la integración que vale

24/06/2009 § 1 comentário

No sería una exageración decir que la integración latinoamericana es el pilar que sostiene la política externa ecuatoriana. Una evidencia de ello está en la propia constitución del país, aprobada el año pasado. El texto reserva un capítulo especial al tema y lo define como “un objetivo estratégico del estado”. 

Quizás por ello Rafael Correa haga tantas referencias a Simón Bolívar en sus discursos y haya dicho reiteradamente que negar la importancia de la integración de nuestros pueblos es sufrir de ceguera histórica. “Claramente tenemos un pasado común y creo que es ineludible nuestro destino común.” 

El próximo día 10 de agosto, en una cumbre que se realizará en Quito, Correa recibirá de la chilena Michelle Bachelet la presidencia pro-tempore de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). La ceremonia se dará casi dos meses después del Ecuador haberse incorporado formalmente a otro proyecto integracionista, la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), capitaneada por la Venezuela de Hugo Chávez. 

Hablamos con Julio Oleas, asesor del ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador, Fánder Falconí, sobre el funcionamiento de estos dos bloques latinoamericanos y el modelo de integración a ser defendido por el país una vez en la presidencia de la Unasur. 

Oleas cree que un acercamiento comercial en la región estará incompleto si no se plantea algunos referentes de solidaridad internacional. El asesor dice que actualmente hay una especie de competencia entre las diferentes iniciativas integracionistas en Suramérica que puede ser benéfica para la geopolítica continental y habla del delicado papel jugado por Brasil en la Unasur.

>> publicado en terra magazine

¿Cómo el Ecuador va a recibir la presidencia de la Unasur? 

Nuestra constitución política establece claramente la prioridad que tiene para el país la integración latinoamericana. Para nosotros es un mandato constitucional enfrentar al más alto nivel el reto de llevar una presidencia pro-tempore muy activa y propositiva. ¿Qué es lo que queremos hacer? Consolidar los consejos que ya existen: defensa, salud y energía. Lograr que se convierta de grupos de trabajo en consejos la mayor cantidad de los grupos de trabajo que están en ese momento constituidos. Las áreas son, por ejemplo, cultura, tecnología, que es un tema que nos interesa muchísimo. Queremos consolidar un centro de asesoramiento para los diferendos sobre inversiones extranjeras. El Ecuador está empeñado en denunciar a los tratados bilaterales de inversión por atentatorios a la soberanía del país. Éste es un tema que ha sido planteado por el presidente de la república y en Unasur necesitamos consolidar al menos una señoría regional para potenciar la capacidad de respuesta de los países suramericanos frente a las demandas del capital transnacional. 

Correa habla mucho de la construcción de una nueva arquitectura financiera regional. ¿Eso también se va a dar dentro de la Unasur? 

En realidad, lo que nosotros llamamos la nueva arquitectura financiera regional, que es un proceso consolidado por iniciativa del Ecuador, ha sido en el Alba donde se ha podido potenciar y promocionar. El acuerdo del Sucre, que ya está listo, se firmó en el seno del Alba. El Banco del Sur surgió también en el seno del Alba. Entonces ahí tenemos claramente un fenómeno bastante interesante dentro del nuevo proceso de integración latinoamericana, donde varios grupos de integración, en este caso Unasur y Alba, pueden establecer una especie de competencia que puede resultar muy beneficioso para los intereses de la geopolítica latinoamericana. De hecho, el ámbito de lo financiero en la Unasur se ha mantenido en un nivel mucho más atenuado. Eso me parece a mí un error estratégico, porque la profundidad de la crisis internacional es terriblemente severa.

¿Cómo esta competencia entre los dos bloques puede ayudar la integración? 

El tema de la convergencia es un poco más complejo, pero antes de la convergencia sí que han estado presentes las demandas de nuestros pueblos, el deseo de bienestar de los latinoamericanos, de tener mejores condiciones de vida. En este sentido, si no es en un ámbito, puede ser en otro. Los temas comerciales se pueden profundizar en ALADI, los temas de derechos humanos pueden tener una gran proyección en la OEA, los temas de arquitectura financiera pueden darse en el Alba, los energéticos pueden desarrollarse muy bien en el Alba o en la Unasur. A eso me refiero con el espíritu competitivo que se han generado entre estos grupos y que pueden ser muy convenientes en mediado plazo. Por supuesto que en largo plazo una Latinoamérica unida en la visión europea de Maastrich podría ser muy interesante, pero las circunstancias y los antecedentes históricos son bastante distintos. Eso es lo que tenemos y con eso tenemos que trabajar en lo inmediato, no podemos esperar. 

¿Por qué fue creada la Unasur? La Unión Europea empezó con el Benelux, un bloque totalmente comercial. ¿Por qué la CAN y el MERCOSUR no tuvieron el mismo fin? 

Son procesos históricos distintos. La matriz de la cual nosotros partimos es una matriz un poco más compleja, no tuvo el trauma histórico que fue la segunda guerra mundial. Y tampoco ha tenido lamentablemente Latinoamérica la visión de proyectarse como un bloque más cohesionado, como lo ha hecho Europa para enfrentar Asia y Norteamérica. En ese sentido, las percepciones son distintas, los compromisos norte-sur también son distintos. Eso tiene su propia dinámica y me parece que por ello la evolución de una integración en términos de apertura comercial, como es MERCOSUR, CAN y ALADI, debe lograrse en términos más políticos, como proyección de la región. Es un poco retórico, pero efectivamente aquí hubo en principios del siglo 19 una visión mucho más abarcadora, que estuvo en el pensamiento de Bolívar y que fracasó cuando fracasó el Congreso de Panamá de 1826. En este punto, estuvo atrás de los bastidores una potencia de fuera de la región a que no le convenía la unión latinoamericana. Entonces viene una diáspora. La primera y más notoria fue la de Centroamérica, pero también de Perú y Alto Perú y luego Colombia y Panamá. Existe aquí un proceso inducido que debemos históricamente revertir desde una percepción más clara de integración en temas de política social, infraestructura, manejo de energía y planificación fronteriza, que nos es la vía de integración comercial que tuvimos en la segunda mitad del siglo XX, es un nuevo proceso. Debemos buscar nuestra propia identidad de integración. En este sentido, el tema de las asimetrías es muy importante, incluso más importante que las diferentes visiones políticas de la integración. 

¿Cómo el Ecuador pretende plantear estos temas en la Unasur? 

Planteamos dos cosas: una es la operatividad de la Unasur. El compromiso del Ecuador es un firme compromiso de fortalecer a la operación del sistema. Pero tenemos ahí una gran ventaja y un gran problema. Por un lado, la ventaja es que Quito es la sede de la secretaría de la Unasur, entonces podemos aquí empoderarnos más del tema, así como Perú se empoderó de la CAN porque la sede está en Lima. Pero en cambio la dificultad que encontramos es doble. Primero, para que esto empiece a marchar de pleno derecho, necesitamos 9 ratificaciones, y este rato tenemos solamente dos. Segundo, un problema igual o mayor cuanto a gravedad es el hecho de que no hay consenso para nombrar al primer secretario general. Este es un tema muy sensible, que ha marcado una posición severa del Uruguay. 

¿Cómo es la dinámica entre Alba y Unasur? ¿Una molesta a la otra? 

Unasur es un espacio en el que se disputa los liderazgos en función de los temas que se discute. El liderazgo de la infraestructura se disputa entre Venezuela y Brasil, el liderazgo de lo social tiene una presencia mayor de Chile. Hay ese tipo de acuerdos tácitos para repartirse las competencias. En el caso del Alba, vemos que hay básicamente un fuerte liderazgo venezolano y la agenda se ha generado en torno a la complementariedad geopolítica y al fuerte liderazgo energético que plantea Venezuela por sus ventajas comparativas. Hay una diferencia también de sustancia en cómo se promueven las ideas y los conceptos de integración. En un caso, el Alba fue creada por Cuba y Venezuela como una clara respuesta al ALCA, que fracasó en 2002. Entonces sí tiene una clara orientación ideológica. Mientras que en Unasur la forma de procesar las distancias ideológicas es algo más complejo. 

¿Cómo ve el futuro de la Unasur? 

Creo que Unasur es la más promisoria opción de integración latinoamericana en este momento. Es un espacio democrático, donde se disputa el liderazgo en forma conceptual, debatiendo ideas, es un espacio de alguna manera más equilibrado en cuanto a posiciones ideológicas y creo que, si es que se lograse que Brasil deje de asumir una posición subimperial, sería el lugar ideal para aglutinar a toda América Latina. 

¿En qué medida Brasil es una traba a la integración? 

Brasil es el único país latinoamericano hoy por hoy plenamente viable en la economía globalizada. Tiene un nivel de injerencia no sólo regional, pero mundial, que le coloca en otro status. Si es que la visión política que expresa la diplomacia de Brasil fuese la visión del Partido de los Trabajadores, la opción sería muy clara. Sin embargo, si la visión política que se expresa ahí es la del gran capital que se concentra alrededor de São Paulo, entonces la opción será menos propicia para corregir las asimetrías regionales. Eso depende en buena medida de las fuerzas políticas que intervienen en la Unasur y también sobre todo de cómo se proyecta la diplomacia brasileña. 

¿Cuáles son las otras posibles trabas a la integración? 

Hay trabas de varios tipos. En primero lugar, aunque puede ser poco diplomático decirlo, hay cierta tendencia a la precaución extrema por parte de Chile. Hay cierta tendencia a la permisividad intervencionista de parte de Colombia o de Panamá. Hay una visión mucho más anglófona de buena parte del Caribe. Hay una exacerbación de la contestación ideológica por parte de Venezuela. Hay otros temas estructurales, como el Plan Colombia o la dolarización en Ecuador, o la forma de permitir la inversión minera de otros países. Estos son temas muy complejos, que están en la política interna de los países y que de alguna manera deberían comenzar a ser debatidos en estos foros regionales para tener alguna idea de convergencia de largo plazo. 

En este momento la relación entre Perú y Chile, Argentina y Uruguay y Ecuador y Colombia pasa por problemas. ¿Los pequeños conflictos diplomáticos regionales molestan la integración? 

Creo que la molesta muy gravemente. Vea usted, en un caso estamos hablando de un problema de popularidad interna que trata de ser resarcido convocando a la unidad nacional frente a un problema de limitación territorial, en el otro se trata de una inversión directa de una papelera que molesta a otro país, con graves daños ecológicos. En el otro caso, estamos hablando de una afectación a la soberanía, que tiene que ver con un plan de supuesto control del tráfico de estupefacientes sólo en el lugar de la oferta, sin una contraparte en el lugar de la demanda. Entonces, vea, en los tres casos estamos hablando de factores de no son nacionales en el fondo, y cuando digo nacionales me refiero a la nacionalidad expresada en los pueblos. 

En el MERCOSUR uno de los principales problemas ha sido la asimetría económica entre los países. ¿Cómo la Unasur pretende lidiar con este problema? 

Creo que debería lidiarse evolucionando el concepto ricardiano de las ventajas comparativas hacia un concepto más actual de solidaridad internacional, de complementariedad, de planificación transnacional en cultura, energía, política social. No veo otra forma. Si es que nuestra forma de integración sigue siendo a partir de la venta de bienes y servicios, siempre vamos a tener las aberraciones que nos propone el teorema ricardiano en su realización de largo plazo. Creo que es necesario ir hacia un escenario de solidaridad para lograr acuerdos y compromisos para que a los que estamos más abajo se nos permita cierto tipo de cooperación para crecer en forma más armónica. 

¿Cómo se daría eso en la práctica? 

Los temas sociales, de tecnología, innovación y comunicación son muy importantes, así como los de infraestructura. Y la forma de canalizar inversión extranjera. Creo que por ahí irían capital humano y físico dentro de un esquema de relación de las condiciones de vida. O sea, esa convergencia fiscal, en inflación y monetaria, que tuvo el escenario europeo, podríamos nosotros marcar de otra manera: una conversión en infraestructura, en capacidades humanas, para encontrar niveles similares de destrezas y de capacidades en donde el espacio de mercado latinoamericano confluya hacia un mismo tipo de indicadores. –tadeu breda (cc)

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§ Uma Resposta para la integración que vale

  • […] Já há alguns anos o nome do ex-presidente argentino vinha sendo cotado para assumir o cargo. Trabalhavam por ele, além da chancelaria portenha, os bons ofícios de Hugo Chávez, Luiz Inácio Lula da Silva e Rafael Correa, atual presidente pro-tempore do organismo. {ver la integración que vale} […]

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