la vuelta de lo comunitario

21/07/2009 § Deixe um comentário

Luis Macas ya tuvo sus momentos protagónicos en la escena política ecuatoriana. Más que nada porque lideraba la principal organización indígena del Ecuador cuando del levantamiento que paralizó grande parte del país en junio de 1990. En aquel entonces, los pueblos ancestrales abrieron a codazos -con marchas, huelgas, ocupaciones y muchas propuestas-un espacio habitualmente negado en la sociedad ecuatoriana.

Se puede decir que la historia contemporánea del movimiento indígena en Ecuador se divide en un antes y un después de este levantamiento. Tras las protestas, las organizaciones finalmente pudieron ser escuchadas por el gobierno en sus exigencias; se creó un partido -el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik Nuevo País- para disputar las elecciones en todos los niveles; y se difundieron los valores de la cultura indígena como posibles caminos para el cambio político demandado por los ecuatorianos.

Sin embargo, muy poco salió como se preveía. El país tiene una nueva constitución que contempla muchos de los planteamientos indígenas, pero que todavía no se cumple en la práctica; el Pachakutik cometió errores estratégicos que comprometieron su imagen revolucionaria ante la sociedad; y el racismo sigue siendo una constante en el cotidiano de los ecuatorianos. En esta entrevista, Luis Macas radiografía la lucha de los pueblos ancestrales en Ecuador y critica el presidente Rafael Correa. Para este ex diputado, ex ministro e intelectual kichwa, el movimiento indígena tiene que volver a sus orígenes.

¿Qué es ser indígena en el Ecuador hoy día?

No podríamos hablar sólo de hoy día porque es toda una trayectoria. En el momento actual, el movimiento indígena, por sus mecanismos de lucha y sus acciones, ha cobrado bastante importancia en el Ecuador y para el Ecuador. Obviamente, eso ha costado mucho esfuerzo y mucho trabajo de los pueblos que lucharon no ahora, sino siempre, desde cuando llegaron acá los conquistadores. Todo el régimen colonial fue un hecho sin precedentes en la historia de la humanidad. Se trata de la anulación de una cultura, de la presencia histórica de una identidad. La lucha histórica o el eje de toda la acción del movimiento indígena ha sido el territorio, las tierras. Si hacemos un recuerdo de lo qué fue todo el régimen colonial y ahora, en la época republicana, el eje que ha articulado la organización de los pueblos indígenas es precisamente la lucha por la recuperación de las tierras. Por eso el valor de la lucha por los territorios, que no es solamente la consecución de un espacio geográfico determinado, sino por la sobrevivencia de una cultura, la reproducción cultural e identitaria de estos pueblos. En la historia de América Latina, esta lucha ha sido demasiado cruel. Hay muchos muertos en el camino y mucha acción represiva por parte del estado, en la actualidad todavía. Por ello, en Ecuador, la demanda de los pueblos indígenas es la reconstrucción del estado. La estructura del estado no corresponde realmente a la realidad histórica, cultural y social de nuestros pueblos. Entonces, por ello, desde los inicios de la década de los 90, el planteamiento fundamental de los pueblos indígenas -que a mi manera de ver es cuando el movimiento indígena salta a la escena política¿ es la fundación de un estado plurinacional. Creo que en la actualidad la plurinacionalidad es una demanda de los diferentes sectores sociales que se dan cuenta de que ésta es quizás la apertura para que se pueda instaurar una verdadera democracia, con la participación de los diferentes pueblos, sectores y actores y, obviamente, con el reconocimiento de esta gran diversidad de culturas y civilizaciones. Ésta es la bandera de lucha fundamental de movimiento indígena, que se viene trabajando hace cerca de tres décadas.

¿Usted cree que el Pachakutik y las alianzas equivocadas hicieron con que el movimiento indígena perdiera credibilidad ante la sociedad ecuatoriana?

Creo que sí, obviamente. No hay duda de en la gestión política del movimiento indígena ha habido muchos errores. Errores de alianza, por ejemplo, en el Congreso Nacional, alianzas con la centro-derecha, la centro-izquierda etc. Y eso ha hecho muchísimo daño al Pachakutik y, por ende, al movimiento indígena en general. Y a los movimientos sociales también. Ahora vemos por ejemplo en estas últimas elecciones que la izquierda estuvo totalmente dispersa, con tres o cuatro fuerzas y movimientos políticos participando en los comicios, con una dispersión política e ideológica increíble. Dentro de ese panorama también se veía el Pachakutik. No se ha hecho ningún esfuerzo por converger en algo, en un mínimo común a partir del cual se pueda gestar una unidad con sectores progresistas, de avanzada.

¿La constitución de 2008 atiende a las exigencias del movimiento indígena?

La constitución del 98 tiene algunos avances, incorpora algunas propuestas del movimiento indígena, reconoce la diversidad cultural y lingüística que hay en este país. De igual modo, creo que en el 2008 la constitución tiene muchos avances, pero yo le diría que el texto no es necesariamente resultado de la presencia del movimiento político que dirige en este momento el país, porque la gente estaba movilizada en la Asamblea Constituyente desde los diferentes sectores. Por ejemplo, los derechos de la naturaleza, donde tuvo mucha fuerza la presencia de los ecologistas, los campesinos y los indígenas. Los derechos de los pueblos indígenas, por ejemplo. No hubiese sido por la fuerza que tuvo el movimiento indígena y la movilización que hubo, hubiéramos perdido el simplemente mencionar en la constitución el Ecuador como un estado plurinacional. No había ninguna voluntad política, ni por parte del presidente de la república ni por parte de su movimiento, para el reconocimiento de la plurinacionalidad. La Asamblea para mí es un triunfo del pueblo ecuatoriano. Incluso la constitución contempla la autonomía de los pueblos indígenas, la territorialidad, son conquistas necesarias e importantes, porque dentro de estas subscripciones territoriales hay una autoridad autónoma de los pueblos indígenas, hay una administración de esa autoridad, administración de justicia, la pluralidad jurídica se está discutiendo también, de tal modo que sí hay avances.

¿Cómo usted definiría ideológicamente el movimiento indígena ecuatoriano?

Yo le diría primero que al interior del movimiento indígena hay tres posiciones. Hay una posición de mucha trayectoria, que es una posición consecuente con lo que nuestros antepasados han hecho. Ésa me parece que es una posición, no sé si llamarla de izquierdas, pero es una posición muy firme, entregada, con una presencia muy visible hacia recuperar los derechos no sólo de los pueblos indígenas sino de todos los sectores desprotegidos y vulnerables de este país. Es la posición más fuerte en el movimiento indígena. La otra posición, lastimosamente, siendo parte del movimiento indígena, a veces se cae muy fácilmente en las trampas de la cooptación del estado. No es mayoritaria, pero está en el movimiento indígena. El otro sector, que va con tendencia a desaparecer, es una tendencia heredada de las décadas de los 60 y 70, un poco nacidas de la Antropología, el milenarismo de los pueblos indígenas, con los que muchos llaman de indigenismo, de hacer que el movimiento indígena sea una cosa intocable, que lo indígena es el mundo más perfecto, que está ahí en la vitrina, que no hay que tocarlo. Creo que viene un poco de la misma doctrina de la derecha indigenista, que lo han adoptado incluso los mismos indígenas. Entonces son éstas las fuerzas que existen, pero que en el momento determinado de la lucha, estamos juntos. La lucha en estos últimos tiempos ha sido bastante visible contra el modelo económico. La base principal, fundamental de que haya esta descomposición del tejido social de nuestras comunidades, la descomposición cultural e identitaria de los pueblos, viene por esas formas de vida, por este modelo económico.

¿Cuáles son las principales exigencias del movimiento indígena hoy día?

Todavía dentro del mismo modelo y creo que la situación se va a agravar mucho más todavía. El propósito del gobierno actual es no solamente explotar lo necesario, sino explotar lo que tiene el suelo ecuatoriano. Eso es el exactamente el modelo del mundo capitalista. Lo va a hacer a gran escala, estén viviendo ahí seres humanos, sean indios o campesinos, cualquiera que esté, no le va a importar absolutamente nada. Lo que va a importar es el oro, la plata, el cobre, antes que el ser humano o la naturaleza. Entonces eso hace prever que aquí hay que hacer todos los esfuerzos para que el movimiento indígena y los movimientos sociales recobremos la fuerza de lucha para detener estos objetivos que tiene el gobierno. El movimiento indígena tiene una agenda clarísima, donde dice que luchamos por una transformación profunda, y no solamente trasladar el modelo económico neoliberal hacia un desarrollismo, como lo plantea el actual gobierno. Si no existen transformaciones significativas y la refundación institucional de este país, no hay absolutamente nada. Hasta aquí hemos visto muchas cosas en el discurso, un discurso progresista, pero en la práctica una actuación de concesión para el sector de la banca. ¿Dónde está la reactivación de la agricultura? ¿Dónde está la generación de los alimentos para el pueblo? Frente a eso, de ninguna manera se debe transigir, más bien luchar para que en definitiva el gobierno se encauce por esta tendencia. Ésta es la prioridad ahora. Estamos en esta disputa. Hay que fortalecer nuestras propias fuerzas y rediseñar nuestra agenda propia.

¿El movimiento indígena busca un cambio civilizacional para el Ecuador?

¿Qué es lo que prefiere la humanidad, cuando hablamos de la competitividad, por ejemplo? ¿Y qué es lo que a nosotros los indígenas nos hace pensar cuando se habla de la competitividad? Es una carrera de velocidad en la que el que gana, gana, y el que se queda, se quedó. Ese es el mundo actual. Y nosotros decimos que nos es así la vida. ¿Por qué no pensar un poco más allá de la competitividad, la eficiencia en el sistema capitalista? Pensemos en la complementariedad, que es un pensamiento propio no solamente de los pueblos indígenas sino de cualquier pueblo ancestral, sea en la India, en la China, donde sea. Estos son los principios de la humanidad, que generaron precisamente esta hermandad y esa armonía entre los seres humanos. Estos valores sí son necesarios rescatar, y no diciendo que es porque hacen parte de la civilización tal o determinada de los pueblos indígenas. Creo que hay valores en el mundo occidental que hay que recuperarlos, fortalecerlos, rearticularlos en las comunidades y sociedades indígenas y en todas las sociedades. De tal modo que nosotros no decimos que hay que cambiar esto por esto otro, con los ojos vendados, sino mirando qué es lo que hay ahí, qué es lo que ha generado la humanidad hasta aquí, tanto en una civilización como en la otra, porque no puede ser una encarnizada de luchas étnicas en el mundo. Es una cuestión de entendernos. Primero permitir que esta diversidad se desarrolle y también aceptar que somos diversos. El problema actual es la intolerancia del uno al otro, el desconocimiento. Pienso vivir un momento en que podamos llegar a nuestro propio reconocimiento histórico entre los diferentes pueblos.

¿Ecuador es una sociedad racista?

Bastante, bastante. No quisiera decir que son los mismos mecanismos de hace 30 ó 20 años, obviamente que las cosas van cambiando, pero existe. El presidente de la república nos dice que somos minoría. ¿Qué quiere decir eso? No necesitamos ninguna atención de privilegio, no, somos como cualquier otro ser humano. Dice que los indígenas tiran piedras, no permiten el avance del desarrollo en este país. Yo digo que son actitudes que se manejan desde una concepción bastante colonialista todavía. Está en los mandatarios, los políticos y también en el señor de la tienda de la esquina cuando venga un indígena, por ejemplo. Son cosas que vemos a cada paso, a cada momento, y en cualquiera de los niveles. Entonces sí hay racismo, hay discriminación. Somos culturas subalternas, somos lenguas de una minoría, la lengua nacional es el español y punto.

¿Hay algo parecido -no sé si discriminación o rechazo- desde el indígena hacia el blanco o al mestizo?

Creo que sí. No diríamos que es un caso general en los pueblos indígenas, pero al menos pienso que sí existe una actitud, un comportamiento de los indígenas frente al no indígena. Tal vez con razón o sin razón. Con razón porque la persona que vino a la comunidad, en la misma época colonial, fue un blanco. ¿Y qué hizo en la comunidad? Un poco viene de esa reflexión. No diría que rechazan, más bien tienen temor a la persona que no es propia de la comunidad.

¿Hasta qué punto el sistema capitalista, que no es propio de las culturas indígenas, cambia el comportamiento del indígena?

No es para poco los 520 años de colonización, pero durante este tiempo se han ido dando sincretismos, y también hay la adopción de muchos defectos del mismo sistema. En el mercado, por ejemplo. Es bastante reciente que los pueblos indígenas estamos en este mundo de la dinámica del mercado. Porque antes, cuando yo era pequeño, no se consumía más de lo esencial: la sal, azúcar, una u otra cosa más y punto. Ahora se ha mercantilizado todo, y eso es lo que viene también desde fuera. Incluso la gente dice “si quieres tomarme una foto me pagas tanto”. Entonces yo sí creo que la degeneración de los principios, de los valores de las comunidades es cada vez más fuerte. Y por eso decía que hay que dejar un poquito de lado el Pachakutik, porque también ahí pueden haber las mismas artimañas quizás de un político que pertenece a cualquier otro partido. Hay sí una degeneración, y cada vez con más fuerza. Por eso decía que es necesario regresar hacia recuperar estos valores, que son mucho más humanos y éticos. Nos ha contagiado bastante este mundo de la acumulación. Hay compañeros indígenas que están fuera del país y que sacan bastante del comercio, pero que ya lastimosamente muchos de ellos han perdido el sentido del comunitarismo. –tadeu breda (cc)

>> publicado en terra magazine

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