acuerdo de los pueblos

23/04/2010 § Deixe um comentário

Segue abaixo a declaração final da CMPCC, realizada na Bolívia, cutucando as feridas abertas do aquecimento global e do sistema econômico. É grande, mas vale a pena ler. Resume as principais bandeiras do movimento ambientalista mundial e sobretudo latinoamericano.

Cochabamba, 22 de abril del 2010

Hoy, nuestra Madre Tierra está herida y el futuro de la humanidad está en peligro.

De incrementarse el calentamiento global en más de 2º C, a lo que nos conduciría el llamado “Entendimiento de Copenhague”, existe el 50%  de probabilidades de que los daños provocados a nuestra Madre Tierra sean totalmente irreversibles. Entre un 20% y un 30% de las especies estaría en peligro de desaparecer. Grandes extensiones de bosques serían afectadas, las sequías e inundaciones afectarían diferentes regiones del planeta, se extenderían los desiertos y se agravaría el derretimiento de los polos y los glaciares en los Andes y los Himalayas. Muchos Estados insulares desaparecerían y el África sufriría un incremento de la temperatura de más de 3º C. Así mismo, se reduciría la producción de alimentos en el mundo con efectos catastróficos para la supervivencia de los habitantes de vastas regiones del planeta, y se incrementaría de forma dramática el número de hambrientos en el mundo, que ya sobrepasa la cifra de 1.020 millones de personas.

Las corporaciones y los gobiernos de los países denominados “más desarrollados”, en complicidad con un segmento de la comunidad científica, nos ponen a discutir el cambio climático como un problema reducido a la  elevación de la temperatura sin cuestionar la causa que es el sistema capitalista.

Confrontamos la crisis terminal del modelo civilizatorio patriarcal basado en el sometimiento y destrucción de seres humanos y naturaleza que se aceleró con la revolución industrial.

El sistema capitalista nos ha impuesto una lógica de competencia, progreso y crecimiento ilimitado. Este régimen de producción y consumo busca la ganancia sin límites, separando al ser humano de la naturaleza, estableciendo  una lógica de dominación sobre ésta, convirtiendo todo en mercancía: el agua, la tierra, el genoma humano, las culturas ancestrales, la biodiversidad, la justicia, la ética, los derechos de los pueblos, la muerte y la vida misma.

Bajo el capitalismo, la Madre Tierra se convierte en fuente sólo de materias primas y los seres humanos en medios de producción y consumidores, en personas que valen por lo que tienen y no por lo que son.

El capitalismo requiere una potente industria militar para su proceso de acumulación y el control de territorios y recursos naturales, reprimiendo la resistencia de los pueblos.  Se trata de un sistema imperialista de colonización del planeta.

La humanidad está frente a una gran disyuntiva: continuar por el camino del capitalismo, la depredación y la muerte, o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida.

Requerimos forjar un nuevo sistema que restablezca la armonía con la naturaleza y entre los seres humanos. Sólo puede haber equilibrio con la naturaleza si hay equidad entre los seres humanos.

Planteamos a los pueblos del mundo la recuperación, revalorización y fortalecimiento de los conocimientos, sabidurías y prácticas ancestrales de los Pueblos Indígenas, afirmados en la vivencia y propuesta de “Vivir Bien”, reconociendo a la Madre Tierra como un ser vivo, con el cual tenemos una relación indivisible, interdependiente, complementaria y espiritual.

Para enfrentar el cambio climático debemos reconocer a la Madre Tierra como la fuente de la vida y forjar un nuevo sistema basado en los principios de:

  • armonía y equilibrio entre todos y con todo;
  • complementariedad, solidaridad, y equidad;
  • bienestar colectivo y satisfacción de las necesidades fundamentales de todos en armonía con la Madre Tierra;
  • respeto a los Derechos de la Madre Tierra y a los Derechos Humanos;
  • reconocimiento del ser humano por lo que es y no por lo que tiene;
  • eliminación de toda forma de colonialismo, imperialismo e intervencionismo; y
  • paz entre los pueblos y con la Madre Tierra.

El modelo que propugnamos no es de desarrollo destructivo ni ilimitado. Los países necesitan producir bienes y servicios para satisfacer las necesidades fundamentales de su población, pero de ninguna manera pueden continuar por este camino de desarrollo en el cual los países más ricos tienen una huella ecológica 5 veces más grande de lo que el planeta es capaz de soportar. En la actualidad ya se ha excedido en más de un 30% la capacidad del planeta para regenerarse. A este ritmo de sobreexplotación de nuestra Madre Tierra se necesitarían 2 planetas para el 2030.

En un sistema interdependiente del cual los seres humanos somos uno de sus componentes no es posible reconocer derechos solamente a la parte humana sin provocar un desequilibrio en todo el sistema. Para garantizar los derechos humanos y restablecer la armonía con la naturaleza es necesario reconocer y aplicar efectivamente los derechos de la Madre Tierra.

Para ello proponemos el proyecto adjunto de Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra en el cual se consignan:

  • Derecho a la vida y a existir;
  • Derecho a ser respetada;
  • Derecho a la continuación de sus ciclos y procesos vitales libre de alteraciones humanas;
  • Derecho a mantener su identidad e integridad como seres diferenciados, auto-regulados e interrelacionados;
  • Derecho al agua como fuente de vida;
  • Derecho al aire limpio;
  • Derecho a la salud integral;
  • Derecho a estar libre de la contaminación y polución, de desechos tóxicos y radioactivos;
  • Derecho a no ser alterada genéticamente y modificada en su estructura amenazando su integridad o funcionamiento vital y saludable;
  • Derecho a una restauración plena y pronta por las violaciones a los derechos reconocidos en esta Declaración causados por las actividades humanas.

La visión compartida es estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero para hacer efectivo el Artículo 2 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático que determina “la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropogénicas peligrosas para el sistema climático”. Nuestra visión es, sobre la base del principio de las responsabilidades históricas comunes pero diferenciadas, exigir que los países desarrollados se comprometan con metas cuantificadas de reducción de emisiones que permitan retornar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a 300 ppm y así, limitar el incremento de la temperatura media global a un nivel máximo de 1°C.

Enfatizando la necesidad de acción urgente para lograr esta visión, y con el apoyo de los pueblos, movimientos y países, los países desarrollados deberán comprometerse con metas ambiciosas de reducción de emisiones que permitan alcanzar objetivos a corto plazo, manteniendo nuestra visión a favor del equilibrio del sistema climático de la Tierra, de acuerdo al objetivo último de la Convención.

La “visión compartida” para la “Acción Cooperativa a Largo Plazo” no debe reducirse en la negociación de cambio climático a definir el límite en el incremento de la temperatura y la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, sino que debe comprender de manera integral y equilibrada un conjunto de medidas financieras, tecnológicas, de adaptación, de desarrollo de capacidades, de patrones de producción, consumo y otras esenciales como el reconocimiento de los derechos de la Madre Tierra para restablecer la armonía con la naturaleza.

Los países desarrollados, principales causantes del cambio climático, asumiendo su responsabilidad histórica y actual, deben reconocer y honrar su deuda climática en todas sus dimensiones, como base para una solución justa, efectiva y científica al cambio climático. En este marco exigimos a los países desarrollados que:

  • Restablezcan a los países en desarrollo el espacio atmosférico que está ocupado por sus emisiones de gases de efecto invernadero. Esto implica la descolonización de la atmósfera mediante la reducción y absorción de sus emisiones;
  • Asuman los costos y las necesidades de transferencia de tecnología de los países en desarrollo por la pérdida de oportunidades de desarrollo por vivir en un espacio atmosférico restringido;
  • Se hagan responsables por los cientos de millones que tendrán que migrar por el cambio climático que han provocado y que eliminen sus políticas restrictivas de migración y ofrezcan a los migrantes una vida digna y con todos los derechos en sus países;
  • Asuman la deuda de adaptación relacionadas a los impactos del cambio climático en los países en desarrollo proveyendo los medios para prevenir, minimizar y atender los daños que surgen de sus excesivas emisiones;
  • Honren estas deudas como parte de una deuda mayor con la Madre Tierra adoptando y aplicando la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra en las Naciones Unidas.

El enfoque debe ser no solamente de compensación económica, sino principalmente de justicia restaurativa – es decir restituyendo la integridad a las personas y a los miembros que forman una comunidad de vida en la Tierra.

Deploramos el intento de un grupo de países de anular el Protocolo de Kioto, único instrumento legalmente vinculante específico para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de los países desarrollados.

Advertimos al mundo que, no obstante estar obligados legalmente, las emisiones de los países desarrollados, en lugar de reducir, crecieron en un 11,2% entre 1990 y 2007.

Estados Unidos a causa del consumo ilimitado aumentó sus emisiones de GEI en 16,8% durante el periodo 1990 al 2007, emitiendo como promedio entre 20 y 23 toneladas anuales de CO2 por habitante, lo que representa más de 9 veces las emisiones correspondientes a un habitante promedio del Tercer Mundo, y más de 20 veces las emisiones de un habitante de África Subsahariana.

Rechazamos de manera absoluta el ilegitimo “Entendimiento de Copenhague”, que permite a estos países desarrollados ofertar reducciones insuficientes de gases de efecto invernadero, basadas en compromisos voluntarios e individuales, que violan la integridad ambiental de la Madre Tierra conduciéndonos a un aumento de alrededor de 4ºC.

La próxima Conferencia sobre Cambio Climático a realizarse a fines de año en México debe aprobar la enmienda al Protocolo de Kioto, para el segundo período de compromisos a iniciarse en 2013 a 2017 en el cual los países desarrollados deben comprometer reducciones domésticas significativas de al menos el 50% respecto al año base de 1990 sin incluir mercados de carbono u otros sistemas de desviación que enmascaran el incumplimiento de las reducciones reales de emisiones de gases de efecto invernadero.

Requerimos establecer primero una meta para el conjunto de los países desarrollados para luego realizar la asignación individual para cada país desarrollado en el marco de una comparación de esfuerzos entre cada uno de ellos, manteniendo así el sistema del Protocolo de Kioto para las reducciones de las emisiones.

Los Estados Unidos de América, en su carácter de único país de la Tierra del Anexo 1 que no ratificó el Protocolo de Kioto tiene una responsabilidad significativa ante todos los pueblos del mundo por cuanto debe ratificar el Protocolo de Kioto y comprometerse a respetar y dar cumplimiento a los objetivos de reducción de emisiones a escala de toda su economía.

Los pueblos tenemos los mismos derechos de protección ante los impactos del cambio climático y rechazamos la noción de adaptación al cambio climático entendida como la resignación a los impactos provocados por las emisiones históricas de los países desarrollados, quienes deben adaptar sus estilos de vida y de consumo ante esta emergencia planetaria. Nos vemos forzados a enfrentar los impactos del cambio climático, considerando la adaptación como un proceso y no como una imposición, y además como herramienta que sirva para contrarrestarlos, demostrando que es posible vivir en armonía bajo un modelo de vida distinto.

Es necesario construir un Fondo de Adaptación, como un fondo exclusivo para enfrentar el cambio climático como parte de un mecanismo financiero manejado y conducido de manera soberana, transparente y equitativa por nuestros Estados. Bajo este Fondo se debe valorar: los impactos y sus costos en países en desarrollo y las necesidades que estos impactos deriven, y registrar y monitorear el apoyo por parte de países desarrollados. Éste debe manejar además un mecanismo para el resarcimiento por daños por impactos ocurridos y futuros, por pérdida de oportunidades y la reposición por eventos climáticos extremos y graduales, y costos adicionales que podrían presentarse si nuestro planeta sobrepasa los umbrales ecológicos  así como aquellos impactos que están frenando el derecho a Vivir Bien.

El “Entendimiento de Copenhague” impuesto sobre los países en desarrollo por algunos Estados, más allá de ofertar recursos insuficientes, pretende en si mismo dividir y enfrentar a los pueblos y pretende extorsionar a los países en desarrollo condicionando el acceso a recursos de adaptación a cambio de medidas de mitigación. Adicionalmente se establece como inaceptable que en los procesos de negociación internacional se intente categorizar a los países en desarrollo por su vulnerabilidad al cambio climático, generando disputas, desigualdades y segregaciones entre ellos.

El inmenso desafío que enfrentamos como humanidad para detener el calentamiento global y enfriar el planeta sólo se logrará llevando adelante una profunda transformación en la agricultura hacia un modelo sustentable de producción agrícola campesino e indígena/originario, y otros modelos y prácticas ancestrales ecológicas que contribuyan a solucionar el problema del cambio climático y aseguren la Soberanía Alimentaria, entendida como el derecho de los pueblos a controlar sus propias semillas, tierras, agua y la producción de alimentos, garantizando, a través de una producción en armonía con la Madre Tierra, local y culturalmente apropiada, el acceso de los pueblos a alimentos suficientes, variados y nutritivos en complementación con la Madre Tierra y profundizando la producción autónoma (participativa, comunitaria y compartida) de cada nación y pueblo.

El Cambio Climático ya está produciendo profundos impactos sobre la agricultura y los modos de vida de los pueblos indígenas/originarios y campesinos del mundo y estos impactos se irán agravando en el futuro.

El agro negocio a través de su modelo social, económico y cultural de producción capitalista globalizada y su lógica de producción de alimentos para el mercado y no para cumplir con el derecho a la alimentación, es una de las causas principales del cambio climático. Sus herramientas tecnológicas, comerciales y políticas no hacen más que profundizar la crisis climática e incrementar el hambre en el planeta. Por esta razón rechazamos los Tratados de Libre Comercio y Acuerdos de Asociación y toda forma de aplicación de los Derechos de Propiedad Intelectual sobre la vida, los paquetes tecnológicos actuales (agroquímicos, transgénicos) y aquellos que se ofrecen como falsas soluciones (agrocombustibles, geoingeniería, nanotecnología, tecnología Terminator y similares) que únicamente agudizarán la crisis actual.

Al mismo tiempo denunciamos como este modelo capitalista impone megaproyectos de infraestructura, invade territorios con proyectos extractivistas, privatiza y mercantiliza el agua y militariza los territorios expulsando a los pueblos indígenas y campesinos de sus territorios, impidiendo la Soberanía Alimentaria y profundizando la crisis socioambiental.

Exigimos reconocer el derecho de todos los pueblos, los seres vivos y la Madre Tierra a acceder y gozar del agua y apoyamos la propuesta del Gobierno de Bolivia para reconocer al agua como un Derecho Humano Fundamental.

La definición de bosque utilizada en las negociaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, la cual incluye plantaciones, es inaceptable. Los monocultivos no son bosques. Por lo tanto, exigimos una definición para fines de negociación que reconozca los bosques nativos y la selva y la diversidad de los ecosistemas de la tierra.

La Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas debe ser plenamente reconocida, implementada e integrada en las negociaciones de cambio climático. La mejor estrategia y acción para evitar la deforestación y degradación y proteger los bosques nativos y la selva es reconocer y garantizar los derechos colectivos de las tierras y territorios considerando especialmente que la mayoría de los bosques y selvas están en los territorios de pueblos y naciones indígenas, comunidades campesinas y tradicionales.

Condenamos los mecanismos de mercado, como el mecanismo de REDD (Reducción de emisiones por la deforestación y degradación de bosques) y sus versiones + y ++, que está violando la soberanía de los Pueblos y su derecho al consentimiento libre, previo e informado, así como a la soberanía de Estados nacionales, y viola los derechos, usos y costumbres de los Pueblos y los Derechos de la Naturaleza.

Los países contaminadores están obligados a transferir de manera directa los recursos económicos y tecnológicos para pagar la restauración y mantenimiento de los bosques y selvas, en favor de los pueblos y estructuras orgánicas ancestrales indígenas, originarias, campesinas. Esto deberá ser una compensación directa y adicional a las fuentes de financiamiento comprometidas por los países desarrollados, fuera del mercado de carbono y nunca sirviendo como las compensaciones de carbono (offsets). Demandamos a los países a detener las iniciativas locales en bosques y selvas basados en mecanismos de mercado y que proponen resultados inexistentes y condicionados. Exigimos a los gobiernos un programa mundial de restauración de bosques nativos y selvas, dirigido y administrado por los pueblos, implementando semillas forestales, frutales y de flora autóctona. Los gobiernos deben eliminar las concesiones forestales y apoyar la conservación del petróleo bajo la tierra y que se detenga urgentemente la explotación de hidrocarburos en las selvas.

Exigimos a los Estados que reconozcan, respeten y garanticen la efectiva aplicación de los estándares internacionales de derechos humanos y los derechos de los Pueblos Indígenas, en particular la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, el Convenio 169 de la OIT, entre otros instrumentos pertinentes, en el marco de las negociaciones, políticas y medidas para resolver los desafíos planteados por el cambio climático. En especial, demandamos a los Estados a que reconozcan jurídicamente la preexistencia del derecho sobre nuestros territorios, tierras y recursos naturales para posibilitar y fortalecer nuestras formas tradicionales de vida y contribuir efectivamente a la solución del cambio climático.

Demandamos la plena y efectiva aplicación del derecho a la consulta, la participación y el consentimiento previo, libre e informado de los Pueblos Indígenas en todos los procesos de negociación así como en el diseño e implementación de las medidas relativas al cambio climático.

En la actualidad la degradación medioambiental y el cambio climático alcanzarán niveles críticos, siendo una de las principales consecuencias la migración interna así como internacional. Según algunas proyecciones en 1995 existían alrededor de 25 millones de migrantes climáticos, al presente se estima en 50 millones y las proyecciones para el año 2050 son de 200 a 1000 millones de personas que serán desplazadas por situaciones derivadas del cambio climático.

Los países desarrollados deben asumir la responsabilidad sobre los migrantes climáticos, acogiéndolos en sus territorios y reconociendo sus derechos fundamentales, a través de la firma de convenios internacionales que contemplen la definición de migrante climático para que todos los Estados acaten sus determinaciones.

Constituir un Tribunal Internacional de Conciencia para denunciar, hacer visible, documentar, juzgar y sancionar las violaciones de los derechos de los(s) migrantes, refugiados(as) y desplazados en los países de origen, tránsito y destino, identificando claramente las responsabilidades de los Estados, compañías y otros actores.

El financiamiento actual destinado a los países en desarrollo para cambio climático y la propuesta del Entendimiento de Copenhague son ínfimos. Los países desarrollados deben comprometer un financiamiento anual nuevo, adicional a la Ayuda Oficial al Desarrollo y de fuente pública, de al menos 6% de su PIB para enfrentar el cambio climático en los países en desarrollo. Esto es viable tomando en cuenta que gastan un monto similar en defensa nacional y destinaron 5 veces más para rescatar bancos y especuladores en quiebra, lo que cuestiona seriamente sus prioridades mundiales y su voluntad política. Este financiamiento debe ser directo, sin condicionamiento y no vulnerar la soberanía nacional ni la autodeterminación de las comunidades y grupos más afectados.

En vista de la ineficiencia del mecanismo actual, en la Conferencia de México se debe establecer un nuevo mecanismo de financiamiento que funcione bajo la autoridad de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre cambio Climático rindiendo cuentas a la misma, con una representación significativa de los países en desarrollo para garantizar el cumplimiento de los compromisos de financiamiento de los países Anexo 1.

Se ha constatado que los países desarrollados incrementaron sus emisiones en el periodo 1990 – 2007, no obstante haber manifestado que la reducción se vería sustancialmente coadyuvada con mecanismos de mercado.

El mercado de carbono se ha transformado en un negocio lucrativo, mercantilizando nuestra Madre Tierra, esto no representa una alternativa para afrontar el cambio climático, puesto que saquea, devasta la tierra, el agua e incluso la vida misma.

La reciente crisis financiera ha demostrado que el mercado es incapaz de regular el sistema financiero, que es frágil e inseguro ante la especulación y la aparición de agentes intermediarios, por lo tanto, sería una total irresponsabilidad dejar en sus manos el cuidado y protección de la propia existencia humana y de nuestra Madre Tierra.

Consideramos inadmisible que las negociaciones en curso pretendan la creación de nuevos mecanismos que amplíen y promuevan el mercado de carbono toda vez que los mecanismos existentes nunca resolvieron el problema del Cambio Climático ni se transformaron en acciones reales y directas en la reducción de gases de efecto invernadero.

Es imprescindible exigir el cumplimento de los compromisos asumidos por los países desarrollados en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático respecto al desarrollo y transferencia de tecnología, así como rechazar la “vitrina tecnológica” propuesta por países desarrollados que solamente comercializan la tecnología. Es fundamental establecer los lineamientos para crear un mecanismo multilateral y multidisciplinario para el control participativo, la gestión y la evaluación continua del intercambio de tecnologías. Estas tecnologías deben ser útiles, limpias, y socialmente adecuadas. De igual manera es fundamental el establecimiento de un fondo de financiamiento e inventario de tecnologías apropiadas y liberadas de derechos de propiedad intelectual, en particular, de patentes que deben pasar de monopolios privados a ser de dominio público, de libre accesibilidad y bajo costo.

El conocimiento es universal, y por ningún motivo puede ser objeto de propiedad privada y de utilización privativa, como tampoco sus aplicaciones en forma de tecnologías. Es deber de los países desarrollados compartir su tecnología con países en desarrollo, crear centros de investigación para la creación de tecnologías e innovaciones propias, así como defender e impulsar su desarrollo y aplicación para el vivir bien. El mundo debe recuperar, aprender, reaprender los principios y enfoques del legado ancestral de sus pueblos originarios para detener la destrucción del planeta, así como los conocimientos y prácticas ancestrales y recuperación de la espiritualidad en la reinserción del vivir bien juntamente con la Madre Tierra.

Considerando la falta de voluntad política de los países desarrollados para cumplir de manera efectiva sus compromisos y obligaciones asumidos en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kioto, y frente a la inexistencia de una instancia legal internacional que prevenga y sancione todos aquellos delitos y crímenes climáticos y ambientales que atenten contra los derechos de la Madre Tierra y la humanidad, demandamos la creación de un Tribunal Internacional de Justicia Climática y Ambiental que tenga la capacidad jurídica vinculante de prevenir, juzgar y sancionar a los Estados, las Empresas y personas que por acción u omisión contaminen y provoquen el cambio climático.

Respaldar a los Estados que presenten demandas en la Corte Internacional de Justicia contra los países desarrollados que no cumplen con sus compromisos bajo la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kioto incluyendo sus compromisos de reducción de gases de efecto invernadero.

Instamos a los pueblos a proponer y promover una profunda reforma de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para que todos sus Estados miembros cumplan las decisiones del Tribunal Internacional de Justicia Climática y Ambiental.

El futuro de la humanidad está en peligro y no podemos aceptar que un grupo de gobernantes de países desarrollados quieran definir por todos los países como lo intentaron hacer infructuosamente en la Conferencia de las Partes de Copenhague. Esta decisión nos compete a todos los pueblos. Por eso es necesaria la realización de un Referéndum Mundial, plebiscito o consulta popular, sobre el cambio Climático en el cuál todos seamos consultados sobre: el nivel de reducciones de emisiones que deben hacer los países desarrollados y las empresas transnacionales; el financiamiento que deben proveer los países desarrollados; la creación de un Tribunal Internacional de Justicia Climática; la necesidad de una Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra y; la necesidad de cambiar el actual sistema capitalista.

El proceso del Referéndum Mundial, plebiscito o consulta popular será fruto de un proceso de preparación que asegure el desarrollo exitoso del mismo.

Con el  fin de coordinar nuestro accionar internacional e implementar los resultados del presente “Acuerdo de los Pueblos” llamamos a construir un Movimiento Mundial de los Pueblos por la Madre Tierra que se basará en los principios de complementariedad y respeto a la diversidad de origen y visiones de sus integrantes, constituyéndose en un espacio amplio y democrático de coordinación y articulación de acciones a nivel mundial.

Con tal propósito, adoptamos el plan de acción mundial adjunto para que en México los países desarrollados del Anexo 1 respeten el marco legal vigente y reduzcan sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 50 % y se asuman las diferentes propuestas contenidas en este Acuerdo.

Finalmente, acordamos realizar la 2ª Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra en el 2011 como parte de este proceso de construcción del Movimiento Mundial de los Pueblos por la Madre Tierra y para reaccionar frente a los resultados de la Conferencia de Cambio Climático que se realizará a fines de año en Cancún, México. (cc)

Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra

22 de Abril Cochabamba, Bolivia

ACUERDO DE LOS PUEBLOS

Hoy, nuestra Madre Tierra está herida y el futuro de la humanidad está en peligro.

De incrementarse el calentamiento global en más de 2º C, a lo que nos conduciría el llamado “Entendimiento de Copenhague” existe el 50%  de probabilidades de que los daños provocados a nuestra Madre Tierra sean totalmente irreversibles. Entre un 20% y un 30% de las especies estaría en peligro de desaparecer. Grandes extensiones de bosques serían afectadas, las sequías e inundaciones afectarían diferentes regiones del planeta, se extenderían los desiertos y se agravaría el derretimiento de los polos y los glaciares en los Andes y los Himalayas. Muchos Estados insulares desaparecerían y el África sufriría un incremento de la temperatura de más de 3º C. Así mismo, se reduciría la producción de alimentos en el mundo con efectos catastróficos para la supervivencia de los habitantes de vastas regiones del planeta, y se incrementaría de forma dramática el número de hambrientos en el mundo, que ya sobrepasa la cifra de 1.020 millones de personas.

Las corporaciones y los gobiernos de los países denominados “más desarrollados”, en complicidad con un segmento de la comunidad científica, nos ponen a discutir el cambio climático como un problema reducido a la  elevación de la temperatura sin cuestionar la causa que es el sistema capitalista.

Confrontamos la crisis terminal del modelo civilizatorio patriarcal basado en el sometimiento y destrucción de seres humanos y naturaleza que se aceleró con la revolución industrial.

El sistema capitalista nos ha impuesto una lógica de competencia, progreso y crecimiento ilimitado. Este régimen de producción y consumo busca la ganancia sin límites, separando al ser humano de la naturaleza, estableciendo  una lógica de dominación sobre ésta, convirtiendo todo en mercancía: el agua, la tierra, el genoma humano, las culturas ancestrales, la biodiversidad, la justicia, la ética, los derechos de los pueblos, la muerte y la vida misma.

Bajo el capitalismo, la Madre Tierra se convierte en fuente sólo de materias primas y los seres humanos en medios de producción y consumidores, en personas que valen por lo que tienen y no por lo que son.

El capitalismo requiere una potente industria militar para su proceso de acumulación y el control de territorios y recursos naturales, reprimiendo la resistencia de los pueblos.  Se trata de un sistema imperialista de colonización del planeta.

La humanidad está frente a una gran disyuntiva: continuar por el camino del capitalismo, la depredación y la muerte, o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida.

Requerimos forjar un nuevo sistema que restablezca la armonía con la naturaleza y entre los seres humanos. Sólo puede haber equilibrio con la naturaleza si hay equidad entre los seres humanos.

Planteamos a los pueblos del mundo la recuperación, revalorización y fortalecimiento de los conocimientos, sabidurías y prácticas ancestrales de los Pueblos Indígenas, afirmados en la vivencia y propuesta de “Vivir Bien”, reconociendo a la Madre Tierra como un ser vivo, con el cual tenemos una relación indivisible, interdependiente, complementaria y espiritual.

Para enfrentar el cambio climático debemos reconocer a la Madre Tierra como la fuente de la vida y forjar un nuevo sistema basado en los principios de:

· armonía y equilibrio entre todos y con todo

· complementariedad, solidaridad, y equidad

· bienestar colectivo y satisfacción de las necesidades fundamentales de todos en armonía con la Madre Tierra

· respeto a los Derechos de la Madre Tierra y a los Derechos Humanos

· reconocimiento del ser humano por lo que es y no por lo que tiene

· eliminación de toda forma de colonialismo, imperialismo e intervencionismo

· paz entre los pueblos y con la Madre Tierra.

El modelo que propugnamos no es de desarrollo destructivo ni ilimitado. Los países necesitan producir bienes y servicios  para satisfacer las necesidades fundamentales de su población, pero de ninguna manera pueden continuar por este camino de desarrollo en el cual los países más ricos tienen una huella ecológica 5 veces más grande de lo que el planeta es capaz de soportar. En la actualidad ya se ha excedido en más de un 30% la capacidad del planeta para regenerarse. A este ritmo de sobreexplotación de nuestra Madre Tierra se necesitarían 2 planetas para el 2030.

En un sistema interdependiente del cual los seres humanos somos uno de sus componentes no es posible reconocer derechos solamente a la parte humana sin provocar un desequilibrio en todo el sistema. Para garantizar los derechos humanos y restablecer la armonía con la naturaleza es necesario reconocer y aplicar efectivamente los derechos de la Madre Tierra.

Para ello proponemos el proyecto adjunto de Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra en el cual se consignan:

· Derecho a la vida y a existir;

· Derecho a ser respetada;

· Derecho a la continuación de sus ciclos y procesos vitales libre de alteraciones humanas;

· Derecho a mantener su identidad e integridad como seres diferenciados, auto-regulados e interrelacionados;

· Derecho al agua como fuente de vida;

· Derecho al aire limpio;

· Derecho a la salud integral;

· Derecho a estar libre de la contaminación y polución, de desechos tóxicos y radioactivos;

· Derecho a no ser alterada genéticamente y modificada en su estructura amenazando su integridad o funcionamiento vital y saludable.

· Derecho a una restauración plena y pronta por las violaciones a los derechos reconocidos en esta Declaración causados por las actividades humanas.

La visión compartida es estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero para hacer efectivo el Artículo 2 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático que determina “la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropogénicas peligrosas para el sistema climático”. Nuestra visión es, sobre la base del principio de las responsabilidades históricas comunes pero diferenciadas, exigir que los países desarrollados se comprometan con metas cuantificadas de reducción de emisiones que permitan retornar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a 300 ppm y así, limitar el incremento de la temperatura media global a un nivel máximo de 1°C.

Enfatizando la necesidad de acción urgente para lograr esta visión, y con el apoyo de los pueblos, movimientos y países, los países desarrollados deberán comprometerse con metas ambiciosas de reducción de emisiones que permitan alcanzar objetivos a corto plazo, manteniendo nuestra visión a favor del equilibrio del sistema climático de la Tierra, de acuerdo al objetivo último de la Convención.

La “visión compartida” para la “Acción Cooperativa a Largo Plazo” no debe reducirse en la negociación de cambio climático a definir el límite en el incremento de la temperatura y la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, sino que debe comprender de manera integral y equilibrada un conjunto de medidas financieras, tecnológicas, de adaptación, de desarrollo de capacidades, de patrones de producción, consumo y otras esenciales como el reconocimiento de los derechos de la Madre Tierra para restablecer la armonía con la naturaleza.

Los países desarrollados, principales causantes del cambio climático,  asumiendo su responsabilidad histórica y actual, deben reconocer y honrar su deuda climática en todas sus dimensiones, como base para una solución justa, efectiva y científica al cambio climático. En este marco exigimos a los países desarrollados que:

  • Restablezcan a los países en desarrollo el espacio atmosférico que está ocupado por sus emisiones de gases de efecto invernadero. Esto implica la descolonización de la atmósfera mediante la reducción y absorción  de sus emisiones.

  • Asuman los costos y las necesidades de transferencia de tecnología de los países en desarrollo por la pérdida de oportunidades de desarrollo por vivir en un espacio atmosférico restringido.

  • Se hagan responsables por los cientos de millones que tendrán que migrar por el cambio climático que han provocado y que eliminen sus políticas restrictivas de migración y ofrezcan a los migrantes una vida digna y con todos los derechos en sus países.

  • Asuman la deuda de adaptación relacionadas a los impactos del cambio climático en los países en desarrollo proveyendo los medios para prevenir, minimizar y atender  los daños que surgen de sus excesivas emisiones.

  • Honren estas deudas como parte de una deuda mayor con la Madre Tierra adoptando y aplicando la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra en las Naciones Unidas.

El enfoque debe ser no solamente de compensación económica, sino principalmente de justicia restaurativa – es decir restituyendo la integridad a las personas y a los miembros que forman una comunidad de vida en la Tierra.

Deploramos el intento de un grupo de países de anular el Protocolo de Kioto el único instrumento legalmente vinculante específico para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de los países desarrollados.

Advertimos al mundo que no obstante estar obligados legalmente las emisiones de los países desarrollados en lugar de reducir, crecieron en un 11,2% entre 1990 y 2007.

Estados Unidos a causa del consumo ilimitado aumentó sus emisiones de GEI en 16,8% durante el periodo 1990 al 2007, emitiendo como promedio entre 20 y 23 toneladas anuales de CO2 por habitante, lo que representa más de 9 veces las emisiones correspondientes a un habitante promedio del Tercer Mundo, y más de 20 veces las emisiones de un habitante de África Subsahariana.

Rechazamos de manera absoluta el ilegitimo “Entendimiento de Copenhague”, que permite a estos países desarrollados  ofertar reducciones insuficientes de gases de efecto invernadero, basadas en compromisos voluntarios e individuales, que violan la integridad ambiental de la Madre Tierra conduciéndonos a un aumento de alrededor de 4ºC.

La próxima Conferencia sobre Cambio Climático a realizarse a fines de año en México debe aprobar la enmienda al Protocolo de Kioto, para el segundo período de compromisos a iniciarse en 2013 a 2017 en el cual los países desarrollados deben comprometer reducciones domésticas significativas de al menos el 50% respecto al año base de 1990 sin incluir mercados de carbono u otros sistemas de desviación que enmascaran el incumplimiento de las reducciones reales de emisiones de gases de efecto invernadero.

Requerimos establecer primero una meta para el conjunto de los países desarrollados para luego realizar la asignación individual para cada país desarrollado  en el marco de una comparación de esfuerzos entre cada uno de ellos, manteniendo así el sistema del Protocolo de Kioto para las reducciones de las emisiones.

Los Estados Unidos de América, en su carácter de único país de la Tierra del Anexo 1 que no ratificó el Protocolo de Kioto tiene una responsabilidad significativa ante todos los pueblos del mundo por cuanto debe ratificar el Protocolo de Kioto y comprometerse a respetar y dar cumplimiento a los objetivos de reducción de emisiones a escala de toda su economía.

Los pueblos tenemos los mismos derechos de protección ante los impactos del cambio climático y rechazamos la noción de adaptación al cambio climático entendida como la resignación a los impactos  provocados por las emisiones históricas de los países desarrollados, quienes deben adaptar sus estilos de vida y de consumo ante esta emergencia planetaria. Nos vemos forzados a enfrentar los impactos del cambio climático, considerando la adaptación como un proceso y no como una imposición, y además como herramienta que sirva para contrarrestarlos, demostrando que es posible vivir en armonía bajo un modelo de vida distinto.

Es necesario construir un Fondo de Adaptación, como un fondo exclusivo para enfrentar el cambio climático como parte de un mecanismo financiero manejado y conducido de manera soberana, transparente y equitativa por nuestros Estados.  Bajo este Fondo se debe  valorar: los impactos y sus costos en países en desarrollo y las necesidades que estos impactos deriven, y registrar y monitorear el apoyo por parte de países desarrollados. Éste debe manejar además un mecanismo para el resarcimiento por daños por impactos ocurridos y futuros, por pérdida de oportunidades y la reposición por eventos climáticos extremos y graduales, y costos adicionales que podrían presentarse si nuestro planeta sobrepasa los umbrales ecológicos  así como aquellos impactos que están frenando el derecho a Vivir Bien.

El “Entendimiento de Copenhague” impuesto sobre los países en desarrollo por algunos Estados, más allá de ofertar recursos insuficientes, pretende en si mismo dividir y enfrentar a los pueblos y pretende extorsionar a los países en desarrollo condicionando el acceso a recursos de adaptación a cambio de medidas de mitigación. Adicionalmente se establece como inaceptable que en los procesos de negociación internacional se intente categorizar a los países en desarrollo por su vulnerabilidad al cambio climático, generando disputas, desigualdades y segregaciones entre ellos.

El inmenso desafío que enfrentamos como humanidad para detener el calentamiento global y enfriar el planeta sólo se logrará llevando adelante una profunda transformación en la agricultura hacia un modelo sustentable de producción agrícola campesino e indígena/originario, y otros modelos y prácticas ancestrales ecológicas que contribuyan a solucionar el problema del cambio climático y aseguren la Soberanía Alimentaria, entendida como el derecho de los pueblos a controlar sus propias semillas, tierras, agua y la producción de alimentos, garantizando, a través de una producción en armonía con la Madre Tierra, local y culturalmente apropiada, el acceso de los pueblos a alimentos suficientes, variados y nutritivos en complementación con la Madre Tierra y profundizando la producción autónoma (participativa, comunitaria y compartida) de cada nación y pueblo.

El Cambio Climático ya está produciendo profundos impactos sobre la agricultura y los modos de vida de los pueblos indígenas/originarios y campesinos del mundo y estos impactos se irán agravando en el futuro.

El agro negocio a través de su modelo social, económico y cultural de producción capitalista globalizada y su lógica de producción de alimentos para el mercado y no para cumplir con el derecho a la alimentación, es una de las causas principales del cambio climático. Sus herramientas tecnológicas, comerciales y políticas no hacen más que profundizar la crisis climática e incrementar el hambre en el planeta. Por esta razón rechazamos los Tratados de Libre Comercio y Acuerdos de Asociación y toda forma de aplicación de los Derechos de Propiedad Intelectual sobre la vida, los paquetes tecnológicos actuales (agroquímicos, transgénicos) y aquellos que se ofrecen como falsas soluciones (agrocombustibles, geoingeniería, nanotecnología, tecnología Terminator y similares) que únicamente agudizarán la crisis actual.

Al mismo tiempo denunciamos como este modelo capitalista impone megaproyectos de infraestructura, invade territorios con proyectos extractivistas, privatiza y mercantiliza el agua y militariza los territorios expulsando a los pueblos indígenas y campesinos de sus territorios, impidiendo la Soberanía Alimentaria y profundizando la crisis socioambiental.

Exigimos reconocer el derecho de todos los pueblos, los seres vivos y la Madre Tierra a acceder y gozar del agua y apoyamos  la propuesta del Gobierno de Bolivia para reconocer al agua como un Derecho Humano Fundamental.

La definición de bosque utilizada en las negociaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, la cual incluye plantaciones, es inaceptable. Los monocultivos no son bosques. Por lo tanto, exigimos una definición para fines de negociación que reconozca los bosques nativos y la selva y la diversidad de los ecosistemas de la tierra.

La Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas debe ser plenamente reconocida, implementada e integrada en las negociaciones de cambio climático. La mejor estrategia y acción para evitar la deforestación y degradación y proteger los bosques nativos y la selva es reconocer y garantizar los derechos colectivos de las tierras y territorios considerando especialmente que la mayoría de los bosques y selvas están en los territorios de pueblos y naciones indígenas, comunidades campesinas y tradicionales.

Condenamos los mecanismos de mercado, como el mecanismo de REDD (Reducción de emisiones por la deforestación y degradación de bosques) y sus versiones + y ++, que está violando la soberanía de los Pueblos y su derecho al consentimiento libre, previo e informado, así como a la soberanía de Estados nacionales, y viola los derechos, usos y costumbres de los Pueblos y los Derechos de la Naturaleza.

Los países contaminadores están obligados a transferir de manera directa los recursos económicos y tecnológicos para pagar la restauración y mantenimiento de los bosques y selvas, en favor de los pueblos y estructuras orgánicas ancestrales indígenas, originarias, campesinas. Esto deberá ser una compensación directa y adicional a las fuentes de financiamiento comprometidas por los países desarrollados, fuera del mercado de carbono y nunca sirviendo como las compensaciones de carbono (offsets). Demandamos a los países a detener las iniciativas locales en bosques y selvas basados en mecanismos de mercado y que proponen resultados inexistentes y condicionados. Exigimos a los gobiernos un programa mundial de restauración de bosques nativos y selvas, dirigido y administrado por los pueblos, implementando semillas forestales, frutales y de flora autóctona. Los gobiernos deben eliminar las concesiones forestales y apoyar la conservación del petróleo bajo la tierra y que se detenga urgentemente la explotación de hidrocarburos en las selvas.

Exigimos a los Estados que reconozcan, respeten y garanticen la efectiva aplicación de los estándares internacionales de derechos humanos y los derechos de los Pueblos Indígenas, en particular la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, el Convenio 169 de la OIT, entre otros instrumentos pertinentes, en el marco de las negociaciones, políticas y medidas para resolver los desafíos planteados por el cambio climático. En especial, demandamos a los Estados a que reconozcan jurídicamente la preexistencia del derecho sobre nuestros territorios, tierras y recursos naturales para posibilitar y fortalecer nuestras formas tradicionales de vida y contribuir efectivamente a la solución del cambio climático.

Demandamos la plena y efectiva aplicación del derecho a la consulta, la participación y el consentimiento previo, libre e informado de los Pueblos Indígenas en todos los procesos de negociación así como en el diseño e implementación de las medidas relativas al cambio climático.

En la actualidad la degradación medioambiental y el cambio climático alcanzarán niveles críticos, siendo una de las principales consecuencias la migración interna así como internacional. Según algunas proyecciones en 1995 existían alrededor de 25 millones de migrantes climáticos, al presente se estima en 50 millones y las proyecciones para el año 2050 son de 200 a 1000 millones de personas que serán desplazadas por situaciones derivadas del cambio climático.

Los países desarrollados deben asumir la responsabilidad sobre los migrantes climáticos, acogiéndolos en sus territorios y reconociendo sus derechos fundamentales, a través de la firma de convenios internacionales que contemplen la definición de migrante climático para que todos los Estados acaten sus determinaciones.

Constituir un Tribunal Internacional de Conciencia para denunciar, hacer visible, documentar, juzgar y sancionar las violaciones de los derechos de los(s) migrantes, refugiados(as) y desplazados en los países de origen, tránsito y destino, identificando claramente las responsabilidades de los Estados, compañías y otros actores.

El financiamiento actual destinado a los países en desarrollo para cambio climático y la propuesta del Entendimiento de Copenhague son ínfimos. Los países desarrollados deben comprometer un financiamiento anual nuevo, adicional a la Ayuda Oficial al Desarrollo y de fuente pública, de al menos 6% de su PIB para enfrentar el cambio climático en los países en desarrollo. Esto es viable tomando en cuenta que gastan un monto similar en defensa nacional y destinaron 5 veces más para rescatar bancos y especuladores en quiebra, lo que cuestiona seriamente sus prioridades mundiales y su voluntad política. Este financiamiento debe ser directo, sin condicionamiento y no vulnerar la soberanía nacional ni la autodeterminación de las comunidades y grupos más afectados.

En vista de la ineficiencia del mecanismo actual, en la Conferencia de México se debe establecer un nuevo mecanismo de financiamiento que funcione bajo la autoridad de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre cambio Climático rindiendo cuentas a la misma, con una representación significativa de los países en desarrollo para garantizar el cumplimiento de los compromisos de financiamiento de los países Anexo 1.

Se ha constatado que los países desarrollados incrementaron sus emisiones en el periodo 1990 – 2007, no obstante haber manifestado que la reducción se vería sustancialmente coadyuvada con mecanismos de mercado.

El mercado de carbono se ha transformado en un negocio lucrativo, mercantilizando nuestra Madre Tierra, esto no representa una alternativa para afrontar el cambio climático, puesto que saquea, devasta la tierra, el agua e incluso la vida misma.

La reciente crisis financiera ha demostrado que el mercado es incapaz de regular el sistema financiero, que es frágil e inseguro ante la especulación y la aparición de agentes intermediarios, por lo tanto, sería una total irresponsabilidad dejar en sus manos el cuidado y protección de la propia existencia humana y de nuestra Madre Tierra.

Consideramos inadmisible que las negociaciones en curso pretendan la creación de nuevos mecanismos que amplíen y promuevan el mercado de carbono toda vez que los mecanismos existentes nunca resolvieron el problema del Cambio Climático ni se transformaron en acciones reales y directas en la reducción de gases de efecto invernadero.

Es imprescindible exigir el cumplimento de los compromisos asumidos por los países desarrollados en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático respecto al desarrollo y transferencia de tecnología, así como rechazar la “vitrina tecnológica” propuesta por países desarrollados que solamente comercializan la tecnología. Es fundamental establecer los lineamientos para crear un mecanismo multilateral y multidisciplinario para el control participativo, la gestión y la evaluación continua del intercambio de tecnologías. Estas tecnologías deben ser útiles, limpias, y socialmente adecuadas. De igual manera es fundamental el establecimiento de un fondo de financiamiento e inventario de tecnologías apropiadas y liberadas de derechos de propiedad intelectual, en particular, de patentes que deben pasar de monopolios privados a ser de dominio público, de libre accesibilidad y bajo costo.

El conocimiento es universal, y por ningún motivo puede ser objeto de propiedad privada y de utilización privativa, como tampoco sus aplicaciones en forma de tecnologías. Es deber de los países desarrollados compartir su tecnología con países en desarrollo, crear centros de investigación para la creación de tecnologías e innovaciones propias, así como defender e impulsar su desarrollo y aplicación para el vivir bien. El mundo debe recuperar, aprender, reaprender los principios y enfoques del legado ancestral de sus pueblos originarios para detener la destrucción del planeta, así como los conocimientos y prácticas ancestrales y recuperación de la espiritualidad en la reinserción del vivir bien juntamente con la Madre Tierra.

Considerando la falta de voluntad política de los países desarrollados para cumplir de manera efectiva sus compromisos y obligaciones asumidos en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kioto, y frente a la inexistencia de una instancia legal internacional que prevenga y sancione todos aquellos delitos y crímenes climáticos y ambientales que atenten contra los derechos de la Madre Tierra y la humanidad, demandamos la creación de un Tribunal Internacional de Justicia Climática y Ambiental que tenga la capacidad jurídica vinculante de prevenir, juzgar y sancionar a los Estados, las Empresas y personas que por acción u omisión contaminen y provoquen el cambio climático.

Respaldar a los Estados que presenten demandas en la Corte Internacional de Justicia contra los países desarrollados que no cumplen con sus compromisos bajo la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kioto incluyendo sus compromisos de reducción de gases de efecto invernadero.

Instamos a los pueblos a proponer y promover una profunda reforma de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para que todos sus Estados miembros cumplan las decisiones del Tribunal Internacional de Justicia Climática y Ambiental.

El futuro de la humanidad está en peligro y no podemos aceptar que un grupo de gobernantes de países desarrollados quieran definir por todos los países como lo intentaron hacer infructuosamente en la Conferencia de las Partes de Copenhague. Esta decisión nos compete a todos los pueblos. Por eso es necesaria la realización de un Referéndum Mundial, plebiscito o consulta popular, sobre el cambio Climático en el cuál todos seamos consultados sobre: el nivel de reducciones de emisiones que deben hacer los países desarrollados y las empresas transnacionales; el financiamiento que deben proveer los países desarrollados; la creación de un Tribunal Internacional de Justicia Climática; la necesidad de una Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra y; la necesidad de cambiar el actual sistema capitalista.

El proceso del Referéndum Mundial, plebiscito o consulta popular será fruto de un proceso de preparación que asegure el desarrollo exitoso del mismo.

Con el  fin de coordinar nuestro accionar internacional e implementar los resultados del presente “Acuerdo de los Pueblos” llamamos a construir un Movimiento Mundial de los Pueblos por la Madre Tierra que se basará en los principios de complementariedad y respeto a la diversidad de origen y visiones de sus integrantes, constituyéndose en un espacio amplio y democrático de coordinación y articulación de acciones a nivel mundial.

Con tal propósito, adoptamos el plan de acción mundial adjunto para que en México los países desarrollados del Anexo 1 respeten el marco legal vigente y reduzcan sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 50 % y se asuman las diferentes propuestas contenidas en este Acuerdo.

Finalmente, acordamos realizar la 2ª Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra en el 2011 como parte de este proceso de construcción del Movimiento Mundial de los Pueblos por la Madre Tierra y para reaccionar frente a los resultados de la Conferencia de Cambio Climático que se realizará a fines de año en Cancún, México.

inativos hoje, radioativos amanhã?

20/04/2010 § Deixe um comentário

Começou em Cochabamba, na Bolívia, a Conferência Mundial dos Povos sobre Mudança Climática e os Direitos da Mãe Terra — CMPCC, na sigla em castelhano. O evento foi convocado pelo presidente Evo Morales poucas semanas após o fracasso da COP-15, em Copenhague, que reuniu os líderes do mundo inteiro mas não chegou a nenhum acordo sobre o combate ao aquecimento global.

Poucos chefes de estado ou governo, porém, assistirão à CMPCC. O presidente boliviano deve receber a vista apenas de seus maiores aliados estratégicos regionais: Hugo Chávez, Rafael Correa, Fernando Lugo e Daniel Ortega. Todos eles integram a Aliança Bolivariana para as Américas (ALBA), tiveram uma atuação semelhante durante a cúpula da Dinamarca e defendem que nenhuma política para mitigar o aquecimento global será efetiva dentro do capitalismo. Porque, ora bolas, é o próprio sistema que vem destruindo a natureza.

Alguns jornais chamaram a CMPCC de “Woodstock climático”. Eu prefiro fazer um paralelo com o Fórum Social Mundial, que surgiu para contrapor o discurso hegemônico do Fórum Econômico Mundial. Podemos dizer que as Conferências das Partes (COP) promovidas pelas Nações Unidas para discutir a mudança climática é como se fosse uma “Davos ambiental”, enquanto a nova CMPCC é muito mais Porto Alegre.

Na COP se reúnem empresários, lobistas e chefes de estado, que podem até impulsionar acordos para preservar a natureza, mas sempre acabam esbarrando em interesses políticos e econômicos que falam mais alto. Na CMPCC estarão presentes ongs e ativistas — e alguns presidentes, além de representantes de governo — que propõem e defender uma mudança de postura no que diz respeito à catástrofe climática. E já, pra ontem, porque o planeta não pode esperar.

“As coisas estão caminhando numa direção errada. Os governos sabem disso, os cientistas sabem disso, mas nada estão mudando”, disse Pablo Solón, embaixador da Bolívia nas Nações Unidas, em entrevista ao Guardian. “Esse é o único cenário para fazer um balanço entre a pressão que as grandes corporações estão colocando sobre os governantes e a pressão que pode emergir da sociedade civil.”

A CMPCC é uma significativa oportunidade dada aos povos de todo o mundo — sobretudo aqueles cujas opiniões são esquecidas ou ignoradas pelo poder hegemônico — para que se façam ouvir. Os discursos em torno da crise ambiental são, digamos, unidimensionais, na medida em que apenas conseguem conceber saídas ao aquecimento global dentro da ordem política e econômica vigente. É a insistência na manutenção das noções capitalistas de riqueza, crescimento e desenvolvimento que tem produzido abstrações esquizofrênicas para salvar o mundo da tragédia, como o mercado internacional de carbono, que faz cálculos inimagináveis para atribuir valor monetário a algo tão óbvio como a preservação ambiental.

Preservar a natureza, uma atitude gratuita, custa muito dinheiro dentro do capitalismo. Portanto, algo está errado.

É este recado, cuja inspiração parte do mundo indígena, que a CMPCC quer repassar ao mundo, uma vez que os líderes mundiais voltarão a discutir o aquecimento terrestre em dezembro de 2010, no México. Evo Morales também pretende que a Conferência seja o ponto de partida para um plebiscito mundial sobre o aquecimento climático, um instrumento que possa recolher a vontade da sociedade global sobre as políticas que estão — e principalmente as que não estão — sendo adotadas para combater a devastação.

As propostas centrais da CMPCC guardam estreita relação com muitos dos artigos e reportagens publicados aqui em Latitude Sul ao longo desse ano e pouco de atividade. São gritos para que a devastação seja interrompida de uma vez por todas, para que as florestas deixem de ser derrubadas, que os rios deixem de ser poluídos e o ar, contaminado, porque só assim poderemos viver em harmonia com a natureza, e não apartados dela, porque a ela pertencemos. E, caso a economia deixe de crescer por causa disso, então é hora de reinventar nossos padrões de bem-estar e dignidade.

Porque talvez valha mais a pena viajar menos, trabalhar menos e, consequentemente, ter menos conforto para usufruir de um ar com menos partículas pesadas, de uma água sem cloro e de florestas nativas. E, sobretudo, para que o mundo seja menos injusto. É uma escolha. –tadeu breda (cc)

>> Notícias sobre a CMPCC podem ser acompanhadas, em espanhol, no saite oficial da conferência e também, em inglês, na cobertura do jornal britânico The Guardian.

indígena peruana todo mundo fala que é terrorista

25/07/2009 § Deixe um comentário

Mais de um mês se passou desde o conflito que deixou dezenas de mortos na selva peruana. Neste período, ministros caíram, a popularidade de Alan García, que já era baixa, chegou ao pior nível imaginável, e o Congresso derrubou os decretos contra os quais os indígenas se manifestavam.

Mas a vida das comunidades originárias só piorou. Depois de Alberto Pizango, os irmãos e líderes Saúl e Cervando Perta Peña pediram asilo à Nicarágua alegando falta de segurança no país.

Lourdes Huanca Atencio, presidenta da Federação Nacional de Mulheres Camponesas, Artesãs Indígenas, Nativas e Assalariadas do Peru (Femucarina), confirma que “todas nossas famílias estão desamparadas, bem como nossos companheiros que estão fora do país porque a Justiça do Peru não lhes dá garantias”.

A líder indígena aimará de Moquegua conversou conosco por telefone sobre a situação dos camponeses no país. Emocionou-se várias vezes ao falar do preconceito sofrido pelas mulheres peruanas, da morte do irmão que se opôs às multinacionais e da violência contra o filho, que lutou por direitos trabalhistas.

Afirmando que é preciso ter força para seguir lutando, Lourdes Huanca comentou os episódios em Bagua e os desdobramentos no movimento indígena, além dos fatos de 2003 em Ilave, sul peruano, onde um prefeito acusado de corrupção foi morto pela comunidade.

Você acredita que o machismo no Peru é um reflexo da colonização ou vem deste antes?

Para nós, como mulheres, dirigentes e camponesas, muitas vezes é difícil assumir responsabilidades. No nosso país reina o patriarcalismo machista. Por isso, é de grande valor esse evento. Creio que vem desde antes da colonização porque na história mesmo de cada país sempre eram os homens os senhores, os reis, e as mulheres eram as serventes. Na cultura de nosso país, o homem tem a razão, é o dono da casa, o que enfrenta a situação.Claro que a colonização dá  mais força a isso. Os homens puderam entrar na universidade e nos colégios com 50 anos de vantagem. Imagine você como temos que lutar agora para poder levar nossas filhas às escolas. Porque muitas vezes, quando o dinheiro não é suficiente, e tem um filho e uma filha, quem vai para a escola é o homem.

Penso que você sofre dois preconceitos no Peru: ser mulher e ser indígena.

As mulheres temos muito mais vezes problemas para poder assumir responsabilidades. Eu, como presidente, tenho de ajudar a formar, a dar capacitação no que eu aprendo. Por exemplo, isso que estou discutindo aqui, devo ir até as províncias e dividir, participar, porque é algo que não deve morrer nos dirigentes. Com isso, tenho de deixar minha casa. Pelo menos consigo que meu esposo e meus filhos me compreendam, mas não é assim com os outros. Você tem de brigar para fazer frente a uma proposta, para conseguir falar. Outra coisa é que a economia afeta mais as mulheres. Sentimos mais rápido porque o que colocamos na mesa de nossos filhos somos nós, mulheres, que sabemos. Sua família não lhe entende, o sistema não lhe entende e reina o patriarcalismo. Ou o matriarcalismo, porque muitas mães, irmãs, quando você está discutindo algo, dizem que ‘está agindo como homem’. Não te dão razão, não te apoiam na luta. Há um racismo radical. O homem, quando vê que a esposa está avançando, sente ciúmes e faz com que ela não cresça. É um medo tonto. Se os dois ganham poder ao mesmo tempo, temos força para poder defender nossa terra e nosso território, nossa água, nossa semente que nos querem levar.Isso mostra que as mulheres devemos lutar até mesmo dentro de nossa casa, de nossa sociedade e no capitalismo neoliberal.

Qual importância do que ocorreu em 2003 em Ilave?

Um ponto fundamental é  que não temos direito de tirar a vida de ninguém. Para isso há  leis. Se uma pessoa cometeu um erro, há a cadeia para isso. Tirar a vida é o pior que podemos imaginar, somos todos humanos. O que ocorreu em Ilave? Não existiu comunicação. As autoridades, quando assumem seus cargos, esquecem do povo, esquecem-se de que foram povo. Decidem sem consultar os seus, enganam, pensam que não sabemos pensar.Como mulheres camponesas, não estamos de acordo com a matança, ainda que respeitando a cultura de cada zona. Temos no país três mundos diferentes: a zona andina, a Amazônia e a cidade são mundos diferentes. Na selva, que houve a matança agora, para aquelas comunidades matar não é tão grave quanto para nós na zona andina. Isso temos que saber entender.

A nova Constituição boliviana reconhece o direito indígena de organizar sua própria justiça e de autoadministrar-se. Isso representa uma conquista dos altiplânicos?

Parece muito importante uma Constituição a favor de um povo esquecido, mas deve-se ter muito cuidado de que não se entenda da maneira errada e se comece a matar seres humanos. Temos de por as coisas claras no sentido de que temos o direito de organizar-se, de administrar nossas terras, mas isso não nos dá o direito de tirar a vida de alguém.

Como vocês receberam a notícia do que ocorreu em Bagua no mês passado?

Afetou-nos demais. Mas há  um responsável. E tem nome próprio: é o presidente da República. Alan García e todo seu gabinete ministerial por não terem a capacidade de governar para seu povo e para seu país. Estão governando para os interesses de transnacionais. Em seus discursos, afirmam que os camponeses e os amazônicos somos de terceira classe. Por que nos dizem isso? Porque nós não queremos que se venda a água, que se privatize a água, não queremos que se viole nosso território, nossa cultura. Não queremos que nos agarrem e nos forcem a aceitar seus costumes. Por exemplo, nós defendemos nossas sementes criollas (do altiplano, convenacionais). Hoje, com o tratado de livre comércio, querem impor as sementes transgênicas.

De que maneira o ocorrido em Bagua teve conseqüências no movimento indígena?

Piorou a criminalização dos protestos sociais. Todos os dirigentes, homens e mulheres, somos considerados terroristas. Todo o que fala, que protesta é terrorista. Todas nossas famílias estão desamparadas, bem como nossos companheiros que estão fora do país porque a Justiça do Peru não lhes dá garantias. Te deixam doente, te deixam doente, te matam. Já ocorreu em 1985, já  ocorreu alguns anos atrás quando mataram alguns camponeses. Somos tratados pior que animais. Como é que podemos lutar para sobreviver neste país? Não nos consideram como seres humanos. A impotência é tão grande.

Como estão as lutas camponesas altiplânicas?

A vantagem do que aconteceu em Bagua é que trouxe consciência tanto ao campo quanto à  cidade. Hoje, diz-se que temos que nos levantar para defender nossa luta porque o país estava adormecido. Éramos muito poucos os que saíamos para lutar pelo temor da violência política. Seguimos vivendo em um tempo em que as empresas grandes querem avançar com tudo. Se não despertamos, não poderemos viver tranquilamente e com uma vida digna. O povo está  encolerizado e tomou consciência de que temos de unir o campo e a cidade.Sabemos que o atual presidente e seu gabinete têm uma política capitalista neoliberal. Isso nos faz saber que há uma necessidade e uma urgência de chegar ao poder, estar em uma grande maioria dentro do Congresso. Hoje, temos sete companheiras que lutaram muito para derrubar esses dois decretos que tiravam a terra de nossos irmãos. Mas, por lutar que nos respeitem, essas congressistas e outro companheiro foram tirados, foram expulsos. Por que não pode chegar um Evo Morales, um Hugo Chávez, um Fidel Castro ao Peru?

Assim como a Bolívia, o Peru tem majoritariamente indígenas e mestiços em sua população. Como explicar que chegue ao poder sempre uma mesma elite branca?

Lamentavelmente, no nosso país existe isso de que estamos falando: o racismo, a discriminação. Muitas pessoas que vivem na cidade perguntam ‘que você vai saber propor? Um camponês vai saber se expressar?’. Isso é uma dor. Mas agora está chegando à cidade a ideia de que é preciso unir homens e mulheres, campo e cidade. Os golpes da vida ensinam a unir as forças. Estamos em nossos passos para conseguir um governo de um camponês ou de um indígena correto em igualdade, em princípios. Porque nós tivemos um presidente indígena, Alejandro Toledo (2001-06), que tinha a mente imperialista, a mente de gringos. De nada valeu ter um presidente que tinha o rosto indígena.

Como tem sido a atuação de empresas de biotecnologia no Peru?

Estão muito fortes as empresas mineiras que querem a terra e a água. Várias empresas transnacionais. E agora a Monsanto chega ao Congresso para dizer a maravilha que o mundo pode conseguir com a tecnologia transgênica. Isso é um crime. Nos querem fazer consumistas. Nós semeamos, colhemos, escolhemos os produtos maiores, voltamos a semear, voltamos a colher. Com as sementes transgênicas, sabemos que se semeia uma vez e depois já não se pode produzir. A Monsanto, monopolista, sempre vê somente seu bolso, somente o dinheiro é fundamental e por isso continuam apoiando governos a favor desta economia capitalista com leis para nos tirar a água. Não quero deixar de citar a militarização. No Peru, dissimuladamente, pedem que se radique a folha de coca porque faz dano ao mundo. Em primeiro lugar, a folha de coca para nós é fundamental. Mastigamos a coca contra o frio. Não somos os responsáveis por converterem essa folha de coca em cocaína em outros países. Está ocorrendo o que passava nos anos 80, soldados maltratam cidadãos que vivem por aí, abusam das jovens, elas são violadas e vivem com medo. Quando alguém vai se mobilizar, te matam. Essa é a lei.

A coca e a agricultura são parte de uma cultura milenar de vocês.

E que nós sempre conservaremos. Pelo helicóptero, o governo trata de fumigar quimicamente a terra para que não volte a produzir. Matam a Mãe Terra (Pacha Mama). Isso dói na alma. Se matam a terra, de que vai viver o camponês? Sem Pacha Mama, sem água, sem semear não há vida. Por isso pedimos que nos escutem, nos ajudem a respeitar nossa terra. Ajudar a cuidar o sangue da terra, que é  a água. Nós, humanos, sem sangue não caminhamos, não é? A terra, sem água, que é seu sangue, não pode sobreviver. Temos de conservar a vida. –joão peres (cc)

la vuelta de lo comunitario

21/07/2009 § Deixe um comentário

Luis Macas ya tuvo sus momentos protagónicos en la escena política ecuatoriana. Más que nada porque lideraba la principal organización indígena del Ecuador cuando del levantamiento que paralizó grande parte del país en junio de 1990. En aquel entonces, los pueblos ancestrales abrieron a codazos -con marchas, huelgas, ocupaciones y muchas propuestas-un espacio habitualmente negado en la sociedad ecuatoriana.

Se puede decir que la historia contemporánea del movimiento indígena en Ecuador se divide en un antes y un después de este levantamiento. Tras las protestas, las organizaciones finalmente pudieron ser escuchadas por el gobierno en sus exigencias; se creó un partido -el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik Nuevo País- para disputar las elecciones en todos los niveles; y se difundieron los valores de la cultura indígena como posibles caminos para el cambio político demandado por los ecuatorianos.

Sin embargo, muy poco salió como se preveía. El país tiene una nueva constitución que contempla muchos de los planteamientos indígenas, pero que todavía no se cumple en la práctica; el Pachakutik cometió errores estratégicos que comprometieron su imagen revolucionaria ante la sociedad; y el racismo sigue siendo una constante en el cotidiano de los ecuatorianos. En esta entrevista, Luis Macas radiografía la lucha de los pueblos ancestrales en Ecuador y critica el presidente Rafael Correa. Para este ex diputado, ex ministro e intelectual kichwa, el movimiento indígena tiene que volver a sus orígenes.

¿Qué es ser indígena en el Ecuador hoy día?

No podríamos hablar sólo de hoy día porque es toda una trayectoria. En el momento actual, el movimiento indígena, por sus mecanismos de lucha y sus acciones, ha cobrado bastante importancia en el Ecuador y para el Ecuador. Obviamente, eso ha costado mucho esfuerzo y mucho trabajo de los pueblos que lucharon no ahora, sino siempre, desde cuando llegaron acá los conquistadores. Todo el régimen colonial fue un hecho sin precedentes en la historia de la humanidad. Se trata de la anulación de una cultura, de la presencia histórica de una identidad. La lucha histórica o el eje de toda la acción del movimiento indígena ha sido el territorio, las tierras. Si hacemos un recuerdo de lo qué fue todo el régimen colonial y ahora, en la época republicana, el eje que ha articulado la organización de los pueblos indígenas es precisamente la lucha por la recuperación de las tierras. Por eso el valor de la lucha por los territorios, que no es solamente la consecución de un espacio geográfico determinado, sino por la sobrevivencia de una cultura, la reproducción cultural e identitaria de estos pueblos. En la historia de América Latina, esta lucha ha sido demasiado cruel. Hay muchos muertos en el camino y mucha acción represiva por parte del estado, en la actualidad todavía. Por ello, en Ecuador, la demanda de los pueblos indígenas es la reconstrucción del estado. La estructura del estado no corresponde realmente a la realidad histórica, cultural y social de nuestros pueblos. Entonces, por ello, desde los inicios de la década de los 90, el planteamiento fundamental de los pueblos indígenas -que a mi manera de ver es cuando el movimiento indígena salta a la escena política¿ es la fundación de un estado plurinacional. Creo que en la actualidad la plurinacionalidad es una demanda de los diferentes sectores sociales que se dan cuenta de que ésta es quizás la apertura para que se pueda instaurar una verdadera democracia, con la participación de los diferentes pueblos, sectores y actores y, obviamente, con el reconocimiento de esta gran diversidad de culturas y civilizaciones. Ésta es la bandera de lucha fundamental de movimiento indígena, que se viene trabajando hace cerca de tres décadas.

¿Usted cree que el Pachakutik y las alianzas equivocadas hicieron con que el movimiento indígena perdiera credibilidad ante la sociedad ecuatoriana?

Creo que sí, obviamente. No hay duda de en la gestión política del movimiento indígena ha habido muchos errores. Errores de alianza, por ejemplo, en el Congreso Nacional, alianzas con la centro-derecha, la centro-izquierda etc. Y eso ha hecho muchísimo daño al Pachakutik y, por ende, al movimiento indígena en general. Y a los movimientos sociales también. Ahora vemos por ejemplo en estas últimas elecciones que la izquierda estuvo totalmente dispersa, con tres o cuatro fuerzas y movimientos políticos participando en los comicios, con una dispersión política e ideológica increíble. Dentro de ese panorama también se veía el Pachakutik. No se ha hecho ningún esfuerzo por converger en algo, en un mínimo común a partir del cual se pueda gestar una unidad con sectores progresistas, de avanzada.

¿La constitución de 2008 atiende a las exigencias del movimiento indígena?

La constitución del 98 tiene algunos avances, incorpora algunas propuestas del movimiento indígena, reconoce la diversidad cultural y lingüística que hay en este país. De igual modo, creo que en el 2008 la constitución tiene muchos avances, pero yo le diría que el texto no es necesariamente resultado de la presencia del movimiento político que dirige en este momento el país, porque la gente estaba movilizada en la Asamblea Constituyente desde los diferentes sectores. Por ejemplo, los derechos de la naturaleza, donde tuvo mucha fuerza la presencia de los ecologistas, los campesinos y los indígenas. Los derechos de los pueblos indígenas, por ejemplo. No hubiese sido por la fuerza que tuvo el movimiento indígena y la movilización que hubo, hubiéramos perdido el simplemente mencionar en la constitución el Ecuador como un estado plurinacional. No había ninguna voluntad política, ni por parte del presidente de la república ni por parte de su movimiento, para el reconocimiento de la plurinacionalidad. La Asamblea para mí es un triunfo del pueblo ecuatoriano. Incluso la constitución contempla la autonomía de los pueblos indígenas, la territorialidad, son conquistas necesarias e importantes, porque dentro de estas subscripciones territoriales hay una autoridad autónoma de los pueblos indígenas, hay una administración de esa autoridad, administración de justicia, la pluralidad jurídica se está discutiendo también, de tal modo que sí hay avances.

¿Cómo usted definiría ideológicamente el movimiento indígena ecuatoriano?

Yo le diría primero que al interior del movimiento indígena hay tres posiciones. Hay una posición de mucha trayectoria, que es una posición consecuente con lo que nuestros antepasados han hecho. Ésa me parece que es una posición, no sé si llamarla de izquierdas, pero es una posición muy firme, entregada, con una presencia muy visible hacia recuperar los derechos no sólo de los pueblos indígenas sino de todos los sectores desprotegidos y vulnerables de este país. Es la posición más fuerte en el movimiento indígena. La otra posición, lastimosamente, siendo parte del movimiento indígena, a veces se cae muy fácilmente en las trampas de la cooptación del estado. No es mayoritaria, pero está en el movimiento indígena. El otro sector, que va con tendencia a desaparecer, es una tendencia heredada de las décadas de los 60 y 70, un poco nacidas de la Antropología, el milenarismo de los pueblos indígenas, con los que muchos llaman de indigenismo, de hacer que el movimiento indígena sea una cosa intocable, que lo indígena es el mundo más perfecto, que está ahí en la vitrina, que no hay que tocarlo. Creo que viene un poco de la misma doctrina de la derecha indigenista, que lo han adoptado incluso los mismos indígenas. Entonces son éstas las fuerzas que existen, pero que en el momento determinado de la lucha, estamos juntos. La lucha en estos últimos tiempos ha sido bastante visible contra el modelo económico. La base principal, fundamental de que haya esta descomposición del tejido social de nuestras comunidades, la descomposición cultural e identitaria de los pueblos, viene por esas formas de vida, por este modelo económico.

¿Cuáles son las principales exigencias del movimiento indígena hoy día?

Todavía dentro del mismo modelo y creo que la situación se va a agravar mucho más todavía. El propósito del gobierno actual es no solamente explotar lo necesario, sino explotar lo que tiene el suelo ecuatoriano. Eso es el exactamente el modelo del mundo capitalista. Lo va a hacer a gran escala, estén viviendo ahí seres humanos, sean indios o campesinos, cualquiera que esté, no le va a importar absolutamente nada. Lo que va a importar es el oro, la plata, el cobre, antes que el ser humano o la naturaleza. Entonces eso hace prever que aquí hay que hacer todos los esfuerzos para que el movimiento indígena y los movimientos sociales recobremos la fuerza de lucha para detener estos objetivos que tiene el gobierno. El movimiento indígena tiene una agenda clarísima, donde dice que luchamos por una transformación profunda, y no solamente trasladar el modelo económico neoliberal hacia un desarrollismo, como lo plantea el actual gobierno. Si no existen transformaciones significativas y la refundación institucional de este país, no hay absolutamente nada. Hasta aquí hemos visto muchas cosas en el discurso, un discurso progresista, pero en la práctica una actuación de concesión para el sector de la banca. ¿Dónde está la reactivación de la agricultura? ¿Dónde está la generación de los alimentos para el pueblo? Frente a eso, de ninguna manera se debe transigir, más bien luchar para que en definitiva el gobierno se encauce por esta tendencia. Ésta es la prioridad ahora. Estamos en esta disputa. Hay que fortalecer nuestras propias fuerzas y rediseñar nuestra agenda propia.

¿El movimiento indígena busca un cambio civilizacional para el Ecuador?

¿Qué es lo que prefiere la humanidad, cuando hablamos de la competitividad, por ejemplo? ¿Y qué es lo que a nosotros los indígenas nos hace pensar cuando se habla de la competitividad? Es una carrera de velocidad en la que el que gana, gana, y el que se queda, se quedó. Ese es el mundo actual. Y nosotros decimos que nos es así la vida. ¿Por qué no pensar un poco más allá de la competitividad, la eficiencia en el sistema capitalista? Pensemos en la complementariedad, que es un pensamiento propio no solamente de los pueblos indígenas sino de cualquier pueblo ancestral, sea en la India, en la China, donde sea. Estos son los principios de la humanidad, que generaron precisamente esta hermandad y esa armonía entre los seres humanos. Estos valores sí son necesarios rescatar, y no diciendo que es porque hacen parte de la civilización tal o determinada de los pueblos indígenas. Creo que hay valores en el mundo occidental que hay que recuperarlos, fortalecerlos, rearticularlos en las comunidades y sociedades indígenas y en todas las sociedades. De tal modo que nosotros no decimos que hay que cambiar esto por esto otro, con los ojos vendados, sino mirando qué es lo que hay ahí, qué es lo que ha generado la humanidad hasta aquí, tanto en una civilización como en la otra, porque no puede ser una encarnizada de luchas étnicas en el mundo. Es una cuestión de entendernos. Primero permitir que esta diversidad se desarrolle y también aceptar que somos diversos. El problema actual es la intolerancia del uno al otro, el desconocimiento. Pienso vivir un momento en que podamos llegar a nuestro propio reconocimiento histórico entre los diferentes pueblos.

¿Ecuador es una sociedad racista?

Bastante, bastante. No quisiera decir que son los mismos mecanismos de hace 30 ó 20 años, obviamente que las cosas van cambiando, pero existe. El presidente de la república nos dice que somos minoría. ¿Qué quiere decir eso? No necesitamos ninguna atención de privilegio, no, somos como cualquier otro ser humano. Dice que los indígenas tiran piedras, no permiten el avance del desarrollo en este país. Yo digo que son actitudes que se manejan desde una concepción bastante colonialista todavía. Está en los mandatarios, los políticos y también en el señor de la tienda de la esquina cuando venga un indígena, por ejemplo. Son cosas que vemos a cada paso, a cada momento, y en cualquiera de los niveles. Entonces sí hay racismo, hay discriminación. Somos culturas subalternas, somos lenguas de una minoría, la lengua nacional es el español y punto.

¿Hay algo parecido -no sé si discriminación o rechazo- desde el indígena hacia el blanco o al mestizo?

Creo que sí. No diríamos que es un caso general en los pueblos indígenas, pero al menos pienso que sí existe una actitud, un comportamiento de los indígenas frente al no indígena. Tal vez con razón o sin razón. Con razón porque la persona que vino a la comunidad, en la misma época colonial, fue un blanco. ¿Y qué hizo en la comunidad? Un poco viene de esa reflexión. No diría que rechazan, más bien tienen temor a la persona que no es propia de la comunidad.

¿Hasta qué punto el sistema capitalista, que no es propio de las culturas indígenas, cambia el comportamiento del indígena?

No es para poco los 520 años de colonización, pero durante este tiempo se han ido dando sincretismos, y también hay la adopción de muchos defectos del mismo sistema. En el mercado, por ejemplo. Es bastante reciente que los pueblos indígenas estamos en este mundo de la dinámica del mercado. Porque antes, cuando yo era pequeño, no se consumía más de lo esencial: la sal, azúcar, una u otra cosa más y punto. Ahora se ha mercantilizado todo, y eso es lo que viene también desde fuera. Incluso la gente dice “si quieres tomarme una foto me pagas tanto”. Entonces yo sí creo que la degeneración de los principios, de los valores de las comunidades es cada vez más fuerte. Y por eso decía que hay que dejar un poquito de lado el Pachakutik, porque también ahí pueden haber las mismas artimañas quizás de un político que pertenece a cualquier otro partido. Hay sí una degeneración, y cada vez con más fuerza. Por eso decía que es necesario regresar hacia recuperar estos valores, que son mucho más humanos y éticos. Nos ha contagiado bastante este mundo de la acumulación. Hay compañeros indígenas que están fuera del país y que sacan bastante del comercio, pero que ya lastimosamente muchos de ellos han perdido el sentido del comunitarismo. –tadeu breda (cc)

>> publicado en terra magazine

índios querem eleger representantes

05/06/2009 § Deixe um comentário

Marcos Terena afirma que proposta de fundar partido indígena é fazer com que as etnias sejam ouvidas, o que não acontece nas legendas tradicionais

Marcos Terena durante audiência pública sobre a implementação da Declaração das Nações Unidas sobre os Povos Indígenas

Marcos Terena durante audiência pública sobre a Declaração das Nações Unidas sobre os povos indígenas

Eleger representantes em oito estados até 2009. Esta foi proposta anunciada pelo articulador dos direitos indígenas Marcos Terena durante a 8ª sessão do Fórum Permanente sobre Assuntos Indígenas da ONU. A intenção é criar um partido até 2012 dando ênfase ao meio ambiente e aos direitos humanos, dois temas que muitas vezes os índios encontram dificuldades em colocar na mesa de discussão das siglas tradicionais.

No próximo ano, com alianças suprapartidárias, as diversas etnias pretendem lançar candidatos a deputado (estadual ou federal) no Distrito Federal, Roraima, Mato Grosso do Sul, Mato Grosso, Rondônia, Acre, Pará e Bahia. Hoje, são 800 mil os indígenas brasileiros (500 mil em aldeias e pelo menos 300 mil em meio urbano), de acordo com estimativas da Fundação Nacional do Índio (Funai) e do Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE).

Marcos Terena adverte que há a necessidade de promover uma mudança na relação dos indígenas com os meios de produção. Para ele, hoje as tribos não querem receber uma indenização por uma obra que vá ocorrer em seu território, mas participar diretamente do empreendimento.

Por isso, o articulador aponta que, ao longo dos próximos meses, a ideia é discutir no âmbito das Nações Unidas o acesso das populações indígenas às novas tecnologias de informação e a necessidade de medidas frente a novas enfermidades geradas pelo avanço do agronegócio.

>> publicado pela rede brasil atual

Como começou a ser gerida a ideia de um partido indígena brasileiro?

A ONU, em 2007, aprovou a Declaração Universal dos Direitos Indígenas, da qual o Brasil é signatário. Mas, na prática, os povos indígenas têm sido cerceados por exemplo no direito à representação política. Mostrei na ONU o exemplo brasileiro, que o único deputado federal que nós tivemos foi em 1982 pelo Rio, o cacique xavante Mario Juruna. Depois dele, nós nunca mais conseguimos eleger nenhum representante na Câmara, nenhum índio nas assembleias legislativas e muito menos no Senado. Então, como está se aproximando o debate sobre as eleições gerais aqui no Brasil, a gente mostrou que a Colômbia, por exemplo, tem senador indígena, deputado, prefeito, a Venezuela e o Equador também. A Bolívia tem ministro de Estado e, no entanto, eles não têm a qualidade étnica que o Brasil tem. São mais de 200 povos no Brasil e não temos nem o direito, nem o convite para debater isso com os partidos. Daí surgiu a ideia de termos um partido indígena nacional que possa abrigar essa demanda indígena e ao mesmo tempo gerar um tipo de moderamento, de discutir o Brasil.

A previsão é de que pelo menos até 2012 tenham candidatos saindo por essa nova legenda?

A gente está tratando isso com muita tranquilidade porque também não é uma emergência, mas sim um objetivo pontual muito claro. Tem muitos indígenas no Brasil que gostariam disso. Há indígenas no PCdoB, no DEM, no PSDB, no PT, mas eles mesmos não conseguem ter sua voz representada dentro dos partidos políticos. É preciso que a gente se organize, nós vamos ampliar essa conversa por todo o Brasil baseado nas experiências desses outros países para que nas próximas eleições a gente lance candidatos, apoie candidatos e estimule que os jovens indígenas tirem o título de eleitor para que possamos ter a quantidade de votos necessários para avançar na eleição de alguns representantes principalmente nos estados em que a população indígena é bem grande ou então naqueles estados que não são preconceituosos ou conservadores em relação ao índio. E aí sim, na sequência, faremos o debate da representação política através de um partido específico. Isso a gente ainda tem que analisar com alguns advogados, alguns indígenas, para que a gente possa realmente mostrar para a sociedade brasileira que o partido indígena não é um partido de aluguel nem que está apenas divergindo da política nacional, mas sim agregando os valores indígenas, o valor ambiental e principalmente da política de direitos humanos.

Como garantir que não vá haver problemas da mesma ordem dos partidos tradicionais?

A questão da representação política eu dou o exemplo de que se a gente fosse fazer um time de futebol. A gente não pode chegar na Fifa e falar “olha, vamos jogar diferente. Em vez de 45 minutos, queremos jogar 30 minutos”. O critério é pré-estabelecido. Há as regras, os critérios, os tribunais regionais eleitorais e o Tribunal Superior Eleitoral onde a gente vai buscar a orientação para que a gente não seja apenas um anexo. O tratamento que foi dado ao longo do tempo para os indígenas foi sempre do coitado, da vítima, do paternalismo. Não é assim. Essa relação, a gente tem que romper com isso. Na questão partidária, a gente vai orientar os pré-candidatos. Uma coisa que eu percebo, aqui em Brasília, é a falta total de cultura, de conhecimento do papel de um deputado federal, de um senador. A pessoa vem para o Congresso apenas por uma conveniência partidária, mas não com o compromisso de ser um grande deputado defensor do povo. Pelo menos nesse aspecto a gente vai procurar mostrar ao indígena que vier representar no Congresso ou em outra câmara que ele tem compromisso social com os brasileiros.

O momento vivido em países vizinhos com o governo de Evo Morales e os movimentos no sul do Peru serve de inspiração e, mais do que isso, como um intercâmbio para aumentar a atividade política dos indígenas?

O Brasil sempre está fora dessas alianças latinoamericanas porque é comum que quem nos representa lá fora seja o Itamaraty ou a Funai. Vou dar um exemplo clássico: há o Banco Interamericano de Desenvolvimento, que tem o Fundo Indígena. Todos os representantes desse fundo são índios, menos o Brasil, que é representado pela Funai.
Na questão partidária, os outros indígenas [de outras nações] não entendem bem porque o índio brasileiro não participa. Existe na Venezuela a sede do chamado “parlamento indígena”, em que estão os deputados e senadores de vários países. O Brasil não participa. Eu às vezes vou lá fazer uma palestra, mas como liderança indígena, e não política. Essas ramificações têm que ser estendidas no Brasil, mas para isso a gente precisa convencer as autoridades, os poderes constituídos brasileiros, de que está chegando a hora de os índios terem voz com toda dignidade, com todo respeito. A democracia do homem branco nunca contemplou os povos indígenas. Inclusive no caso do Brasil a Assembleia Constituinte [1988] é a única do mundo que não teve a representação dos primeiros povos. Mas também a gente não vai ficar lamentando, vamos partir para a construção. Um dos exemplos que eu dei no começo, e que a gente quer debater, é o índio membro de uma trade indígena, de uma câmara de negócios, para que o próprio indígena seja o consultor desses projetos em vez de contratar um antropólogo, um sociólogo – sem desmerecer o trabalho deles, mas há indígenas capacitados para conduzir uma negociação em alto nível. Hoje, os índios não querem mais indenização diante das grandes hidrelétricas, eles querem ser sócios do projeto, querem receber royalties desses empreendimentos. Muita coisa está mudando e às vezes o poder constituído não percebe. E não existe mais aquela coisa de que “ah, é comunista”, como se dizia nos anos 80, ou “ah, é de direita”. Isso não existe para o indígena. Existe a necessidade, a demanda e o compromisso com o Brasil.

Ainda no caso da Bolívia, gostaria de lhe pedir que comentasse dois pontos. O primeiro é a reserva de vagas no Parlamento, prevista na nova Constituição. E o segundo é a formação das nações originárias.

No caso da Bolívia, existe uma questão muito especial. O Evo Morales – nos conhecemos há muitos anos – nunca participou do movimento indígena como caracterizaríamos. A Bolívia teve nos anos 90 um índio aimara que foi vice-presidente do país. No entanto, hoje, os dois não se “bicam”, não há um somatório de esforços para manter a condição… Sempre o poder é uma sedução muito forte e os dois indígenas da mesma nação, aimara, estão se digladiando porque entrou no meio deles a relação partidária. Aqui no Brasil a relação comunitária ainda é muito forte, nem sempre a relação partidária. A gente encontra muitos vereadores – o Brasil conseguiu eleger muitos vereadores indígenas no último ano – que, na hora do diálogo, todo mundo vira índio, não se coloca na mesa falando que é desse ou daquele partido. Na Bolívia, o que a gente tem visto o Evo Morales fazer é, de um lado, fortalecer o partido dele, o MAS e, ao mesmo tempo, tentar uma nova reeleição. Ele fez uma mudança estrutural, mexeu na Constituição nacional e agregou o valor indígena. Então, alguns ministérios bolivianos têm indígenas trabalhando e, claro, o vínculo maior lá é camponês. É uma situação que a gente está observando, inclusive tivemos um debate na ONU, para mostrar que mais importante que a linha partidária é a representação indígena e o exemplo que a Bolívia pode dar para os outros países, inclusive para o Brasil. –joão peres (cc)

teoría y práctica de la revolución

26/05/2009 § 3 Comentários

Raúl Zibechi es autor de Dispersar el poder y Territorios en resistencia

Raúl Zibechi es autor de "Dispersar el poder" y "Territorios en resistencia", entre otros libros sobre movimientos sociales latinoamericanos

Entre 1969 y 1973, Raúl Zibechi fue militante del Frente Estudiantil Revolucionario (FER), agrupación estudiantil vinculada al Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros. Bajo la dictadura militar uruguaya, iniciada en 1973, fue activista en la resistencia al régimen hasta que en 1975 se trasladó a Buenos Aires, para exiliarse una vez más en 1976 luego del golpe militar en Argentina.

Se desplazó a Madrid, España, donde estuvo vinculado durante más de diez años al Movimiento Comunista en tareas de alfabetización de campesinos y en el movimiento antimilitarista contra la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Desde 1986, como periodista e investigador-militante, recorre casi todos los países de América Latina, con especial énfasis en la región andina. Conoce buena parte de los movimientos de la región y colabora en tareas de formación y difusión con movimientos urbanos argentinos, campesinos paraguayos, comunidades indígenas bolivianas, peruanas, mapuche y colombianas. Todo su trabajo teórico está destinado a comprender y defender los procesos organizativos de estos movimientos.

Fue esta actividad viajera que le trajo a Quito a finales de primavera. Le encontré en el medio de una rueda de jóvenes ecuatorianos, discutiendo de igual para igual la necesidad de cambios y los caminos que pueden llevar la sociedad hacia nuevos paradigmas civilizacionales. Con un cuadernito en las manos, apuntaba ideas y sugerencias. Un día después, nos dio esta entrevista.

>> publicado en diagonal

¿Qué es ser revolucionario en América Latina hoy?

Es luchar colectivamente para transformar la sociedad, es ser solidario, ser cuidadoso con el medioambiente, es pensar no en el hoy sino en las generaciones del futuro, es anteponer el colectivo al individual, es anteponer la buena vida –como dicen las constituciones de Bolivia y Ecuador, el sumak kausai– a la acumulación de capital. Básicamente es luchar para que el mundo cambie, algo así como luchar por que la humanidad sobreviva. Hoy la supervivencia de la humanidad está cuestionada, porque el capitalismo ha llevado a la humanidad al borde del precipicio. No estamos cayéndonos todavía, pero en riesgo de caernos. Por eso, aunque suene un poco irónico, ser revolucionario en algún sentido es ser un poquito conservador: hay que conservar la vida de la humanidad y del planeta. Si se acaba la vida en el planeta no hay posibilidad de revolución.

¿Cómo puedes empatar la necesidad de desarrollo de la sociedad con la conservación del planeta?

Eso es una contradicción insalvable a esta altura. Lo que está en cuestión, a mi modo de ver, es el concepto mismo de desarrollo. Tal como lo ha manejado Occidente –o sea, el capitalismo– se ha identificado desarrollo con un crecimiento cuantitativo de las fuerzas productivas, de la cantidad de cosas que se producen y se consumen. Hay otra cultura, que básicamente es la cultura comunitaria indígena, en la que hay una lógica de redistribución. Desarrollo es que todos podamos vivir bien, que todos tengamos lo suficiente para vivir. Yo creo que la humanidad tiene más de lo que necesita para vivir, mucho más de lo que necesita. Lo que pasa es que hay un grado de concentración absurdo y peligroso para el futuro de la humanidad. En un sentido general, de largo plazo, lo fundamental hoy no es producir más, sino distribuir mejor. Para eso, hay que quitarle el poder a los que más consumen y a los que más concentran capital, que es la burguesía y el sistema financiero. Eso supone liquidar el capitalismo. Por la vía del capitalismo la humanidad se destruye. Si queremos conservar la humanidad con vida, hay que salirnos de la esfera capitalista, hay que ensayar nuevas formas de vida. Tenemos experiencia de lo que es vida en pequeñas comunidades, en los asentamientos sin tierra de Brasil, en las comunidades indígenas de Bolivia, pero todavía no tenemos ensayos de cómo sería una vida con espíritu comunitario en grandes ciudades de dos, tres, cinco o diez millones de habitantes. Y no sé si son sustentables. Creo que no.

¿Y cuál sería una organización social alternativa hoy, una vez que la mayoría de las personas están en las ciudades y no está dispuesta a volver al campo?

Creo que para la inmensa mayoría de la población solamente va a haber la necesidad de vivir de otra manera, de dejar de consumir, cuando estén cayendo en el abismo. Quizás ya sea tarde, pero el ser humano en general no reacciona si no está cayendo en el abismo. Entonces, para evitarlo, tendrán que comprender que tienen que cambiar su forma de vivir. Para ello, deberán arrebatarle el capital y el poder a quienes los detentan. Si no lo hacen, van a seguir cayendo. Es un proceso en el cual –siento– el periodo en que estamos ahora es de preparación múltiple para este salto cualitativo. Estamos ensayando nuevas formas de organización, de vida y de poder en pequeños espacios. Y eso ya es bastante. Cuando estemos en el momento de necesidad de frenar la máquina capitalista, habrá que ponerse las pilas para dar este salto en base a todo lo que hemos aprendido en este periodo.

¿Cómo se produce este salto? Hay visiones que dicen que de manera democrática vamos conquistando espacios hasta que se llega a una nueva sociedad…

Sí, se puede intentar por esta vía. Me parece que probar no está mal. Pero la experiencia histórica muestra que, en el momento decisivo, hay algunos señores –que son menos del diez por ciento de la humanidad– que se van a aferrar a sus privilegios y no los van a soltar de buena manera. Eso ya se ha discutido mucho en la izquierda. Entonces habrá que arrebatárselos y arrebatárselos por la fuerza. Para eso, contaremos con dos aliados. Uno de ellos –que está fuera de nuestra voluntad– es la descomposición de la sociedad y del poder estatal y capitalista. En este momento se está asistiendo a un proceso de descomposición, aunque todavía estos sectores tengan mucha fuerza. El segundo y fundamental aliado es nuestra propia fuerza social y política organizada, que será quien tendrá que doblarle la mano en este momento. No creo en un tránsito pacífico. Más allá de la voluntad de los sectores populares, de la clase obrera, de los campesinos y los indígenas, necesariamente va a ser violento. Creo que a todos nos gustaría que fuera pacífico, porque la guerra no nos hace gracia, pero estos señores han demostrado que –como dijo el estadounidense Goldwater en los años sesenta– están dispuestos a que se hunda el planeta antes de perder sus privilegios. Ésta es la lógica de la burguesía.

Hay pensadores que dicen que América Latina ya no tiene las condiciones revolucionarias de otros tiempos. Lo que convendría ahora es ir eliminando el capitalismo poco a poco a través de reformas socialdemócratas…

Yo no comparto esta visión. Comparto la idea de que, si se hacen estas reformas, pueden ser positivas. Si viene un gobierno como el de Evo Morales y nacionaliza el gas o hace reformas políticas y sociales importantes, es positivo. Pero creo que en algún momento la burguesía va a reaccionar violentamente. Capaz que no en Bolivia, porque la oligarquía de Santa Cruz está siendo parcialmente derrotada. Puede ser que en uno u otro país no, pero nosotros en Sudamérica tenemos la mayor burguesía del sur del mundo, la de Brasil, la burguesía paulista. Ellos no van a soltar sus privilegios buenamente. La experiencia de Chile o los sojeros argentinos ya lo ha demostrado. Además, van a ir unos al auxilio de otros. Creo que es posible que en algún país, tal vez en Bolivia, se consiga eliminar el capitalismo a través de reformas. Bolivia está lejos de los EEUU, tiene una burguesía muy débil y focalizada en Santa Cruz etc. Pero Bolivia está rodeada de otros países que van a ir en auxilio. Ahora el presidente Alan García le dio asilo en Perú a Goni [Gonzalo Sánchez de Losada, ex presidente boliviano] y a otros genocidas. Entonces no hay que ver las cosas sólo en un pequeño foco, hay que verlas en un contexto regional y global. Insisto: me gustaría que el cambio pacífico fuera verdad, pero no lo creo.

Ignacio Ramonet en el Foro Social Mundial de 2005 dijo que Hugo Chávez es un líder de nuevo tipo. ¿Los presidentes de la mal llamada “nueva izquierda latinoamericana” pueden ser clasificados como liderazgos de nuevo tipo? ¿El socialismo del siglo XXI representa un cambio efectivo en nuestras sociedades?

El único que se puede decir que es un líder de nuevo tipo en Sudamérica es Evo Morales. ¿Por qué? Porque viene de abajo, de un movimiento popular, cocalero, es heredero de la clase minera, una de las clases obreras más potentes que hubo en América Latina. Los cocaleros son mineros que se fueron a sembrar coca tras el cierre de las minas. Pero aún así tengo dudas con Evo. Me parece que Chávez y Correa, como presidentes, son de la vieja clase política o, en todo caso, algo intermedio. Y creo que la mayoría de los gobiernos progresistas o de izquierdas en Latinoamérica tiene muy poco de izquierda y muy poco de progresistas. De hecho me parece que están haciendo planes sociales a los sectores populares para aplacarlos y permitir que siga la minería, siga la soja, sigan los transgénicos, o sea, permitir que el nuevo ciclo de acumulación capitalista se relance. Creo que estamos en este proceso.

¿Estos presidentes siguen la senda del neoliberalismo o en alguna medida son antineoliberales, aun no siendo de izquierdas?

Hay dos tipos de gobiernos en América Latina, que respectan a dos tipos de procesos. Identifico uno de los procesos en el que las fuerzas políticas llegaron al gobierno en un plan de estabilidad. Eso se ha dado en Brasil, Chile y Uruguay, básicamente, en donde no ha habido grandes luchas sociales. Ahí hay una continuidad total con el modelo neoliberal. La otra genealogía se dio adonde el sistema político ha colapsado o ha tenido graves problemas, o sea, en Venezuela, Ecuador y Bolivia. Ahí los viejos partidos han desaparecido, ahí no ha habido estabilidad, pero un fuerte proceso de luchas. En estos países vemos un intento –no consecuente– de ir más allá del neoliberalismo, por supuesto no de romper con el capitalismo. Pero para romper con el neoliberalismo, hay que impedir la minería a cielo abierto, hay que impedir la soja, la palma africana y todo lo que es el eje de la acumulación de capital hoy. Y también cercenar el sistema financiero, que es uno de los pilares del neoliberalismo. Eso está en condiciones de hacerse en estos países, porque las derechas han sido bastante desplazadas de los gobiernos. Pero yo no veo una línea suficientemente clara para avanzar en esta ruptura.

¿Cuál debe ser el esfuerzo de las organizaciones de izquierdas y populares en estos tipos de gobiernos y circunstancias concretas?

Para mí, en este momento, presionar por más: por más democracia, por más educación, por más salud. O ejercerlas. Hay dos lógicas que no son contradictorias. Exigir más pero a su vez, donde hay posibilidad de ejercer un derecho, tomarlo en sus manos y llevarlo adelante. Un ejemplo es el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil, que no sólo exige reforma agraria sino que toma tierras. Lo hace desde abajo. Y así en todos los terrenos se lo puede hacer, en salud, educación, en cualquier terreno se puede hacer lo que hacen los sin tierra. Y de hecho lo hacen los indígenas, los campesinos, los jóvenes en las ciudades: tomar espacios. Ésta también es una forma de presión. Creo que eso es fundamental, porque si no hay presión desde abajo, no va a haber cambio.

¿Entonces sí es mejor para los movimientos sociales que hayan gobiernos que en algo han desandado del camino neoliberal?

Por un lado, es un escenario mejor. Hay nuevos temas a debate, hay una nueva relación de fuerzas, porque hay muchos casos como el de Brasil: pese a que Lula es un neoliberal, no hay la represión que hubo en los 90 o mientras estuvo Fernando Henrique Cardoso. Hay más democracia, más posibilidad de hablar, de expresarse. No en todos los países, porque en Chile, por ejemplo, no diría que es un escenario mejor. Pero, en general sí. Mira lo que está pasando en Perú, con el levantamiento de los indígenas amazónicos, que hay mucha represión y un estado de sitio muy fuerte. Por otro lado, hay una tendencia a la cooptación de los movimientos, a su neutralización, con mucho dinero y muchos planos sociales. Y eso tiende a neutralizarlos. Entonces, es un escenario que tiene espacios a favor –yo prefiero que no vuelva la derecha– pero también es contradictorio porque estos gobiernos no sólo dan planes sociales, bonos, sino que además se apropiaron del discurso de la izquierda. En algunos sectores genera una fuerte confusión.

¿Estos gobiernos son parte de un cambio, un momento de transición?

No los gobiernos. Si nosotros miramos sólo a los gobiernos, estamos viendo una pequeña parte de la realidad. Creo que tenemos que mirar a las sociedades. Estos gobiernos son producto que desde los años 90 en adelante, casi 20 años, la gente ha luchado, ha salido a la calle, ha hecho levantamientos, ha hecho insurrecciones, la gente ha peleado. Es un fruto de esta lucha la deslegitimación de las derechas y del modelo neoliberal. Lo que hay hoy todavía no es lo que queremos, pero es mejor de lo que había. Si uno mira la realidad social es cuando digo: estamos mejor. Estos gobiernos, en parte, son fruto de la lucha popular, no porque la lucha popular directamente quisiera estos gobiernos –salvo el de Bolivia, que sí la gente quería que llegara alguien como Evo–. No es que la gente haya luchado para que llegara Lula al poder. Esto fue una consecuencia de la lucha, pero la gente no se conforma con eso. Al mirar todo el conjunto latinoamericano, vemos que las sociedades ya no están de rodillas como en los 90, ya no están reprimidas o agobiadas. Están un poquito más levantadas, más erguidas.

Correa tuvo apoyo de una parte de la izquierda y la otra parte está en la oposición. Pero mismo la izquierda que está en el gobierno al mismo tiempo le ha estado confrontando en algunos casos. ¿Crees que la izquierda ecuatoriana puede crecer en este escenario?

En Ecuador hay una situación bastante excepcional en Sudamérica. Es el único país que tiene un gobierno que se reclama claramente de izquierda y revolucionario y que, a su vez, tiene un movimiento social que lucha. Eso no pasa en ningún otro país. Acá tenemos un gobierno que se dice de la revolución ciudadana y movimientos que luchan en contra de la minería, por el agua, por cuestiones salariales, en fin, con una clara línea de confrontación. Eso me hace ser optimista, porque me parece que la vanguardia social y política –la gente más esclarecida y dispuesta a luchar– está menos confundida, tiene bastante claro que hay cosas que no se puede dejar pasar. Desde el 20 de enero, cuando se dio la lucha contra la minería, hasta hoy eso se ha ido consolidando. He visto que la gente organizada –en grupos, movimientos, partidos y sindicatos– tiene bastante claro que la victoria de Correa no quiere decir que se haya terminado la lucha, ni mucho menos. Eso me hace pensar que en Ecuador todavía hay espacios, ganas y voluntad de ir a más.

¿Cuál es la nueva utopía, si es que se puede hablar en una?

Es la nueva y la vieja juntas. La utopía de siempre, las ideas de igualdad, libertad y fraternidad, me parecen que no tienen nada de malo. La utopía de una sociedad sin estado, sin dominadores y dominados, sin explotadores y explotados, sin opresores y oprimidos. Ésta es la utopía. Desde el momento que hay opresores y explotadores, ellos necesitan del estado para mantener a la gente en la situación de humillación y dependencia. Entonces, no sabemos –porque no hay experiencia histórica aún– cómo va a ser este proceso. Pero la humanidad en los últimos cien años ha ido avanzando en algunas direcciones, ya sabe que hay cosas que no debe repetir. Por ejemplo, que no se debe crear una gran burocracia, porque ésta se acaba volviendo en contra de la gente. Entonces sí se han aprendido muchas cosas y creo que se van a aprender muchas más.

Sobre la justicia indígena. En Ecuador ha habido muchos linchamientos contra gente que comete pequeños robos en las comunidades, sobre todo de artículos de consumo, como televisores y radios. ¿Hasta qué punto la cosmovisión indígena está plagada de capitalismo?

Yo defiendo la justicia campesina, la justicia indígena. Evidentemente no es perfecta, pero me parece que se acerca más al tipo de justicia que queremos que la justicia burocrática impartida por el estado. Creo que la cosmovisión campesina, la cosmovisión andina puede ayudarnos a resolver algunas crisis de la humanidad, de la civilización occidental, más que el pensamiento socialista, que vivió en otra época y no estuvo confrontado, por ejemplo, a la crisis ambiental, a la crisis del desarrollo o a estos problemas que estamos viviendo en los últimos 30 años. Para la crisis ambiental, yo encuentro que los indígenas tienen más respuestas que la clase obrera tradicional.

Yo a lo que voy es que, bueno, me parece muy bien que haya justicia indígena y que se respete sus tradicionales ancestrales. Pero “juristas indígenas” dicen que los linchamientos no hacen parte de la justicia indígena, que eso es otra cosa.

Es venganza, claro. Mira, no hay ningún sector social, ni indígena, ni obrero, que ya esté perfectamente preparado. Los obreros, el campesinado y los indígenas tienen mucho qué aprender. Todos hemos interiorizado vicios del sistema y todos –desde el más revolucionario– estamos atravesados de la cultura y del mercado capitalista. Cuando decimos que hay que liberarnos del capitalismo, eso quiere decir que tenemos que liberarnos de una parte de nosotros mismos, porque nosotros estamos contribuyendo a la acumulación de capital cuando hacemos una llamada por celular, por ejemplo. Nadie está libre del capitalismo. Por eso, no tenemos que liberarnos apenas de las clases dominantes, sino también de la parte del capitalismo que hemos interiorizado. –tadeu breda y franklin falconí (cc)

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