.

El ejemplo europeo

En la tarde el canciller chileno acudió a la Facultad Latino Americana de Ciencias Sociales (Flacso) para una conferencia sobre integración regional. Allí criticó la demora de los países en empezar el proceso de acercamiento en América del Sur. Para Fernández, ésta es una de las maneras más efectivas para generar desarrollo y combatir la pobreza.

“Al final de la Segunda Guerra Mundial, Europa estaba en ruinas. Tenía países sumergidos en la más completa pobreza. Cuando se integraron Portugal, Grecia y España, la realidad de los países miembros de la Unión Europea no tenía nada que ver con los nuevos integrantes”, compara el canciller chileno.

“Hoy España es una potencia internacional, uno de los principales inversionistas del mundo. No hay ninguna duda que la integración europea fue factor decisivo para el desarrollo, de tal manera que el proceso de integración no es capaz de producir milagros, pero si grandes avances en países que por si mismos jamás lo lograrían”.

Democracia es integración

Para ello, Fernández señala aquello que ve como principal factor que posibilita la integración en Suramérica: la democracia. “Me parece que tuvimos durante muchos años países liderados por caudillos, que tuvieron como norte no mirar al conjunto de América Latina”.

Como ejemplo de ello, cita los conflictos internacionales que tuvieron lugar en el continente hasta finales del siglo XX -como la Guerra del Cóndor, que en 1995 lanzó a Ecuador a un conflicto territorial con Perú-.

“Esto ha ido cambiando en el periodo reciente, en especial después del fin de la dictadura de la seguridad nacional, cuyo legado de injusticia, violencia, crimen, exilio, pobreza y miseria ha dado paso a un continente donde casi todos los gobernantes son elegidos democráticamente y donde la democracia está, en muchos casos, desarrollándose de manera muy satisfactoria”, agrega.

Tras la conferencia, Mariano Fernández habló sobre las históricamente tensas relaciones bilaterales entre Chile y Bolivia, los retos de Ecuador en la presidencia de la Unasur y la importancia de una actuación conjunta de los países latinoamericanos y caribeños contra la crisis internacional.

¿Cómo van las negociaciones para una salida al mar a Bolivia?

Tenemos con Bolivia un diálogo organizado a nivel de subsecretarios y vice ministros que se llama Los Trece Puntos, donde estamos avanzando, al parecer bastante bien en varios de ellos. Si leo la prensa de hoy veo que hubo un acuerdo sobre el aprovechamiento del río Silala, que es un curso de agua internacional entre Chile y Bolivia, y eso es una indicación de que con el gobierno del presidente Evo Morales estamos marchando. Usted me pregunta sobre la salida del mar y yo le puedo decir que en este momento el esfuerzo de Bolivia y de Chile -bastante compartido- es que logremos acuerdos generales que sean satisfactorios para las dos partes. Estamos trabajando con bastante armonía y esperamos seguir avanzando. Yo no puedo pronosticar desde aquí qué resultados tendremos en los próximos tiempos, pero que si le digo que los pasos son significativos porque el tema del Silala ha sido muy complejo. Seguimos avanzando y hemos encontrado que la contraparte del presidente Morales y la presidenta Bachelet se está entendiendo muy bien, y los equipos de los subsecretarios mejor todavía.

¿Cuáles los principales retos a que se enfrentará Ecuador en la presidencia de la Unasur?

Lo que veo es una disposición muy positiva del Ecuador, lo veo con unas ideas y programas muy interesantes -los cuales hemos compartido con el canciller Fánder Falconí- y creo que el gran desafío, que tuvo Chile y que tendrá Ecuador, es liderar este grupo de países en una acción eficaz y coordinada frente a problemas que surgen y también en el avance del proceso de integración. Ya tenemos un Consejo de Defensa, pero hay que trabajar en él. Tenemos un Consejo de Salud, en el que igualmente hay que trabajar. Tenemos también el observatorio social. A eso habrá que agregar otras, y eso va a ser un reto para la presidencia ecuatoriana.

¿Cuáles los objetivos más concretos?

Es muy concreto trabajar el Consejo de Defensa, para citarle un ejemplo. Yo no quiero adelantarme al programa porque es el Ecuador que tiene que anunciarlo, pero en los temas universitarios, en el arbitraje internacional, hay varias cosas muy concretas.

¿Usted cree que en el futuro la Unasur puede suplantar la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y el Mercosur?

No, por ahora no. Pero, separemos: la Unasur es principalmente acción política y concertación política. El Mercosur tiene en el comercio su eje fundamental, la CAN igual. Lo que sucede es que la Unasur le puede dar complementariedad a estas organizaciones y ayudar un poco en un proceso de integración más ambicioso que lo incluya todo.

¿Cómo la Unasur puede ayudar a combatir la crisis económica?

Teniendo una voz unida en los foros internacionales. Por ejemplo, estuvimos todos de acuerdo al exigir una recapacitación del Banco Interamericano de Desarrollo para que tenga recursos a proveer a los gobiernos, para que nuestros gobiernos tengan liquidez y puedan cumplir con las obligaciones que están surgiendo junto con las crecientes tasas de desocupación, el apoyo a las pequeñas empresas etc. Estamos trabajando muy unidos, muy bien.

¿Usted cree que las negociaciones de tratados de libre comercio de Ecuador, Colombia y Perú con la Unión Europea pueden dificultar la integración regional?

Chile también tiene un convenio de asociación con la UE. Y estos tratados no dificultan la integración. Por el contrario, contribuyen con ella. Por supuesto. –tadeu breda (cc)

no hay aún una democracia en ecuador pese a tener elecciones

18/05/2009 § 1 comentário

Los números hablan por sí mismos: Rafael Correa fue reelecto para gobernar Ecuador con el 51% de los votos. Obtuvo 23 puntos de ventaja sobre el segundo candidato, el ex presidente Lucio Gutiérrez, y ganó en 17 de las 24 provincias del país.

La “Revolución Ciudadana”, auguró Correa en una entrevista concedida a los medios extranjeros al día siguiente de su victoria, caminará con pasos más acelerados e intensos en los próximos cuatro años.

Con la mayoría en la Asamblea Nacional y una Constitución elaborada y aprobada durante su primer gobierno por una amplia convergencia de fuerzas aliadas, parece tener el camino despejado.

Usted está en el escenario con el que soñó hace dos años, con la aprobación de la Constitución y su reelección…

Yo no tengo el escenario que soñé hace dos años, le aseguro. He soñado con un escenario en donde no haya miseria, no haya desigualdad, no haya injusticia. Y todavía no logramos eso. Usted dice que tuve un triunfo democrático, pero ello dentro de la democracia formal. Yo sostengo que Ecuador y América Latina tienen elecciones, pero aún no llegamos a lo que es la democracia. La verdad, no creo que haya democracia en un país donde hay tanta injusticia, tanta desigualdad. Quien conoce bien a América Latina sabe que es la región más desigual del mundo. Y Ecuador, dentro de la región más desigual del mundo, es uno de los países más desiguales. Se puede encontrar aquí la más insultante opulencia al lado de la más intolerante miseria. Eso tiene que cambiar, y sólo cuando eso cambie tendremos verdadera democracia. Ése es el escenario que siempre he soñado y por lo que estamos aquí. ¿Cuáles son los medios para alcanzar ese fin? Una patria más justa, más solidaria, más equitativa. Los resultados electorales nos han apoyado ampliamente. Eso es un espaldarazo político para seguir profundizando los cambios. Más que cambiar de rumbo, se trata de profundizar los cambios que hemos iniciado, hacerlos más radicalmente, más aceleradamente.

En cuanto al plan económico, vamos a seguir profundizando las reformas, seguir destacando un sector que fue largamente invisibilizado por las políticas públicas, que es la economía popular y solidaria. Hoy más que nunca hay que apoyar esta economía. Mientras en el sector capitalista moderno usted gasta 10.000 dólares para crear un puesto de trabajo, en ese sector popular y solidario –comercio informal, microempresa, artesanía, cooperativismo, etc.– por cada 800 dólares hay un puesto de trabajo. En la parte social, vamos a continuar con esta revolución social, que empezamos hace dos años y tres meses y donde más claras están las características del Gobierno. En el sector económico también. Debemos continuar con esta revolución poniendo fin a la impunidad bancaria, éste es un desafío urgente. Hasta diciembre vamos a cerrar el telón de esta tragedia que creó la banca y que todavía está impune. Eso es urgente. Acabar con esta pesadilla, seguir cobrando los impuestos, recuperando nuestros recursos naturales, luchando contra la corrupción y continuar también con esta política de apertura a todos los países del mundo, en un marco de mutuo respeto, y especialmente buscar esta integración latinoamericana y seguir construyendo esta patria grande de que nos habla José Martí. Lo que ha hecho Ecuador el domingo fue ratificar el proyecto. Lo que vamos a hacer es profundizar y ratificar dicho proyecto: la Revolución Ciudadana. –tadeu breda (cc)

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