los caminos que llevan a la asamblea

22/04/2009 § Deixe um comentário

Todo indica que Rafael Correa retendrá la presidencia ecuatoriana este domingo, pero puede que no sea suficiente para sus proyectos. Depende de una mayoría en el parlamento para dar continuidad a la “Revolución Ciudadana” que pretende llevar a cabo desde el gobierno. El reto: transferir su arrastre popular a su partido político Alianza País, que puede quedar en minoría.

>> publicado en terra magazine

Un tema preocupa el futuro político del presidente ecuatoriano Rafael Correa. Y no se trata de su reelección. Ésta parece estar garantizada por las previsiones de todas las encuestas realizadas en el país, unánimes en señalar la victoria del actual mandatario ya en la primera vuelta. Ni la oposición tiene dudas sobre su permanencia en el puesto. Tanto que los comicios del domingo 26 de abril podrían ser los más aburridos de la historia del Ecuador si no fuera por la indefinición que flota sobre la futura configuración de la Asamblea Nacional, justamente el tema de preocupación de Correa.

En 2006, el economista Rafael Correa fue elegido sin que su partido “Alianza País” presentara candidatos al congreso. Su discurso en aquellos días buscaba deslegitimar al ya desacreditado sistema político ecuatoriano definiéndolo como una “partidocracia”: una rígida composición de estructuras partidarias que administraba el país y legislaba de manera autista, en beneficio de sus propios grupos de poder y de espaldas para el pueblo.

Ahora, sin embargo, el presidente necesita de los asambleístas. Cuando ganó por primera vez, el momento político del Ecuador permitía la existencia de un gobierno sin partidarios en el parlamento. El país salía de un ciclo de inestabilidad institucional que había derrumbado a tres presidentes en poco más de ocho años. Entre 1996 y 2005, seis gobiernos diferentes pasaron por el Palacio de Carondelet, en Quito. Ninguno pudo mitigar el descontento popular con sus líderes. Correa sí.

Su principal propuesta fue convocar una Asamblea Constituyente. La nueva Carta serviría de trampolín para el “cambio” exigido por la población y prometido por el joven y sonriente economista que se presentaba como candidato.

Constitución a las apuradas

Correa fue el primer de muchos presidentes ecuatorianos a respetar el programa de gobierno presentado durante los comicios. Como resultado, Alianza País, que había salido de las elecciones del 2006 sin ningún representante en el parlamento, al año siguiente dominó la Asamblea Constituyente con 70 de los 130 escaños disponibles. El mandatario pudo, así, escribir la Constitución que había planeado y someterla a un referéndum popular que en septiembre del 2008, que ganó con una amplia ventaja.

La facilidad con que el gobierno ha aprobado algunos de los artículos más polémicos del texto constitucional, sin embargo, ha originado divergencias de orden práctico e ideológico que a lo largo del tiempo fueron reproduciéndose en el seno de la base gobiernista.

El cerebro que condujo la elaboración de la nueva Carta, por ejemplo, ha abandonado los trabajos en el medio del camino. Alberto Acosta dice que la razón de su renuncia fue el apuro del gobierno en presentar la nueva Constitución dentro del plazo establecido. El “atropello” habría impedido la ampliación del debate junto a los diversos sectores de la sociedad ecuatoriana y bloqueado la construcción de lo que Acosta llama “grandes consensos nacionales”. Además -garantiza el ex presidente de la Constituyente- ha provocado errores e imprecisiones en la redacción final del texto.

“Rafael Correa y Alianza País evaluaron que el retraso en la aprobación de la Constitución podría perjudicar el desempeño electoral del gobierno en la consulta popular. Hubo mucha presión para que los trabajos se concluyeran en la fecha prevista, mismo que muchos de los artículos fueran aprobados sin la debida discusión”, le dijo Acosta a Terra Magazine.

Desbandada

A pesar de la simpatía que ha adquirido junto al electorado ecuatoriano, Alberto Acosta no se presentó como candidato para ninguna de las dignidades que se disputan este domingo. No es el único. Alrededor de 40 políticos que defendieron el proyecto de Alianza País en a Asamblea Constituyente o abdicaron de los comicios o se postularon por otras listas. Más que nada, algunos partidos y movimientos sociales también dejaron de apoyar al presidente.

La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) es uno de los ex aliados de Correa. Para la Conaie, el colmo que desbordó el vaso de la conveniencia política fue la aprobación de la Ley de Minería el último enero. La más grande organización popular del país no aceptó que el gobierno liberara el suelo ecuatoriano para la extracción de oro, plata y cobre en escala industrial por empresas transnacionales.

Previendo graves daños ambientales a reservas naturales y territorios ancestrales, los indígenas protestaron. Su bandera fue la misma Constitución escrita y aprobada con el auspicio del gobierno, que entre otras cosas establece los derechos de la naturaleza, considera el agua como derecho fundamental del hombre y funda un estado plurinacional.

Rafael Correa respondió las protestas con la arrogancia que tanto se critica en su personalidad. Descalificó los indígenas como “izquierdistas infantiles” y los ambientalistas como “fundamentalistas ecológicos”.

“Se habla mucho en socialismo y revolución, pero cuando no estamos de acuerdo con alguna cosa, él directamente nos ofende y amenaza sofocar nuestras manifestaciones con el empleo de las Fuerzas Armadas. Éste no es el sentimiento de un gobierno del pueblo” argumenta Miguel Guatemal, vicepresidente de la Conaie.

Disolución de parlamento

Empero, los mismos sondeos que demuestran el favoritismo de Rafael Correa para la presidencia también revelan que Alianza País tendrá prácticamente mitad de los escaños en la Asamblea Nacional, o sea, 58 de los 118 curules en juego. Es mucho, pero no lo suficiente.

De acuerdo con las mismas encuestas, las segundas y terceras fuerzas políticas del parlamento serán el Partido Sociedad Patriótica (PSP) y el Partido de Renovación Institucional Acción Nacional (Prian). Son justamente las agremiaciones del segundo y tercero colocados en la carrera presidencial: Lucio Gutiérrez, ex presidente derrumbado en 2005, y Álvaro Noboa, magnate bananero que intenta por cuarta vez alzarse al poder.

Ambos grupos comparten una misma ideología neoliberal y la oposición al correísmo. En este punto coinciden con otros partidos de menor expresión electoral, como el Social Cristiano y el Demócrata Cristiano. Se ubican a la derecha del gobierno y no dudarán en cerrar sus filas contra los proyectos que Correa enviará a la Asamblea para “profundizar el cambio”. Entre ellos, está una Ley Antimonopolios que debe reducir el poder económico de grandes empresarios del país.

Tal vez por ello existan rumores de que el presidente disolverá el parlamento y convocará nuevos comicios si no logra la mayoría necesaria para dar continuidad a su proyecto de gobierno. Correa apuesta en una Asamblea afinada con la Revolución Ciudadana para impulsar “las reformas que faltan”, pero niega cualquier intención de deslegitimar las elecciones del pueblo. Si piensa o no piensa hacerlo, hay que tener en cuenta que la Constitución no lo impide.

Transfiriendo la imágen

El sociólogo Milton Benítez, de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, piensa que difícilmente Alianza País saldrá derrotada de las elecciones para la Asamblea Nacional. Si la oposición triunfa, empero, el académico solamente ve una salida para Correa: volver a las raíces populares que su gobierno perdió a lo largo de estos dos años de mandato.

“Cualquier desempeño más tímido de Alianza País sería bueno para el proceso que vive el Ecuador hoy día, porque el gobierno tendría obligatoriamente que desplazarse un poco más a la izquierda”, dice.

De momento, Correa trata de pasar su exitosa imagen a todos los candidatos que postula Alianza País para estos comicios. Desde el comienzo de la campaña, en todos los cantones del país, se pueden ver pancartas del presidente abrazado a cada aspirante a concejal, asambleísta, alcalde y prefecto. Su característica sonrisa es una constante.

Si el mercadeo consigue la eficacia que de él se espera, la Revolución Ciudadana avanzará en el ritmo que desea el presidente, salvo los obstáculos que derivados de la crisis económica en el medio del camino. Entonces será el tiempo de discutir la intensidad de los cambios que continuarán llegando y para dónde ellos llevarán el país: ¿socialismo del siglo XXI? ¿neoliberalismo con rostro humano? ¿socialdemocracia? ¿desarrollismo? Hasta la fecha nadie -con la excepción de Rafael Correa- sabe con exactitud. (c)

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“la crisis marca la reelección de correa”

16/04/2009 § 1 comentário

El 26 de abril Ecuador acude a las urnas. Todo indica que Correa ganará las elecciones en la primera vuelta. La crisis y la oposición a algunas medidas impopulares marcan el final del primer mandato.

>> publicado en periódico diagonal

Por primera vez desde 1979, cuando la democracia liberal regresó a Ecuador, un presidente en el ejercicio del poder podrá postularse a la reelección. El que ha puesto fin a este tabú histórico es Rafael Correa, un economista de 45 años salido de los cuadros docentes de la mayor universidad privada del país, con estudios en Bélgica y EE UU. Tras un rápido paso por el Ministerio de Economía y Finanzas en 2005 y ganar las elecciones en 2006, todo indica que el mandatario repetirá otros cuatro años tras los comicios del 26 de abril.

Correa es considerado por muchos –incluso por sectores de la oposición– como un candidato imbatible. Algo tienen que ver su carisma personal, la buena estrategia de comunicación y el deseo popular de cambios, en perfecta sintonía con algunas de las medidas implementadas en estos dos años de presidencia. Otra de sus grandes ventajas es la falta de contrincantes de altura. “De cara a las elecciones, vemos que no hay candidatos habilitados para derrotar a Correa. El presidente ha conseguido inculcar en la población la idea de un nuevo proyecto para el país y hacer que el pueblo votara por el cambio”, analiza Ruth Hidalgo, directora del observatorio electoral Participación Ciudadana.

Para ella, los grupos políticos que ahora se encuentran en la oposición todavía no han comprendido que deben cuestionarse sus propias estructuras y trabajar a partir de un nuevo proyecto político. “Aún están pensando en recuperar las viejas prácticas. Mientras éste sea el pensamiento de los partidos tradicionales, no habrá para ellos posibilidad de victoria”.

Una de las principales medidas del gobierno de Correa fue la convocatoria de la Asamblea Constituyente y la redacción de la nueva carta magna. El texto, aprobado por un referéndum popular en septiembre de 2008, contiene importantes cambios. En primer lugar, declara que el “sistema económico es social y solidario” –en vez de una “economía social de mercado”– y prohíbe formas precarias de trabajo, como la tercerización y el contrato por horas.

También vincula la política agraria con principios de soberanía alimentaria y refuerza una serie de derechos, algunos de ellos inéditos: “La Naturaleza o Pacha Mama, donde se reproduce la vida, tiene derecho de ser respetada integralmente en su existencia, preservación y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos”, dice el texto constitucional.

Además, Ecuador se define como un Estado plurinacional, lo que en teoría significa que todas las etnias del país –sobre todo las indígenas– son libres para ejercer sus especificidades culturales, lingüísticas y económicas en vez de someterse al patrón europeo impuesto a lo largo de los siglos.

La polémica ley de minería

Aquí terminan –pero también empiezan– los problemas. En enero, el Congreso de transición aprobó una nueva ley de minería. Patrocinada por el Gobierno de Rafael Correa, el texto abre camino para la explotación de las reservas de oro y cobre descubiertas dentro de territorios indígenas y áreas de protección ambiental (sobre todo en la cordillera del Cóndor).

Las excavaciones podrían ser realizadas por mineras transnacionales. Prueba de ello fue el reciente encuentro del presidente con empresarios canadienses, a los cuales garantizó “muchas oportunidades de negocios”. Y también la visita del subsecretario de Minas a una feria mundial del sector, en Toronto (Canadá), donde anunció a los inversores que la minería a gran escala podría empezar a desarrollarse de inmediato en los yacimientos del país. El Gobierno pretende firmar los contratos de 25 proyectos extractivos este año.

La oposición ecologista e indígena critica que la decisión oficial de promover la explotación a cielo abierto de las reservas minerales del país entra en contradicción con los principios de soberanía nacional, buen vivir, plurinacionalidad y los “derechos de la naturaleza” previstos en la Constitución. También va en contra de algunas medidas ecologistas del Gobierno, como el proyecto de buscar créditos internacionales –350 millones de dólares anuales– para mantener bajo tierra el petróleo de los yacimientos amazónicos de Ishpingo-Tambococha-Tiputini y, así, preservar la selva.

“Toda persona, comunidad, pueblo o nacionalidad podrá exigir a la autoridad pública el cumplimiento de los derechos de la Naturaleza”. Invocando esa determinación constitucional, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) ha retirado el apoyo que dio a Correa en las elecciones de 2006 y en el referéndum del año pasado.

Una de las principales críticas de Miguel Guatemal, vicepresidente de la organización, es la arrogancia del presidente frente la oposición de los movimientos sociales. “Correa ha dicho que somos minorías, noveleros, infantiles y muchas otras cosas. Y las ofensas no se destinan solamente al movimiento indígena, sino a todos los grupos que se contraponen a sus propuestas. También ha amenazado con reprimirnos con las fuerzas armadas. Éste no es el sentimiento de un Gobierno del pueblo”.

“La riqueza minera en este país es inmensa, supera los 200.000 millones de dólares de lo verificado. En nombre de que no se tope un árbol, un pájaro, etcétera, ¿dejamos eso sin tocar?”, se preguntaba el presidente el 1 de diciembre de 2007. “Destruir la selva puede ser inmoral, pero aún más inmoral es renunciar a los recursos que pueden sacar el país del subdesarrollo, que pueden eliminar la miseria de nuestra patria”.

El Gobierno cuenta con los recursos que nacerán de la explotación intensiva del oro, plata, cobre y otros minerales no metálicos para equilibrar las finanzas públicas frente a la crisis internacional, el bajo precio del crudo ecuatoriano (entre 40 y 50 dólares el barril), la caída en la producción de petróleo y sus gastos sociales con bonos, de desarrollo humano y subsidios, que exigen un presupuesto anual de miles de millones de dólares. Numerosos analistas señalan que la actividad minera, de alguna manera, puede significar la salvación económica del proyecto de Correa.

La Conaie, empero, razona desde otro punto de vista. Con la nueva ley de minería, “ciertamente habrá recursos económicos durante el mandato del presidente. Sin embargo, estos recursos no van a sanear el daño que sufrirá el medio ambiente. ¿Cómo quedará el país en 100 años? Ahora existen minerales que pueden ser explotados, pero no van a durar para siempre. Y entonces habremos destruido la naturaleza y habrá más pobreza, más hambre y no habrá empleo”.

Adelante en las encuestas

A pesar de las críticas al Gobierno, según los últimos sondeos electorales, Rafael Correa sería reelegido con el 50% de los votos, seguido de lejos por el magnate bananero Álvaro Noboa y el ex presidente Lucio Gutiérrez, cada uno con poco más del 10% de la intención de voto. De confirmarse, Correa ganaría en la primera vuelta, según la ley electoral.

Pero el correísmo no es solamente márketing. Su administración ha reconstruido la infraestructura pública en salud y educación. En términos generales, Correa es considerado como el primero de muchos presidentes ecuatorianos en mantenerse fiel a sus promesas de campaña: más allá de la aprobación de una nueva Constitución, los contratos de explotación petrolífera fueron todos renegociados en beneficio del Estado, la deuda externa está pasando por una auditoría que promete no pagar la “deuda ilegítima”, la política externa es manejada de manera soberana, los más ricos fueron obligados a pagar los impuestos que debían a la hacienda pública, el consumo de productos “hechos en Ecuador” viene siendo incentivado como camino para desarrollar la industria nacional…

La crisis económica es otro factor que debe preocupar al presidente, que recibe críticas de la oposición por haberse gastado, según su versión, las reservas internacionales de Ecuador en sus procesiones por el país, apariciones audiovisuales y publicidad oficial.

A la baja cotización internacional del petróleo, hay que añadir la caída del envío de remesas internacionales al país (ver pág.33), importante fuente de renta para la población que posee familiares trabajando en los EE UU, España e Italia. Según el Banco Central del Ecuador, en el último trimestre de 2008 cayeron un 22% con respecto al mismo periodo del año anterior.

La falta de dinero para combatir la crisis que se avecina ha provocado que Correa tomara iniciativas que, para muchos, también contradicen los principios de su Gobierno y algunos puntos de la Constitución. La administración anunció recientemente la venta del Banco del Pacífico y la posibilidad de deshacerse de otras empresas estatales que no ofrezcan ganancias significativas. El mal momento financiero tampoco ha impedido que Correa se acercase a organismos internacionales de crédito. Cualquier negociación con el FMI está descartada, pero la administración ecuatoriana ahora verifica con las entidades BID, CAF y Flar la posibilidad de obtener un préstamo de 1.500 millones de dólares. (cc)

“se ha hecho mucho, está todo por hacer”

14/04/2009 § Deixe um comentário

raoni maddalena

Alberto Acosta fue el presidente de la Asamblea Constituyente que en 2008 escribió la nueva Carta Magna del Ecuador. Pero no lideró el proceso hasta el final. Algunas divergencias entre él y el presidente Rafael Correa hicieron con que Acosta renunciara a su puesto un mes antes de terminados los trabajos de discusión y redacción del texto.

En esta entrevista, este economista de 60 años habla del apresuramiento que dominó los últimos días de la Constituyente y de algunos errores e imprecisiones del texto final. También critica la contradicción entre algunas medidas del gobierno y los derechos de la naturaleza, los principios del buen-vivir y la plurinacionalidad – aunque reconozca la situación delicada del Régimen en estos días de crisis económica y escasez de recursos.

Por fin, Alberto Acosta hace recomendaciones puntuales para un nuevo modelo de desarrollo para el Ecuador, que definitivamente deje para tras el extractivismo y apunte para una economía que se desenvuelva a partir de las capacidades humanas y no en la explotación de la naturaleza.

>> publicado en terra magazine

¿Por qué usted renunció a la presidencia de la Asamblea Constituyente antes de finalizados los trabajos?

Creo que ésta ya es una noticia pública. Yo era partidario de ampliar un poco los trabajos de la Asamblea en tres semanas, máximo un mes, para poder continuar la discusión con más tranquilidad y no terminar de una manera atropellada, sin cumplir con todos los requisitos que estaban establecidos. Entiendo que eso provocó el rechazo de algunos sectores o fue pretexto para que algunos sectores se quejaran de que no se había cumplido con el plazo establecido por el pueblo ecuatoriano en la consulta popular, pero creo que se debía haber arriesgado ese tiempo mayor para tener una Constitución de mejor calidad, elaborada de una manera más tranquila.

¿Quién salió perjudicado?

El país. Yo no perdí absolutamente nada, no tenía ni tengo ningún afán de obtener beneficios personales, hice todo el mejor esfuerzo posible para convocar a la sociedad a un gran debate nacional, a una gran discusión. Lamentablemente, al final eso ya no fue posible, como había previsto.

Y la Constitución, ¿en qué puntos salió perjudicada?

Hay varios artículos en donde la redacción no es clara, en donde hay contradicciones y en donde hay errores, producto de haber redactado la Constitución con muy poco tiempo al final. La comisión de redacción duró apenas nueve días. Yo quería que la comisión de redacción tuviera de un mes a un mes y medio para terminar su tarea. Entonces, cuando se hacen las cosas al apuro, rápidamente, se cometen errores.

¿En qué artículos usted apuntaría tales errores?

En el artículo 408, en donde se vinculó el tema del espectro radioeléctrico, que tiene que ver con las radiodifusoras, y con el manejo de los recursos naturales no renovables. Yo creo que ahí se cometieron errores.

¿A qué se debió esta presión para que la Constitución se terminara pronto?

Había una disposición del pueblo ecuatoriano aprobada en referéndum el día 15 de abril del año 2007 para que la Asamblea Constituyente trabajara durante seis meses con un máximo de dos meses adicionales y entregara la Constitución en un plazo no superior a ocho meses. Lamentablemente, por diversas razones, no fue posible cumplir los plazos previstos. Nos demoramos mucho, y cuando ya faltaba más o menos un mes, un mes y medio, yo comencé a advertir que no podíamos terminar la Constitución al mismo ritmo, ampliando el debate, dando espacio a la participación de la ciudadanía, y que eso demandaría otro tipo de conducción en la Asamblea. Esa otra conducción, yo no la iba a liderar. Soy partidario de un proceso democrático. Creo que en un momento de duda es mejor tomarse el tiempo y abrir la puerta a más democracia.

¿Por qué se hizo el camino reverso? ¿Por qué hubo el apuro?

Porque el presidente de la República y el Movimiento País creían que era necesario cumplir el plazo, porque de lo contrario corríamos el riesgo de no tener un buen resultado en las elecciones, en la consulta popular. Éste fue el motivo.

¿Usted cree que hay medidas del gobierno que entran en contradicción con el texto constitucional?

Sí. En el tema minero, por ejemplo, la Ley de Minería está en contradicción con lo que establece la Constitución. Se debería haber priorizado más los derechos de la naturaleza, los derechos del buen-vivir, los derechos del agua como el derecho humano fundamental y algunas otras cosas más. Creo que eso termina por afectar a la Constitución. Lamentablemente el gobierno nacional no ha sido muy coherente con la nueva Carta Política. Recuerde que se permitió que el Tribunal Constitucional se transforme en Corte Constitucional, cuando eso no estaba previsto. Entonces yo creo que son algunas de las cosas que debemos tomar en consideración.

¿A qué se deben estas contradicciones si fue el propio gobierno Correa quien impulsó la Constitución?

El gobierno del presidente Correa fue el autor de la Constitución, pero lamentablemente el mismo gobierno en estos momentos está muy apurado en llevar adelante una serie de medidas para transformar el país y está poniendo en riesgo la Constitución. En este sentido creo que debemos estar atentos a lo que significa eso.

¿Por qué está el gobierno apurado?

Quiere hacer las cosas, no quiere demorarse mucho.

¿Cuáles cosas?

Cambiar el país, transformar el Ecuador. Quiere hacer en realidad una revolución en el país, pero ahí comete errores cuando no se respeta la Constitución, porque se pone en riesgo la estabilidad democrática cuando se está afectando la institucionalidad del país.

Pero ¿de qué manera quiere cambiar el país? Porque en algunos aspectos la Constitución dice una cosa y el gobierno hace otra…

En algunos casos lo que quiere es simplemente hacer realidad la posibilidad de nuevos ingresos económicos, por ejemplo, con el tema de la minería. Y eso es grave porque nos seguimos manejando dentro del mismo esquema de una economía extractivista, que no saca el producto sin afectar la naturaleza, sino más bien afecta a la naturaleza, afecta a las comunidades. Seguimos siendo un país primario-exportador.

Y eso, en el caso, no sería un cambio.

No, definitivamente no sería un cambio.

¿Y por qué Correa insiste en este modelo?

Pregúntale a él.

Pero, ¿en su visión?

En la mía, yo creo que hay una falta de consciencia en comprender qué significa la economía extractivista, la economía primario-exportadora.

Él es economista también, ¿no?

Sí, es economista, pero tiene una visión diferente.

¿Qué tipo de modelo usted propone?

Propongo ya ir pensando muy en serio una economía post-petrolera y post-extractivista. Nuestros países no han logrado desarrollarse porque permanentemente están esperando que sean los recursos naturales y la generosidad de la naturaleza los que ayudan a resolver los temas de financiamiento de las economías. Eso no ha permitido desarrollarnos. Hemos sido un país cacaotero, bananero, floricultor, camaronero, petrolero y ahora se sueña con ser un país minero. Me creo que eso es un error.

¿Cuál sería la alternativa?

Hay que ir desarrollando los recursos naturales sin afectar el medio ambiente, hay que ir potenciando las capacidades de los seres humanos. Es decir, el esfuerzo no tiene que ser de la naturaleza, sino que preferentemente de los seres humanos. Creo que Ecuador no necesita explotar la minería en gran escala a cielo abierto, nosotros tenemos otras potencialidades. Tenemos que desarrollar la agricultura base al trabajo de los campesinos, tenemos que desarrollar el turismo –sobre todo el ecoturismo comunitario–, la artesanía y otras formas de aprovechamiento de nuestra riqueza, sobre todo recordando que la verdadera fortaleza del país, la verdadera riqueza, es la biodiversidad y que ahí tenemos nosotros la posibilidad de aprovechar un verdadero banco de germoplasma y potenciar todas las capacidades que existen.

Son los planteamientos del movimiento indígena, ¿no?

Son planteamientos del movimiento indígena que también fueron, a un momento dado, planteamientos del presidente Correa.

¿Cómo comprender el cambio en el gobierno Correa?

No diría necesariamente que hay un cambio. Es una visión no compartida de cómo se puede salir en dirección a una economía post-extractivista. Creo que éste es un tema que todavía no está claro.

¿Por qué Correa insiste en el modelo extractivista?

Porque no está convencido. Él necesita los recursos económicos inmediatamente, estamos en una crisis. Entonces tal vez es una postura esperada por tener los recursos económicos. Le entiendo que tiene estas presiones, pero debería en largo plazo encontrar una mejor solución. Él puede conseguir en este rato quizás incluso un anticipo por los precios de los recursos que se van a extraer en términos de cobre, de plata y de oro, pero a mediado y largo plazo los costos pueden ser mucho mayores. Los pasivos ambiental y social pueden ser mayores de lo que se recibe como ingresos por efecto de impuestos o regalías o como anticipos de los recursos mineros.

¿Cuál sería la mejor manera de combatir la crisis en Ecuador?

La mejor manera que hay en Ecuador en primer lugar es tratar de priorizar las inversiones existentes atendiendo a la generación de empleo, garantizando el empleo, porque la crisis puede golpearnos. Lo que nosotros queremos es garantizar el empleo y adicionalmente tener una visión de más largo plazo para ir construyendo otro tipo de economía. Para ponerlo de manera más gráfica: es como un automóvil que tiene simultáneamente luces hacia abajo y luces intensas. Nosotros tenemos que resolver los problemas actuales y prepararnos para resolver los problemas de largo plazo: no sólo que la crisis no golpee más a los que menos tienen, sino que salir en mejor posición luego de la crisis.

¿Cómo?

Aprovechando la biodiversidad, dejando de ser un país productor de recursos minerales y petroleros, aprovechando y desarrollando las capacidades de los seres humanos, teniendo una visión diferente del país.

¿O sea, apostar en una economía social y solidaria como lo plantea la Constitución?

Una verdadera economía social y solidaria, que sirve para hacer realidad el buen-vivir. El buen-vivir, ¿qué es? La vida en armonía del ser humano consigo mismo, del ser humano con sus congéneres y del ser humano con la naturaleza.

¿Sería desarrollar la economía campesina…?

Hay que desarrollar todo, incluso a la industria, pero respetando las capacidades nacionales y sobre todo el equilibrio ambiental.

¿El gobierno está cumpliendo con los principios de la plurinacionalidad?

No, no cumple con el tema de la plurinacionalidad, no está dispuesto a avanzar en eso porque hay un problema coyuntural. El gobierno está en disputa con el movimiento indígena, no está sintonizado con el movimiento indígena y eso genera dificultades.

Eso por el tema de la minería sobre todo, ¿no?

Por la Ley de la Minería y otro tipo de elecciones que ha adoptado el gobierno, como ha sido, por ejemplo, la cuestión del manejo del Sistema Nacional Intercultural Bilingüe. Lo ha quitado a la Conaie (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) para darle a la Fenocin (Confederación Nacional de Organizaciones Campesinas, Indígenas y Negras). Creo que no fue una buena solución. Había que buscarse un sistema más independiente, se debía haber trabajado de otra manera, pero no quitarle a un grupo para darle a otro que es contestatario a la Conaie.

En el libro Breve Historia Económica del Ecuador usted dice que la economía del país siempre ha estado ligada muy fuertemente a las economías de los países centrales. Ahora, ¿cómo está Ecuador?

Seguimos exactamente igual, pero mucho más ligados de que antes, porque además recuerde que nosotros ya no tenemos moneda nacional, no tenemos política monetaria ni política cambiaria, entonces cualquier problema que haya alrededor del dólar o de la economía internacional repercute inmediatamente en la economía ecuatoriana.

¿Qué medidas podría tomar el gobierno para empezar a respetar sobre todo la plurinacionalidad, los principios del buen-vivir y los derechos de la naturaleza?

En primer lugar, el gobierno tiene que entender que la Constitución debe ser respetada. La Constitución no sólo es una herramienta o un pretexto para cambiar las reglas del juego para que se reelija una vez más al presidente Correa. La Constitución es una suerte de pacto o proyecto de vida en común elaborado por la sociedad de cómo queremos organizarnos. Eso me parece a mí que tiene que ser suficientemente entendido. La Constitución tiene que ser respetada por el gobierno y por toda la ciudadanía. La Constitución no es del presidente Correa, la Constitución es de la ciudadanía. Éste es el primer punto. Un según punto importante tiene que ver con crear las condiciones para que la gente participe en los debates. Para la Ley Minera no hubo un amplio debate, no hubo tiempo para discutirla, incluso apenas se acabaron las vacaciones de Navidad presentaron la Ley –creo que fue el lunes 9 de enero– y se aprobó el jueves 12 de enero. No hubo tiempo para un gran debate nacional. Creo que éste es otro de los elementos básicos de la nueva Constitución: las posibilidades de participación ciudadana, cómo cristalizar eso. Entonces, con estos elementos nosotros tenemos que abrir la puerta para que la Constitución se haga realidad.

¿Cómo define usted la Revolución Ciudadana?

Como un intento por transformar el Ecuador con amplia participación de la misma ciudadanía. Un intento en donde no puede haber alguien que aparezca como el portador de la voluntad política colectiva. No necesitamos aquí seguidores, sino pensadores. No necesitamos gente que aplauda, sino gente que discuta, que se levante, que participe activamente en la elaboración y construcción de un nuevo país.

No es lo que está pasando, ¿no?

La Revolución Ciudadana por lo pronto tiene un déficit importante de ciudadanía.

¿Hacia dónde va a Revolución Ciudadana del presidente Correa?

Hay que ver qué sucede en le proceso electoral, con cuánto gana el presidente Correa y después si él está dispuesto o no a recuperar las raíces de la Revolución Ciudadana.

Hay una esperanza que las cosas mejoren, entonces.

Siempre hay esperanza. Como dicen en la provincia de Manabí, “mientras el alma esté en el cuerpo, valor tiene la esperanza”.

¿Se puede decir que en Ecuador hay un choque de dos modelos de desarrollo?

Está en disputa un modelo de desarrollo. Estamos tratando de superar el modelo de desarrollo neoliberal, primario-exportador, pero todavía no hay una cosa muy clara de qué es lo que se quiere hacer. Las cosas no cambian de la noche a la mañana. Todavía, a momento, vemos que es una suerte de socialdemocracia con aroma liberal lo que existe en el país, ya que está todavía muy permeado por las lógicas neoliberales. Algunas cosas han cambiado –y bien, positivamente–, otras todavía no.

¿Por ejemplo?

Ya no depender del Fondo Monetario Internacional ni del Banco Mundial. El gobierno ha tomado una distancia. Ahora, lamentablemente, con la crisis vamos a tener que regresar, pero ojalá no sean muy nocivas las relaciones con estos organismos, si es que se regresa. Yo no digo que hay que regresar, pero a lo mejor…

¿Cuál sería la ventaja en no firmar un TLC con EEUU pero sí con la UE?

Creo que en eso está el gobierno equivocado. Firmar un tratado con la UE es lo mismo que firmar con los EEUU. Los TLC, tal como están planteados, no ayudan en el desarrollo de nuestros países. Lo que requerimos son tratados comerciales firmados sobre bases de equidad, no TLC que ahondan la dependencia y frustran las posibilidades de desarrollo.

¿Lo mismo con prestar dinero del BID o del Banco Chino en vez de recurrir al FMI?

Vamos a ver qué pasa. Han cambiado las condiciones. Los organismos multilaterales –como el FMI, el Banco Mundial o el BID– ya no tienen la misma fortaleza ideológica que en otras épocas. El gobierno va a tener que ser un poco más cuidadoso, pero naturalmente es muy arriesgado negociar con ellos, muy peligroso. Si hay que hacerlo, tendrá que hacerse con mucho cuidado para no caer nuevamente preso en las redes del Consenso de Washington.

¿Cuáles serían los principales retos de Correa si gana las elecciones?

Hacer realidad la Revolución Ciudadana. Él tiene entre manos un enorme reto y un enorme desafío.

¿Qué puntos subrayaría usted?

En todo. Hay que trabajar en todos los ámbitos. Por ejemplo, en el económico, tendrá que resolver lo de la crisis, como le digo, dando respuestas a corto plazo y a largo plazo, simultáneamente. Tendrá que resolver el tema de la inequidad que existe en el país, porque todavía hay demasiados ricos muy ricos y pobres muy pobres aquí. Tal vez temas como el de la reforma agraria sería uno de los caminos. Tendrá que hacer realidad lo que dice la Constitución: que los banqueros sean banqueros y nada más que banqueros. Los banqueros tendrán que vender, por ejemplo, sus medios de comunicación, los canales de televisión con los cuales influyen en la vida política. Está todo por hacer. Se ha hecho mucho, está todo por hacer.

¿Usted no pensó en salir candidato en estos comicios?

No, no, para nada. No me interesa.

¿Ni en el futuro?

En el futuro no sé, no traje la bola de cristal. Rs. (cc)

las correas de la revolución ciudadana

02/04/2009 § Deixe um comentário

Rafael Correa debe ganar las próximas elecciones ecuatorianas el 26 de abril. La estabilidad del país en los dos años en que estuvo en la presidencia y la aprobación de una nueva Constitución justifican su permanencia en el puesto. Pero algunas de sus más recientes medidas lanzan dudas sobre qué dirección tomará su gobierno. Ante todo, hacen cuestionar hasta qué punto el correísmo está dispuesto a cambiar el país.

>> publicado en rebelión.org

Basta caminar por las calles de Quito para ver los resquicios de la más reciente movilización social contra las decisiones de un gobierno ecuatoriano. Las protestas ocurrieron en enero y pedían a Rafael Correa el rechazo a la Ley de Minería que el “Congresillo” (como los ecuatorianos llaman el parlamento de transición) acababa de aprobar. La negativa del presidente no vino, pero en las paredes quedaron las huellas del desacuerdo popular con la medida que mejor ejemplifica la complejidad política de la Revolución Ciudadana en marcha en el país.

La minería en escala industrial es una de las principales apuestas de Correa para el futuro económico que él planea para el Ecuador. Es la fuente de ingresos que más rápidamente podrá suplir la decadencia del negocio petrolero o mismo una supuesta escasez del crudo en territorio nacional debido a la inexistencia de nuevos yacimientos.

Las petroleras públicas y privadas que operan en el país acaban de divulgar una caída de 8,8 millones de barriles en la productividad prevista para 2009. La reducción más grande se registra en el sector privado, que disminuyó sus inversiones bajo la justificación de “incertidumbres” contractuales con el gobierno. El anuncio representa una pérdida de 268 millones de dólares para la economía y viene justo en una época en que, además de la crisis internacional, las finanzas públicas no van muy bien.

– La riqueza mineral en este país es inmensa, supera los 200 mil millones de dólares. ¿Vamos a dejarlo todo intocado en nombre de no topar un árbol o un pájaro? – se preguntó el presidente en una de sus defensas de la minería. – Destruir la selva puede ser inmoral, pero aún más inmoral es renunciar a los recursos que pueden sacar el país del subdesarrollo, que pueden eliminar la miseria y la pobreza de nuestra patria.

Hoy día, toda la actividad minera ecuatoriana se realiza de manera artesanal, por pequeñas empresas, cooperativas o comunidades tradicionales. Desde la Colonia (y antes) ha sido así. Con la nueva Ley, el gobierno abrió de una vez las puertas para compañías transnacionales dispuestas a explotar intensivamente los yacimientos de oro y cobre recién descubiertos en el país. Algunas mineras extranjeras ya habían iniciado trabajos de licenciamiento ambiental y exploraciones acerca de la cantidad y calidad de los minerales en las áreas concesionadas. Hace un año y medio aguardan un nuevo marco legal para empezar las prospecciones.

Correa recibió en febrero una comitiva de inversionistas canadienses de los sectores minero y energético, a los cuales garantizó “buenas oportunidades de negocio”. Y, a comienzos de este mes, envió su subsecretario de Minas a una convención en Toronto. Allí, el funcionario presentó las dádivas del suelo ecuatoriano a las mayores mineras del mundo y anunció que la explotación puede iniciarse inmediatamente. La expectativa del gobierno es firmar contracto con las transnacionales interesadas hasta finales del año.

Fue justamente por abrir el paso al capital extranjero y legalizar la minería en gran escala en el Ecuador que Rafael Correa tuvo que enfrentar una nueva ola de protestas. Las manifestaciones se posicionaron radicalmente en contra de la actividad minera, pero no fueron tan grandes como las que derrumbaron el presidente Lucio Gutiérrez el 2005. Tampoco agregaron ciudadanos de todas las clases sociales, como entonces. Quien se levantó con mayor fuerza fue, una vez más, el movimiento indígena y sus simpatizantes urbanos –ecologistas, sobre todo–.

Desde por lo menos 1990 la Conaie (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) viene luchando por la fundación de un estado plurinacional y por un nuevo abordaje social y económico respecto a la explotación de los recursos naturales.

Llegó a aportar nuevos valores a la política ecuatoriana a partir de una relectura de sus raíces étnicas, históricas y culturales; coloreó con la wipala la monótona “partidocracia” que mantenía el país en la pobreza de muchos y en el privilegio de pocos; por un momento, se pensó que sería el agente del cambio en Ecuador, que haría germinar la semilla de una alternativa a la herencia civilizadora europea. Sus liderazgos, empero, eligieron la vía electoral y, dentro de ella, acabaron estableciendo pactos (con Gutiérrez, por ejemplo) que arrojaron muchas de sus propuestas llenas de esperanza al desprestigio folclórico.

Aún así, la nueva Constitución ecuatoriana, aprobada en septiembre del 2008, contempla muchas de sus demandas al establecer que “la Naturaleza o Pacha Mama, donde se reproduce y se realiza la vida, tiene el derecho a ser respetada integralmente en su existencia, preservación y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos”; o al reconocer relativa autonomía político-administrativa a las “circunscripciones territoriales indígenas o afro ecuatorianas”.

Es por el cumplimiento integral de estos principios constitucionales que la Conaie y los movimientos ambientalistas (calificados por Correa de “izquierdistas infantiles” y “fundamentalistas ecológicos”) protestaron y siguen protestando contra la Ley de Minería. No en vano la aprobación del texto fue la principal razón por la cual el partido del presidente –Alianza País– ha perdido parte de su apoyo político y electores para los comicios del 26 de abril.

– Para Correa, los lugares donde se encuentran los recursos naturales tienen que ser explotados de cualquier manera – afirma Miguel Guatemal, vicepresidente de la Conaie. – Hay propuestas en conjunto con transnacionales que quieren trabajar en los territorios sin respetar a las poblaciones asentadas. No estamos de acuerdo, porque sabemos que el apoyo a la actividad de grandes empresas siempre crea dos grupos: el uno de privilegiados y el otro de excluidos.

Las pintadas esparcidas por los muros de Quito dicen que “el agua vale más que el oro” y que “toda mina extermina”. Son voces que se expresan en la capital del país, pero que nacen de las regiones que se encuentran en la línea de frente de la extracción, sea en la Costa, en los Andes o en la Amazonía ecuatoriana. Traen consigo la vivencia directa de los impactos sociales y ambientales provocados por la explotación mineral y petrolera en el país.

Muchos ejemplos ilustran la degradación a lo largo de la historia y geografía del Ecuador. Algunos de ellos son bastante recientes. El último día 25 de febrero, 14 mil barriles de crudo fueron derramados en la región de El Chaco, en el norte del país, debido al rompimiento de un oleoducto subterráneo. Más de 47 comunidades indígenas y campesinas fueron afectadas. Fuentes de agua que sirven a 30 mil personas se contaminaron, y los efectos del derrame pudieron ser sentidos a una distancia de 500 kilómetros del local del accidente, con personas hospitalizadas y la muerte de peces.

El mayor símbolo del descaso con el medioambiente ecuatoriano, sin embargo, tiene nombre y apellido: Chevron-Texaco. Desde 1993 la empresa estadounidense enfrenta uno de los más grandes procesos judiciales de la historia, por medio del cual 30 mil indígenas y campesinos de la Amazonía demandan indemnizaciones que pueden llegar a 27 mil millones de dólares por daños sociales y ambientales provocados durante los 28 años en que la empresa estuvo en el país.

“Durante la época en que operó Texaco en Ecuador, la transnacional decidió que, para maximizar sus ganancias, no utilizaría las técnicas ambientales estándares de la época, que consisten en reinyectar al subsuelo las aguas de formación y desechos tóxicos que suben durante el proceso de perforación”, dice un informe de la Frente de Defensa de la Amazonía, que conduce la acción. Texaco despejó a cielo abierto millones de galones de substancias tóxicas y carcinogénicas, resultado de la producción de los aproximadamente 1,5 mil millones de barriles de petróleo que consiguió extraer entre 1964 y 1992. Estimativas dan cuenta de que sólo la reparación de las áreas afectadas no saldría por menos de 6 mil millones de dólares.

– Alrededor de 4 millones de hectáreas en la Amazonía ecuatoriana están bajo concesión de empresas extranjeras, sin respetar territorios indígenas o reservas naturales – explica Esperanza Martínez, de la ong Acción Ecológica.

Estudios realizados por la organización el 2004 revelan que la tasa de mortalidad infantil en las zonas amazónicas donde hay explotación petrolera es de 133 por mil en niños de cero a cinco años. La media del Ecuador es de 17,6 por mil.

Semejante discrepancia ocurre con la incidencia de cáncer y demás enfermedades relacionadas a la toxicidad de los desechos petroleros. “Cada familia residente en las cercanías de los campos de explotación reporta una pérdida de ocho vacas, cinco chanchos, dos caballos y 43 gallinas, además de 2,6 hectáreas de tierra dañada”, complementa la investigación Ecuador ni es ni será país amazónico.

Como si de por sí ya no fuera suficiente, todos los representantes de las etnias tetete y sansahuari poco a poco fueron desapareciendo a lo largo de los años en que Texaco mantuvo sus actividades en el país. Ahora, dos otros pueblos en aislamiento voluntario (tagaeri y taromenae) corren los mismos riesgos por causa de una concesión estatal para explotación de petróleo en los límites de la reserva de Yasuní, también en la región amazónica.

Una de las principales concesiones del gobierno para la nueva fase de minería en escala industrial se ubica en la Cordillera del Cóndor, en la frontera en Perú. La disputa territorial por esta cadena de montañas –hogar de una riqueza biológica única en el mundo– ha provocado una guerra con el país vecino en 1995.

Ahora, con el apoyo de las mineras que pretenden explotar el cobre de la región, se cuece un nuevo conflicto con los más de 100 mil shuar que desde siempre –antes de que existiera estado o interés nacional– habitan la cordillera y han garantizado su preservación. Su derecho ancestral fue violado en el momento en que el gobierno estableció que 200 mil hectáreas de sus tierras serían asignadas a la minería, sin al menos consultarles acerca de la posibilidad.

Según Santiago Kingman, que hace más de 20 años trabaja con las comunidades de la región, en 2007 los shuar se radicalizaron y ocuparon campamentos de las empresas que ya daban inicio a la exploración mineral en su territorio. El sociólogo relata casos de disputas internas dentro de las comunidades tras la llegada del negocio minero.

– Cuando Correa respalda la actividad empresarial minera, afecta el equilibrio de fuerzas en la región, así como la diferente capacidad financiera de los grupos favorables y contrarios a la entrada de las mineras – cuenta.

La lucha entre preservación ambiental y explotación capitalista de los recursos naturales reflejada en las actividades minera y petrolera (y en la oposición a ellas) simboliza como ninguna otra la complejidad política e ideológica en que está metido el gobierno de Rafael Correa. Materializa, además, el debate contemporáneo sobre la adopción de modelos de desarrollo por sociedades que vienen expoliando a la naturaleza en nombre de una idea de progreso cada día más cuestionable.

Correa ha surgido como opción electoral en 2006. En la época, los ecuatorianos se recomponían del último de una serie de golpes de estado cívico-militares que desde 1996 habían lanzado el país a una aguda crisis institucional.

La insatisfacción con los seguidos gobiernos se dio principalmente por causa de las políticas de reestructuración macroeconómica y desmantelamiento del estado que eran aplicadas desde finales de los 1980 y que serían legalmente autorizadas por la Constitución de 1998. Como barrera social a este proceso emergió el movimiento indígena y, tras el, una movilización popular policlasista que, dentro de su pluralidad, coincidía en exigir el fin de la corrupción y del clientelismo oligárquico y la profundización de la democracia en el Ecuador.

Rafael Correa pudo unificar electoralmente el país porque en su permanente sonrisa reflejaba tales demandas. Estaba libre de vínculos con la “partidocracia” que hasta entonces había gobernado el país, era una figura joven y ofrecía a los electores una Revolución Ciudadana a ser viabilizada por la aprobación de una nueva Constitución, que ampliaría derechos y atendería a las históricas exigencias populares.

En buena medida, el carismático presidente fue el primer de muchos jefes de estado ecuatorianos a cumplir sus promesas de campaña. Por ello, es el favorito para vencer una vez más las elecciones y permanecer por lo menos cuatro años más en el puesto. Empero, muchos ya no creen que sea un político de izquierda, que vaya a emprender un cambio más profundo en el país o mismo que siga con más rigor lo que dice la Constitución.

El sociólogo Francisco Hidalgo, de la Universidad Central del Ecuador, analiza que la nueva Carta recoge lo mejor del proceso histórico ecuatoriano (plurinacionalidad, principios del buen vivir, derechos de la naturaleza, economía social y solidaria etc.) y que, por lo tanto, su aplicación integral implicaría en una revolución profunda.

– Correa sabe que un proceso de desarrollo que respete a la naturaleza y renuncie a la explotación del petróleo y de la minería trae impactos políticos que pueden poner en riesgo su estabilidad. Frente a ese desafío, es más fácil abrir las puertas para las transnacionales, explotar las riquezas naturales y de ahí sacar el dinero para sostener su política de subsidios – concluye Hidalgo.

La elección por la permanencia e intensificación del extractivismo –en contra de algunos principios constitucionales y del histórico de degradación ambiental en el Ecuador– se debe en última análisis al modelo asistencial mantenido por subsidios (al gas, a la gasolina y a la vivienda) y “bonos solidarios” de 30 dólares que el gobierno concede a las familias más necesitadas.

Alianza País es –como dice su propio nombre– mucho más una alianza de fuerzas políticas que un partido, y no posee base social orgánicamente constituida. Ahora, sin el apoyo del movimiento indígena y otros sectores de la sociedad, todavía menos. Así, para mantener su proyecto para el país, Correa necesita los bonos, que a su turno requieren un presupuesto de aproximadamente 7 mil millones de dólares anuales.

– Este monto era posibilitado por el barril de petróleo cotizado a 160 dólares, pero los precios actuales del crudo ecuatoriano, variando entre 30 y 40 dólares, no permiten tal gasto – comenta el sociólogo Francisco Hidalgo. Vale recordar que el PIB del Ecuador gira alrededor de 50 mil millones de dólares anuales.

Sin embargo, Correa está lejos de ser “más de lo mismo”. Prueba de ello fue la estabilidad política que pudo imprimir en Ecuador, donde hace cuatro años no se asiste a convulsiones sociales o levantamientos militares como era común entre finales de la década pasada y mediados de la actual.

Quizás por su habilidad política –o por el vacío ideológico del “movimiento ciudadano”– Correa consiguió anunciar la revisión de la deuda externa y seguirla pagando, pudo exaltar la soberanía nacional y expulsar el jefe de la CIA en Ecuador a la vez que abría camino a la inversión extranjera, apostar en la integración latinoamericana y negociar un tratado de libre comercio con la Unión Europea, mantener intocado el petróleo de las reservas amazónicas del Ishpingo-Tambococha-Tiputini en cambio de créditos de carbono y patrocinar la minería en grande escala, decir y desdecir, irse y volverse, siempre cuando convenga a su imagen política y a su proyecto para el país.

Aún así, pocas son las dudas del electorado ecuatoriano, sobre todo los más jóvenes, sobre cuál candidato elegir en los próximos comicios. Las últimas encuestas apuntan Rafael Correa con una intención de voto entre los 47 y 54 por ciento. Le sigue el ex presidente Lucio Gutiérrez, que tiene entre 6 y 11 por ciento y está técnicamente empatado con Álvaro Noboa, uno de los hombres más ricos del país y que disputa la presidencia por la cuarta vez.

– A pesar de que el gobierno no es de izquierda, vivemos un momento de transición. Correa es lo mejor que ha pasado a Ecuador en los últimos 28 años, sobre todo si recordamos lo que hizo Lucio y vemos la actitud de Noboa – dice la estudiante Martha Cervantes, de 23 años. – En algunas cosas se ha avanzado, hay una serie de derechos garantizados, especialmente en salud y educación. No es que esté a favor de Correa, él es demasiado prepotente, pero con el panorama actual es mejor defender lo que fue alcanzado que retroceder. (cc)

“correa no es más de lo mismo”

27/03/2009 § Deixe um comentário

Francisco Hidalgo Flores es sociólogo, miembro del Sipae (Sistema de Investigación de la Problemática Agraria en el Ecuador) y editor de la Revista Espacios. En esta entrevista, defende que el gobierno de Rafael Correa, a pesar de todavía permanecer anclado a algunas prácticas desarrollistas, no es “más de lo mismo”.

El experto reconoce que el presidente podría haber ido mucho más allá en los cambios, pero, por circunstancias que pasan por la sostenibilidad de su proyecto para el país, la crisis financiera y la falta de ingresos para mantener los bonos solidarios, analiza que el correísmo ha eleigido el camino más fácil:

¿Cómo define usted al gobierno Correa?

Primero, hay que decir que el cambio que está haciendo Correa deja atrás una república oligárquica atrasada y avanza hacia una república moderna burguesa. En segundo lugar, por una serie de factores históricos, él llegó a sintetizar un proceso muy largo que arrancó el 1990 con el levantamiento indígena de la Conaie (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) y que marcó un muy interesante proceso de lucha anti oligárquica y anti neoliberal del movimiento popular en Ecuador. Y, tercero, que él nunca tuvo un programa de izquierda radical, pero sí de izquierda moderada. Eso hay que entenderlo.
En Ecuador estuvo vigente un pacto oligárquico a lo largo del siglo 20, que fue especialmente muy fuerte en los años 60 y 70. La estructura económica del país no se basó en una burguesía industrial –pongamos el ejemplo más claro en América Latina, la burguesía de Sao Paulo, muy fuerte y muy sostenida–. La industria nacional es relativamente pequeña y bastante subordinada a las transnacionales. Y la producción principal en Ecuador es el petróleo, al lado de la primarización agroexportadora, sobre todo del banano y camarones.
Sobre esa estructura oligárquica se monta la aplicación del modelo neoliberal, que aquí no implica ninguna modernización. Al contrario, desmonta lo poco que hubo de apoyo estatal a la industrialización y avanza hacia un modelo de liberalización oligárquica. El ejemplo más clásico va a ser la crisis del sistema bancario del año 1999, que luego da paso a la dolarización.
Las formas políticas son también oligárquicas. Los partidos no se consolidan como partidos ideológicos –eso está muy claro ahora con todo el derrumbe de la democracia cristiana– y tienen una estructura clientelar. Por alguna razón, el principal representante político de la derecha en los últimos diez años es Álvaro Noboa, el principal oligarca del país. Entonces lo que hace Correa es dejar atrás esa república oligárquica y avanzar hacia una república capitalista moderna que busca una industrialización, una sociedad civil, una nueva estructura legal.

¿Cuáles son los orígenes de esta república oligárquica?

Viene del viejo sistema hacendatario. La estructura económica del Ecuador fue hacendataria. No lo resuelve ni la revolución de independencia de España ni la revolución liberal. Luego las grandes plantaciones heredan esa estructura. El mejor ejemplo es otra vez Noboa. Su fortuna la hace su padre sobre la base de producción y exportación del banano, y éste sigue siendo todavía el principal proceso.
Eso le da a Correa una fuerza. Porque no es un cambio desde arriba, sino un cambio desde abajo. Nos recordemos del segundo elemento: en Ecuador hay un gran movimiento popular en los años 90 que no descansa, es muy persistente, bajo un programa anti oligárquico y anti neoliberal en el cual el pueblo indígena va a ser muy importante. El movimiento indígena conduce este proceso desde el 1990 hasta el 2003. ¿Qué pasa en el 2003? Gana un presidente –Lucio Gutiérrez– con apoyo del movimiento popular, particularmente del movimiento indígena. Pero él es un personaje que no comprende y no asume el momento histórico en el que se encuentra y desprestigia al movimiento indígena y popular clásico, que formaron parte de su gobierno. Entonces surge el movimiento, digamos, pequeño burgués, ciudadano, que es de donde emerge Correa. Él capitaliza este largo proceso de oposición popular, este programa anti neoliberal y anti oligárquico, pero por encima, más allá del movimiento popular que lo generó, y montado sobre un movimiento muy frágil que es el movimiento de los ciudadanos, bajo un programa ciudadano. No asoma como un gobernante de izquierda, sino que merece el apoyo de distintos sectores burgueses. Ha habido sectores de la burguesía que han apoyado Correa desde el inicio.
Tercer elemento: Correa no viene de una tradición de izquierdas, viene de una tradición académica. Casi no vive este proceso de cambio en los 1990, es joven, estudia en EEUU, luego en Bélgica… Tiene un discurso anti neoliberal pero no tiene una raíz anti neoliberal. Es un personaje inteligente, carismático, guapo, joven, aprende muy rápido, es muy sagaz en la política y además es un “mono serrano”, como decimos aquí: tiene algo de costeño y algo de serrano. Nace en Guayaquil, tiene esa desfachatez del costeño, pero tiene también ese rasgo intelectual que tanto gusta en la sierra. Entonces ese es el personaje que logra integrar electoralmente al país. Y eso obviamente va a jugar un importante papel en este liderazgo individual.
Ahora, sin lugar a dudas, ha hecho cosas importantes. La derecha política está absolutamente destrozada. Él ha contribuido de manera muy importante a ello. Ha orientado ciertas políticas que llegan directamente al beneficio popular, con los bonos. Se ha peleado de alguna manera con EEUU. No es poco haber expulsado a quien manejaba la oficina de la CIA en Ecuador. Y ha apretado algunas tuercas a ciertas transnacionales y a algunos sectores oligárquicos. Se mueve en un equilibrio político. A veces da a unos, a veces da a otros. Pero marca, sin lugar a dudas, este proceso de cambio del Ecuador actual.

¿Geopolíticamente, en América Latina, a quién estaría más cerca Correa ahora mismo?

Creo que está más cerca de Lula que a Chávez. Creo que hay algunas similitudes con Brasil, guardando las distancias de la enormidad de Brasil… En Brasil hay también un movimiento social muy grande, muy diverso, muy rico, que presionó por al acceso de Lula al gobierno, pero a lo cual Lula, desde el gobierno, no responde a sus demandas. En algunas cosas sí, en otras no, más no que sí. Y Lula es un proceso, me parece, también de modernización en Brasil, pero no de revolución. Así que se parece más a Lula que a Chávez, en el fondo. Pero es un personaje muy hábil. Creo que él está muy conciente de que hay un movimiento internacional en el que la unipolaridad de EEUU –su hegemonía única– se desmorona y vamos hacia un mundo multipolar. Y Correa apuesta en una regionalización del sur. Una de sus apuestas más importantes está en la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas), en el Banco del Sur y en esta coalición de fuerzas de defensa del sur.

También ha buscado inversión extranjera de otros países, ¿no? Han llegado propuestas de China, de Irán… ¿Qué quiere con eso?

Correa es conciente y no se come el cuento de una obsecuencia total, una sujeción total a EEUU. Y obviamente las transnacionales gringas tienen ahora menos dinero para invertir en otros países. Él ha recuperado una “política de país”, de negociación a nivel internacional. Pero creo que en la esencia lo que quiere es avanzar en la regionalización. Correa necesita de una moneda común del sur para poder sustituir la dolarización por una moneda fuerte y regional. Eso es crucial para el Ecuador, porque una desdolarización reluce como inevitable en el actual momento internacional y arrastraría consigo la gobernabilidad si acatada por él. Entonces él necesita salir del dólar o sustituirlo con algo, que sería una moneda del sur. Eso es crucial tanto para su proyecto político como para la economía del país.

¿Usted ve algunas contradicciones ideológicas en el gobierno Correa? Hago la pregunta pensando en el tratado de libre comercio con la Unión Europea…

Hay una contradicción entre la tendencia en la cual se embarca –y que le coloca en el gobierno– y lo que él a veces hace en el gobierno. No es que él se traiciona. Creo que sigue claramente el proyecto de modernización del capitalismo, digamos, que no está arrodillado a EEUU y que apuesta en la integración regional. En ese escenario, él no se traiciona a sí mismo, pero sí traiciona el aspecto más profundo, más radical del programa anti neoliberal y anti oligárquico. Porque Correa tiene una visión productivista. El otro elemento es que hay una constitución muy buena en Ecuador, que está por encima de Correa. Nuestra constitución es un producto nacional, o sea, obedece a los puntos más altos de la lucha social. Y es en eso que Correa entra en contradicción, cuando elige el modelo del progresismo extractivista. Porque él está apostando en un desarrollo de la minería, del petróleo, de los biocombustibles, de la agroempresa. Para él, ahí está el motor para el desarrollo.

La constitución garantiza derechos a la naturaleza, pero la explotación de la minería y del petróleo tiene un histórico serio de impactos socio ambientales, sobre todo en la Amazonía. Y la constitución fue impulsada por el gobierno Correa. ¿Cómo se da eso?

Es que Correa no es quien redacta la constitución. En última instancia el autor de la constitución fue el que fue su presidente, Alberto Acosta. Por eso es tan importante seguir el debate entre Acosta y Correa. ¿Por qué se distancian? La razón es el modelo de desarrollo. Acosta dice: vamos a una industrialización y, con ella, se generará nuevo valor, el valor agregado, sobre procesos de regionalización y descentralización y con el apoyo a economías populares y todo que eso implica. Ese es el modelo de desarrollo social y solidario. La riqueza del Ecuador no está en la naturaleza, sino en la industrialización. Ese es un tema. El otro es la democracia. No solamente el proceso tiene que decir que es democrático, sino que cada cosa que haga tiene que ser democrática, buscar consenso, suscitar debate, buscar participación. Correa dice que es un absurdo que, siendo el Ecuador un país con tantas riquezas naturales, no las explote. Además está pensando en una gobernabilidad política basada en subsidios más que en organización. Él no tiene una estructura organizativa, no la ha construido. Esta es una diferencia fuerte con Lula y con el PT. Aquí no hay una base social con estructura. Es un problema bastante complejo y eso lo sabe él. Correa sabe que un proceso de desarrollo que respete la naturaleza, que no explote el petróleo o la minería tiene impactos políticos que pueden poner en riesgo su estabilidad. Y él no quiere correr riesgos. Entonces es más fácil abrir las puertas para las transnacionales y explotar petróleo, explotar minería, y de ahí sacar la plata para poder sostener esta política de subsidios.
La constitución está por encima de Correa, le rebasa, le supera, recoge lo mejor del proceso histórico del Ecuador – es decir, el buen vivir, la plurinacionalidad, los derechos de la naturaleza, la economía social y solidaria, la economía popular, la soberanía alimentaria, que es lo mejor que tiene la constitución, que es parte de un proceso histórico, lo recoge, lo asume, lo lleva a su punto más alto. Pero no nos olvidemos de que Correa se desarrolla sobre la base del desprestigio que tiene el movimiento popular –particularmente el movimiento indígena– después de su participación en el gobierno de Gutiérrez. Eso es crucial. Porque el portador de todo eso, durante este largo periodo, va a ser el movimiento indígena. Pero, debilitado éste, fracturado, se vuelve el movimiento indígena una referencia folclórica mucho más que una referencia política.

La constitución está por encima de Correa, claro, pero ¿qué pasa con una Ley de Minería que entra en contradicción con el texto constitucional?

Claro, ahí viene el problema de los límites que tiene las leyes. La constitución está arriba de Correa – porque es la imagen del proceso histórico que tenemos en este momento – pero su aplicación implicaría en una revolución muy profunda, que implica costos políticos. Frente a ese desafío, Correa se queda en lo suyo, en lo que está, impone este nivel. Claro, entra en contradicción con la constitución, ésta es su principal contradicción: la contradicción con el sentido histórico, con las banderas y con el programa máximo. Ahí puede estar su debilidad en el momento en que el conjunto de los movimientos sociales y populares asuma esta constitución. Porque una cosa es votar por la constitución y otra cosa es luchar por defenderla. Lo segundo implica un proceso de conscientización bastante más complejo.

¿Qué le falta para un cambio más profundo?

Asumir realmente un modelo de desarrollo social y solidario. O sea, realmente construir un modelo apoyado en economías populares, que el estado apueste en las economías populares.

¿Cómo eso puede ser construido en la práctica?

Por ejemplo, en el tema que más manejo, soberanía alimentaria, el estado puede implementar políticas efectivas de apoyo a agriculturas campesinas para la producción alimentaria. O construir las leyes con participación y no entre cuatro expertos. Es decir, buscar un acuerdo nacional para las leyes de minería, tierra y aguas… El otro tema era democracia, en el debate con Acosta. Correa dijo recién en una de sus cadenas sabatinas, él dijo: no soy presidente de la república, soy presidente del congreso, de la función judicial, de las superintendencias… No puede pasar nada en el país sin que yo tenga una voz de decisión. Tiene una posición muy centralista, muy vertical, no participativa.

¿Su base social es construida por políticas asistencialistas, pues?

Sí, necesita 7 mil millones de dólares al año. Eso le daba el petróleo a 160 dólares, pero un barril a 40 o a 30 dólares no le da. La caída del petróleo también es una presión política desde las grandes transnacionales contra los gobiernos estatistas, sobre todo cuando se piensa en Chávez o Irán, no tanto en Ecuador. Ese modelo de gobernabilidad política requiere ingresos altos y eso no le puede dar una economía social y solidaria. Es uno de los grandes debates actuales, sobre la modernidad (¿?) y el progreso. La famosa metáfora de Walter Benjamín: si vas a hacer progreso, te destruyes. Ese es el debate que está presente en el Ecuador. Correa es el ángel de la historia que avanza hacia la destrucción, a nombre de la historia.
Pero Correa no es más de lo mismo. Eso es falso. Correa no es neoliberal, eso no es cierto. Aunque tenga rasgos neoliberales. Es un proyecto de extractivismo con un mercado nacional y con un proceso de regionalización del sur. ((i))

entre el progreso y…

09/03/2009 § Deixe um comentário

Las críticas más ferinas al gobierno de Rafael Correa actualmente quien las hace es la izquierda. La misma izquierda que estuvo con el presidente en las elecciones del 2006 y que le respaldó en el referendo que ha aprobado la nueva Constitución, hace seis meses. También el movimiento indígena –que quizás no quepa en las clasificaciones políticas occidentales, pero que también fue un gran aliado del mandatario en los últimos comicios– le viene echando la bronca. [ver la conaie no está con correa]

A la vez, no se vislumbra una alternativa viable a Correa y su Revolución Ciudadana, ni a la izquierda, ahorita sin suficiente fuerza electoral o propuestas innovadoras, ni mucho menos a la derecha, en donde se ubican viejos conocidos y oligarcas de la política ecuatoriana. [ver equador, um novo passo]

Diego Delgado Jara se lanzó a la carrera presidencial por el MITS, el Movimiento de Integración y Transformación Social. Es quizás el único representante de una oposición popular, pero ni siquiera mantiene una página web sobre su candidatura. Dice que Alianza País no representa la alternativa latinoamericana, sino más bien “hace ciertas reformas secundarias y cosméticas para defender el sistema capitalista. Correa no es un reformador social, es un salvador del capitalismo”.

El análisis del candidato entra en sintonía con las palabras del economista Andrés Rosero, profesor de la Escuela Politécnica Nacional. Según él, Correa lo que está haciendo es reformar el modelo neoliberal para mantener el sistema capitalista tras surgir como opción a la profunda crisis de hegemonía que atravesaba el Ecuador a inicios del siglo.

Hay muchas dudas sobre para dónde la Revolución Ciudadana llevará el país. Una de las opciones que se presenta es la economía de sustitución de importaciones, con mayor presencia del estado, modelo que la Cepal cierta vez en los 1960 recetó a los países latinoamericanos como camino hacia el desarrollo.

Algunas medidas de Correa están de acuerdo con la idea. La elevación de los aranceles a la entrada de más de 300 productos importados, por ejemplo, vino junto con una amplia campaña publicitaria en la calle y los medios de comunicación para que los ecuatorianos prefieran comprar mercancías nacionales. El slogan “Primero Ecuador” está en todas las bolsas plásticas de los supermercados. Los productos del país ostentan en sus embalajes el sello “bien hecho en Ecuador”.

El gobierno también está más presente en el día a día de la economía, sobre todo en lo que se refiere a los procesos de revisión de los contractos de explotación del petróleo y la auditoría de la deuda externa. Indirectamente, su sombra se hace sentir también en la repartición de bonos para los más pobres, que no deja de ser dinero inyectado en los engranajes de compra y venta que mueven un sistema basado en el consumo.

Sin embargo, como bien observan Diego Delgado y Andrés Rosero, el presidente apenas revisó las concesiones –jamás pensó en acabar con ellas o modificar profundamente sus términos–. Eso en el sector petrolero, pero también en el minero. Cada uno de ellos trae consigo problemas sociales y ambientales que alejan el correísmo de una concepción popular de gobierno.

Quizás el ejemplo más significativo sea el Tratado de Libre Comercio que el Ecuador está negociando con la Unión Europea. La administración desea estar con todas los artículos del acuerdo listos para que sean firmados dentro de tres meses, como muy tarde en junio. Para tanto, están ya agendadas tres reuniones en Bruselas, Bogotá y Lima, una vez que Perú y Colombia también quieren acceder a y ser accedidos por el mercado común europeo. Las negociaciones en bloque entre la Comunidad Andina de Naciones y la UE fueron abandonada por todos. Cada uno quiere lo suyo.

En este punto Correa se aleja geopolíticamente de Chávez, Evo, Kirchner y Lula, sus supuestos compañeros de la izquierda latinoamericana, para acercarse a Uribe y García, hoy los mayores aliados de los EEUU en el subcontinente. Ello sin embargo de haber participado como invitado de la última cumbre de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) y haber demostrado simpatía por la creación de una moneda única para los países miembros, el sucre.

De hecho, Ecuador parece haber abierto las puertas para la inversión extranjera. Recientemente Correa recibió una comisión iraní interesada en inyectar sus ahorros en el negocio de la energía y minería en el país. Además, dos empresas chinas están disputando la construcción de la hidroeléctrica de Coca-Codo-Sinclair, en el norte del país. Deben financiar, con recursos de bancos de allá, el 85 por ciento del proyecto, que en total costará 2 mil millones de dólares.

La semana pasada el subsecretario de Minas viajó a Toronto ofrecer oportunidades de inversión para las mineras canadienses. La nueva Ley de Minería permite y promueve la actividad en escala industrial a los moldes que, desde los 1970, el país viene desarrollando con el petróleo: concesiones a empresas transnacionales. Aunque haya un sin número de críticas, alertas y, sobre todo, malos precedentes del modelo en el país.

Basta citar uno de ellos. La Texaco operó por 20 años en los yacimientos de la Amazonía ecuatoriana, de 1969 a 1989. Desde 1993 sufre en la justicia de EEUU y Ecuador un proceso –el más grande de la historia– por reparación de daños ambientales, sociales y a la salud de las poblaciones que viven en las regiones explotadas. La demanda está siendo movida por más de 30 mil indígenas y campesinos.

La indemnización puede llegar a 16 mil millones de dólares, aunque ningún valor financiero consiga pagar las vidas que se perdieron victimadas por el cáncer o las centenas de piscinas de desechos dejadas por la compañía en el medio de la selva y en la propiedad de los vecinos. Tampoco traerá de vuelta los tetetes, que originalmente vivían alrededor de los yacimientos y desaparecieron durante los años en que Texaco estuvo por allá.

Para la actividad minera en escala industrial que en breve debe tomar el país de asalto, las previsiones no son muy diferentes. Muchas de las concesiones están ubicadas en la Cordillera del Cóndor, que a la vez es una reserva natural donde viven especies únicas y hogar de 100 mil indígenas de la etnia shuar. Ellos no fueron consultados sobre la división de las tierras entre las mineradoras, aunque el Ecuador se defina como un estado plurinacional.

La Declaración de Ilaló, elaborada por representantes indígenas de los pueblos de la cuenca amazónica, en 2007 repudió “la entrega de la licencia ambiental dado por el gobierno del Ecuador a la empresa brasileña Petrobrás en el bloque 31, pues esta licencia significa proseguir el genocidio contra los pueblos”. Lo que pasa es que en la región de Yasuní, en donde opera Petrobrás, están los últimos pueblos en aislamiento voluntario en Ecuador, los tagaeri y taromenae.

A pesar de los pesares, a nadie se lo ocurre elegir otro presidente para Ecuador –entre los ocho que se presentaron para las elecciones del 26 de abril– que no sea Correa. Mismo con TLC, minería industrial, contaminación del medioamebiente, conflictos con los pueblos indígenas, multas electorales por mal uso de los medios gubernamentales de prestación de cuentas…

Quizás Correa esté poniendo sus fichas en la multipolaridad. Pero, ¿cuán mejor es estar dependiente del capital de muchas naciones si se continúa dependiente del capital internacional? ¿El capital europeo, chino, iraní o brasileño es más respetuoso a la sociedad ecuatoriana y al medio ambiente que el capital estadounidense?

Como los hechos citados hay muchos otros más. Petroecuador, que sustituyó a Texaco en la explotación de los yacimientos en la Amazonía, todavía tiene las mismas políticas de arrojar desechos a cielo abierto. Y el último 25 de febrero 14 mil barriles de crudo fueron derramados en la región de El Chaco debido al rompimiento de un oleoducto. Por lo menos 47 comunidades locales fueron dañadas en lo que se refiere a salud y medio ambiente.

Puede que las contradicciones internas del gobierno Correa y de los propios electores ecuatorianos sea la materialización de una de las más grandes e importantes cuestiones del mundo actual: el progreso. ¿Qué es? ¿Cómo es? ¿Para dónde nos puede llevar?

Veo que Ecuador está, más que nunca, delante de tales cuestiones. Y por desgracia no tiene muchas opciones de elección. O sí, porque la Declaración de Ilaló también dice que “en las naciones y pueblos indígenas de América Latina germina la semilla de una civilización alternativa para la humanidad”. (cc)

>> publicado en prensa de frente

la constitución no va más allá

28/02/2009 § Deixe um comentário

A finales de septiembre de 2008, el pueblo ecuatoriano aprobó en referendo una Constitución que era una de las principales promesas de campaña del presidente Rafael Correa. Ahora el país pasará por elecciones generales según las reglas de la nueva Carta. Entre otras resoluciones, el documento funda un estado plurinacional, privilegia la integración latinoamericana y elimina formas precarias de trabajo, y es uno de los grandes responsables por el favoritismo del presidente en la votación del 26 de abril.

Sin embargo de lo que pueden ser considerados avances democráticos y populares en el texto constitucional, algunas medidas del mandatario que lo impulsó entran en aparente contradicción con las determinaciones elaboradas por la Asamblea Constituyente. El mayor ejemplo de ello es la Ley Minera, que fue aprobada después de la Constitución ratificando el extractivismo transnacional en gran escala dentro de reservas naturales, lo que entra en conflicto directo con el derecho de la naturaleza en ser “respetada integralmente en su existencia”.

La eminente desestatización del Banco del Pacífico debido a su falta de liquidez también choca con los principios antineoliberales del nuevo estado ecuatoriano. De la misma manera, el acercamiento del gobierno al Banco Interamericano de Desarrollo para un posible préstamo de USD 500 millones pueden herir el discurso de soberanía.

Para Alex Zapatta, experto del Sistema de Investigación de la Problemática Agraria en Ecuador, las aparentes incoherencias entre las Constitución y algunas medidas recientes del gobierno que la ha impulsado dicen respecto a presiones sociales ejercidas tanto sobre la Asamblea Constituyente como sobre la gestión de Rafael Correa.

“Las constituciones reflejan o institucionalizan procesos sociales y relaciones de fuerza y no pueden ir más allá de la sociedad misma”, explica. Para Zapatta, el Ecuador está pasando por una etapa de transición, aunque no se sepa hacia dónde va el país. “En algunos temas la Constitución está adelantada en relación a las concesiones del gobierno actual.” (cc)

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