¿vuelve la derecha a chile?

26/11/2009 § 1 comentário

En las últimas dos décadas la derecha chilena estuvo alejada de la presidencia, aunque no exactamente del poder. Ahora, en la figura de Sebastián Piñera, puede volver al gobierno, en lo que sería el primer revés electoral de la Concertación desde la caída de Pinochet.

Hace ya tiempo que la derecha chilena no sabe qué es gobernar. El último conservador en ocupar el Palacio de La Moneda fue Augusto Pinochet, cuya dictadura fue responsable de al menos 2.200 muertos, 1.200 desaparecidos y una larga lista de violaciones de los derechos humanos. Cuando finalmente la pesadilla terminó, en 1988, tras un referendum en el que los chilenos votaron por el fin o la continuidad del régimen, los principales partidos de centro e izquierdas decidieron unir fuerzas.

Desde entonces, la coalición ha vencido en todas las elecciones presidenciales realizadas en el país. Michelle Bachelet es la cuarta integrante de la Concertación en la presidencia de Chile. Además de ser la primera mujer en ocupar el cargo, la presidenta socialista también sostiene el mayor nivel de aprobación popular de la historia: 80% de los ciudadanos apoyan su gestión. A pesar de ello, Bachelet tendrá que dejar el puesto en marzo del 2010, porque en el país no se permite la reelección. Sin un candidato fuerte para sustituir el carisma de la mandataria, la Concertación enfrenta serios riesgos de perder su hegemonía electoral y abrir paso al regreso de la derecha al poder.

El nombre que intentará mantener la invencibilidad de la coalición en el Palacio de La Moneda ya se sentó en la silla presidencial una vez. El democristiano Eduardo Frei, que gobernó entre el 1994 y el 2000, renació como opción, pero no como favorito. El Centro de Estudios Públicos (CEP), órgano que viene prediciendo con exactitud todos los resultados electorales de Chile desde la caída de Pinochet, señala al ex mandatario como el segundo colocado en la carrera por la presidencia. Los comicios se realizan en próximo 13 de diciembre y Frei tiene solamente el 26% de las intenciones de voto.

“Frei hasta ahora no ha logrado entusiasmar al electorado porque los partidos de la Concertación no han ideado fórmulas nuevas para gobernar”, explica Loreto Correa, analista del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago. “Tampoco se han mostrado en estos cuatro años capaces de solucionar los tres temas de opinión pública más importantes del país en este momento: la deuda histórica con los profesores de la educación pública, el conflicto en el sector de la salud y la debilidad de los propios partidos de centro-izquierda gracias a la rivalidad interna de sus líderes”.

Para Loreto Correa, escoger a Eduardo Frei como candidato fue un acto “forzado” de la Concertación. De hecho, ésta fue la primera vez desde la victoria del socialista Ricardo Lagos, en 2000, que los caciques concertacionistas prefirieron no realizar previas. Esta concentración de poderes ha desgastado la alianza y acabó jugando en contra de la imagen de Frei, que, según la analista, ya no tiene el liderazgo que tenía cuando fue candidato por primera vez.

“Su gobierno no fue tan bien visto como la gestión de Lagos o Bachelet. Se lo ve como un presidente que lo hizo bien, pero que podría haberlo hecho infinitamente mejor. Se le ve como un hombre viejo y desgastado, sin propuestas nuevas y con un equipo que no tiene nada nuevo que ofrecer”, opina Correa. “Ésa es la ventaja que explota la derecha y también Marco Enríquez-Ominami”.

Aire Fresco

El candidato Marco Enríquez-Ominami, de 36 años, vivió en Francia, estudió filosofía y se ha destacado en el mundo de las artes chilenas como documentalista y director de cine. Está casado con una famosa periodista de la televisión y hace poco fue electo diputado por la Concertación. Prefirió, sin embargo, romper con el Partido Socialista (PS), una de las principales organizaciones de la coalición, cuando ésta eligió a Frei –y no a él– para disputar a la presidencia.

Ominami, entonces, se lanzó como candidato independiente. Logró juntar las 36.000 firmas que necesitaba para postularse oficialmente junto a la autoridad electoral, invirtió en marketing y utilizó las nuevas tecnologías de internet –Twitter, YouTube y Facebook– para diseminar sus ideas sin gastar dinero. El resultado, que no deja de ser sorprendente, es una intención de voto del 19%.

“La candidatura de Enríquez-Ominami es una crítica al sistema partidario y a la distribución de poder en el interior de las élites. También captura el desencanto de la sociedad por los partidos políticos. Basta con decir que 4 millones de individuos en edad de votar, en un universo de 11 millones, no están inscritos para estas elecciones”, argumenta Guillermo Holzmann, politólogo de la Universidad de Chile.

Sin embargo, el próximo presidente, de acuerdo con las encuestas del CEP, no vendrá ni los sectores independientes de Ominami, ni de los más experimentados de Frei, sino de la derecha de Sebastián Piñera. El candidato de Renovación Nacional (RN) es un gran empresario, principal accionista de LAN Chile, la mayor compañía aérea del país. Tiene también una posición política muy clara, que viene siendo demarcada desde la derrota en comicios pasados frente a Michelle Bachelet. No en vano lidera los sondeos. Ominami fue obligado a romper con la Concertación para convertirse en una opción electoral. Frei tuvo que asumir recién en 2009 las consecuencias de la indecisión de la alianza. Piñera, en cambio, lleva más de cuatro años haciendo campaña y mostrándose como candidato.

“Su propuesta es el cambio en el estilo de Gobierno. Piñera suscribe todo lo realizado hasta ahora, incluyendo las políticas públicas orientadas a superar la pobreza y mantener la protección social. Sus propuestas tienen que ver con la eficiencia, básicamente. No propone privatizaciones, pero sí un rol más activo del sector privado, incentivando las inversiones”, analiza Holzmann. “En lo fundamental, los tres candidatos principales adhieren a un modelo de base liberal, donde Frei apuesta a la continuidad del gobierno de Bachelet, Enríquez-Ominami se plantea con un discurso de crítica a la distribución de poder y Piñera propone la alternancia y el cambio como fundamentos de un mejor gobierno y un estilo distinto.”

Es consenso entre la opinión pública chilena, por lo tanto, que habrá una segunda vuelta. Y si las encuestas están correctas, lo que decidirá el embate electoral es la transferencia de votos del comunista Jorge Arrate para el futuro adversario de Piñera. En cuarto lugar en los sondeos, Arrate cuenta con el apoyo de cerca de 5% del electorado. Es ideológicamente improbable que el elector de Arrate vote a Piñera a la hora de la verdad. Hay una posibilidad, sin embargo, de que la opción comunista acabe llenando las urnas de Frei o, más probablemente, de Enríquez-Ominami, debido al hastío acumulado hacia la Concertación.

El candidato independiente tiene a su lado la novedad de su figura política. Es hijo de Miguel Enríquez, el mítico líder del Movimiento Izquierda Revolucionaria (MIR), asesinado por agentes de la policía secreta pinochetista en los primeros años de la dictadura. Carlos Ominami, su padre adoptivo, es un viejo cuadro del PS, ex ministro de Economía y senador. Su madre, Manuela Gumucio, periodista y socióloga, es una militante política bastante conocida en el país.

Además de su herencia, algunos de los puntos de la agenda del candidato también agradan a la izquierda. Enríquez-Ominami se muestra favorable a la unión civil entre homosexuales, promete debatir con seriedad la legalización de la marihuana y no es contrario a la despenalización del aborto. Genera desconfianza, empero, cuando defiende la privatización de algunos sectores del aparato estatal que, para él, en manos privadas podrían ganar más eficiencia. Uno de los blancos del discurso de Marco es la Compañía del Cobre (Codelco), nacionalizada durante el gobierno de Salvador Allende. La empresa hace de Chile el mayor exportador del mineral en el mundo, pero, según Ominami, su utilización política ha hecho que perdiera oportunidades de incrementar su competitividad.

Causa olvidada

Una de las cuestiones más candentes en la sociedad chilena, sin embargo, es el conflicto indígena en el sur del país. Los mapuches históricamente reivindican un acceso más amplio a la tierra que un día fue suya. En la lengua hablada por los pueblos ancestrales de Chile, la palabra mapuche significa “gente de la tierra”, algo de lo que carecen sus descendientes y que reclaman insistentemente.

De los 15 millones de habitantes que viven en el país, 600.000 (el 4% de la población) tienen origen indígena. Los mapuches, sin embargo, están concentrados sobre todo en la Araucanía, una de las regiones más ricas y más pobres de Chile: la provincia dispone de abundantes recursos minerales, hídricos y forestales, pero a la vez carece de servicios sociales y se encuentra en la cola del desarrollo humano.

“Cuando se formó el Estado, en 1818, los mapuches se quedaron al margen y fueron excluidos del sistema republicano”, explica Loreto Correa, de la Universidad de Santiago. “Paulatinamente, a lo largo del siglo XIX, se les fue quitando las tierras y anulando como cultura, hasta el punto de que Chile hasta muy poco tiempo ni siquiera los reconocía como pueblo”. Por eso, no será coincidencia que también en la Araucanía se observen los peores índices nacionales de alcoholismo, desempleo, analfabetismo e inversiones, sean públicas o privadas.

Hoy día, además de las tierras que les fueron robadas, los mapuches exigen autonomía política ante el Estado. Y son intransigentes en estas demandas.

Las relaciones entre el Gobierno y las comunidades mapuches jamás llegaron a buen término, pero la situación se tensó todavía tras la muerte de Jaime Facundo Mendoza, un nativo de 24 años alcanzado por un disparo de los carabineros durante una manifestación. Fue el tercer asesinato de un militante mapuche desde 2002. Antes de ello, en agosto, la presidenta Michelle Bachelet ya había dado su contribución para agravar el conflicto cuando se negó a recibir a una delegación mapuche que marchó a Santiago para dialogar sobre la devolución de propiedades agrícolas.

Desde 1993, el Estado chileno ya le concedió a los indígenas alrededor de 600.000 hectáreas de tierra. Bachelet, a su vez, promete terminar su mandato cumpliendo con la promesa de entregarles 33.000 hectáreas más a las comunidades.

Recientemente, sin embargo, su gobierno anunció un plan de seguridad “para combatir a los atentados indígenas”. El proyecto prevé la instalación de cámaras de vigilancia en las carreteras que registran más acciones de militantes mapuches. Con el agravamiento de la crisis, el Gobierno también ha movilizado más carabineros para las regiones conflictivas y ha militarizado las zonas conflictivas.

Los indígenas chilenos se consideraron blanco de una campaña permanente de criminalización por parte del Estado. Para ellos, la situación no parece muy distinta con respecto a los años de la dictadura de Pinochet. Mientras tanto, la situación se radicaliza. El pasado octubre, activistas mapuches quemaron dos camiones de una empresa forestal instalada en la Araucanía. Y el mismo mes la Coordinadora Arauco-Malleco, renegó la ciudadanía chilena y declaró guerra al Estado.

El gobierno responde a los ataques con una dureza que para muchos excede lo razonable. Muchos mapuches han sido detenidos bajo una Ley Antiterrorista que viene de 1984 y que, por lo tanto, es uno de los pocos artificios legales de la dictadura que todavía no fueron proscritos en Chile. La legislación reduce los derechos civiles, autoriza penas más duras y viene siendo aplicada contra el pueblo mapuche desde que fue creada. La UNESCO y Human’s Right Watch ya se pronunciaron en contra del Estado chileno por lo que consideran abusos contra los derechos humanos y de los niños cometidos por los carabineros en la Araucanía.

“Ésa es la gran deuda histórica de Chile, que ni la Concertación ni Bachelet fueron capaces de resolver y que tal vez el próximo gobierno, independiente de quien salga vencedor de las elecciones, tampoco lo resolverá”, cree Loreto Correa. Quizás porque, puntúa Guillermo Holzmann, “los candidatos han evitado referirse directamente a la cuestión mapuche durante la campaña, mostrando que ese será un tema inevitable para los cuatro años que vendrán”. –tadeu breda (cc)

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democracia es integración, e integración es democracia

21/05/2009 § Deixe um comentário

Mariano Fernández se posesionó como canciller de Chile en marzo pasado. A partir de entonces empezó una gira por los países suramericanos para presentarse y reforzar las apuestas de su país en los procesos de integración regional.

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En Quito hizo una visita relámpago el martes pasado. El objetivo fundamental era coordinar el traspaso de la presidencia pro tempore de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) de manos chilenas a ecuatorianas, que se formalizará en julio próximo, durante la reunión de ese bloque de integración regional.

El ejemplo europeo

En la tarde el canciller chileno acudió a la Facultad Latino Americana de Ciencias Sociales (Flacso) para una conferencia sobre integración regional. Allí criticó la demora de los países en empezar el proceso de acercamiento en América del Sur. Para Fernández, ésta es una de las maneras más efectivas para generar desarrollo y combatir la pobreza.

“Al final de la Segunda Guerra Mundial, Europa estaba en ruinas. Tenía países sumergidos en la más completa pobreza. Cuando se integraron Portugal, Grecia y España, la realidad de los países miembros de la Unión Europea no tenía nada que ver con los nuevos integrantes”, compara el canciller chileno.

“Hoy España es una potencia internacional, uno de los principales inversionistas del mundo. No hay ninguna duda que la integración europea fue factor decisivo para el desarrollo, de tal manera que el proceso de integración no es capaz de producir milagros, pero si grandes avances en países que por si mismos jamás lo lograrían”.

Democracia es integración

Para ello, Fernández señala aquello que ve como principal factor que posibilita la integración en Suramérica: la democracia. “Me parece que tuvimos durante muchos años países liderados por caudillos, que tuvieron como norte no mirar al conjunto de América Latina”.

Como ejemplo de ello, cita los conflictos internacionales que tuvieron lugar en el continente hasta finales del siglo XX -como la Guerra del Cóndor, que en 1995 lanzó a Ecuador a un conflicto territorial con Perú-.

“Esto ha ido cambiando en el periodo reciente, en especial después del fin de la dictadura de la seguridad nacional, cuyo legado de injusticia, violencia, crimen, exilio, pobreza y miseria ha dado paso a un continente donde casi todos los gobernantes son elegidos democráticamente y donde la democracia está, en muchos casos, desarrollándose de manera muy satisfactoria”, agrega.

Tras la conferencia, Mariano Fernández habló sobre las históricamente tensas relaciones bilaterales entre Chile y Bolivia, los retos de Ecuador en la presidencia de la Unasur y la importancia de una actuación conjunta de los países latinoamericanos y caribeños contra la crisis internacional.

¿Cómo van las negociaciones para una salida al mar a Bolivia?

Tenemos con Bolivia un diálogo organizado a nivel de subsecretarios y vice ministros que se llama Los Trece Puntos, donde estamos avanzando, al parecer bastante bien en varios de ellos. Si leo la prensa de hoy veo que hubo un acuerdo sobre el aprovechamiento del río Silala, que es un curso de agua internacional entre Chile y Bolivia, y eso es una indicación de que con el gobierno del presidente Evo Morales estamos marchando. Usted me pregunta sobre la salida del mar y yo le puedo decir que en este momento el esfuerzo de Bolivia y de Chile -bastante compartido- es que logremos acuerdos generales que sean satisfactorios para las dos partes. Estamos trabajando con bastante armonía y esperamos seguir avanzando. Yo no puedo pronosticar desde aquí qué resultados tendremos en los próximos tiempos, pero que si le digo que los pasos son significativos porque el tema del Silala ha sido muy complejo. Seguimos avanzando y hemos encontrado que la contraparte del presidente Morales y la presidenta Bachelet se está entendiendo muy bien, y los equipos de los subsecretarios mejor todavía.

¿Cuáles los principales retos a que se enfrentará Ecuador en la presidencia de la Unasur?

Lo que veo es una disposición muy positiva del Ecuador, lo veo con unas ideas y programas muy interesantes -los cuales hemos compartido con el canciller Fánder Falconí- y creo que el gran desafío, que tuvo Chile y que tendrá Ecuador, es liderar este grupo de países en una acción eficaz y coordinada frente a problemas que surgen y también en el avance del proceso de integración. Ya tenemos un Consejo de Defensa, pero hay que trabajar en él. Tenemos un Consejo de Salud, en el que igualmente hay que trabajar. Tenemos también el observatorio social. A eso habrá que agregar otras, y eso va a ser un reto para la presidencia ecuatoriana.

¿Cuáles los objetivos más concretos?

Es muy concreto trabajar el Consejo de Defensa, para citarle un ejemplo. Yo no quiero adelantarme al programa porque es el Ecuador que tiene que anunciarlo, pero en los temas universitarios, en el arbitraje internacional, hay varias cosas muy concretas.

¿Usted cree que en el futuro la Unasur puede suplantar la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y el Mercosur?

No, por ahora no. Pero, separemos: la Unasur es principalmente acción política y concertación política. El Mercosur tiene en el comercio su eje fundamental, la CAN igual. Lo que sucede es que la Unasur le puede dar complementariedad a estas organizaciones y ayudar un poco en un proceso de integración más ambicioso que lo incluya todo.

¿Cómo la Unasur puede ayudar a combatir la crisis económica?

Teniendo una voz unida en los foros internacionales. Por ejemplo, estuvimos todos de acuerdo al exigir una recapacitación del Banco Interamericano de Desarrollo para que tenga recursos a proveer a los gobiernos, para que nuestros gobiernos tengan liquidez y puedan cumplir con las obligaciones que están surgiendo junto con las crecientes tasas de desocupación, el apoyo a las pequeñas empresas etc. Estamos trabajando muy unidos, muy bien.

¿Usted cree que las negociaciones de tratados de libre comercio de Ecuador, Colombia y Perú con la Unión Europea pueden dificultar la integración regional?

Chile también tiene un convenio de asociación con la UE. Y estos tratados no dificultan la integración. Por el contrario, contribuyen con ella. Por supuesto. –tadeu breda (cc)

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